Estos días nos despertamos con noticias como las siguientes. Ejemplo: el Primer Ministro británico decide realizar una intervención militar en Siria porque considera probado que el régimen de Bachar el Asad ha atacado con armas químicas a su población. Sin embargo, el Parlamento británico, tras “un dilatado e intenso debate”, rechazó la intervención militar con el voto, no solo de los parlamentarios laboristas, sino también con el de 30 miembros del partido político del Primer Ministro. Cameron incluso tuvo que escuchar duras críticas de alguno de sus propios diputados, como lord Hurd (antiguo secretario del Foreign Office) que afirmó que no veía “cómo lanzar unos misiles en dirección a Siria va a reducir el sufrimiento de la población”. Segundo ejemplo: Obama decide atacar Siria pero lo somete a la votación de un Congreso “impredecible

Al margen de si consideramos que está o no justificada una intervención militar en Siria, resulta envidiable el funcionamiento parlamentario anglosajón.

EEUU y Gran Bretaña tienen dos modelos casi opuestos, cada uno con sus luces y sus sombras. Aunque parezca exagerado nosotros nos hemos colocado en un sistema intermedio que suma los vicios de ambos modelos pero minimiza sus virtudes. El modelo británico, como el nuestro, es parlamentario y la estabilidad del Primer Ministro depende de la confianza del Parlamento. Existe disciplina de voto para garantizar la estabilidad del Ejecutivo; circunstancia que es deseable ya que los ciudadanos también queremos Gobiernos eficaces que puedan llevar a cabo su programa. De hecho, los británicos son los inventores del whip (por el látigo que se utilizaba para evitar que los perros de caza se dispersaran del grupo), referido al miembro del partido encargado de recordar el sentido de su voto a los diputados. Pero claro, hay excepciones. En aquellos asuntos de especial sensibilidad social y política, se otorga a los diputados la libertad de votar en conciencia. Fue el caso del ingreso en la Unión Europea, el aborto, los derechos de los homosexuales, la investigación con células madre…

Los EEUU son un modelo de Estado presidencialista, en el que el Presidente recibe la confianza del pueblo y, por tanto, su estabilidad y la de su Gobierno no dependen del Parlamento. Los parlamentarios responden frente a los ciudadanos que los eligen y los partidos no tienen fuerza para imponerles su criterio, por lo que votan en libertad. El Parlamento ejerce un potente control sobre la acción del Gobierno. Sin embargo, frente a la partitocracia o dictadura de los partidos de los sistemas parlamentarios, en los EEUU se ha instalado la lobbycracia, es decir, el poder de los grupos de influencia de los que diputados y senadores dependen para financiar sus costosas campañas. Esto explica en parte que todo un Presidente como Obama no sea capaz de sacar adelante, por ejemplo, su plan de restricción de la venta de armas.

España tiene un sistema parlamentario análogo al británico y, por tanto, la estabilidad del Gobierno depende de la confianza del Congreso, por lo que existe la disciplina de voto, sin la que sería imposible realizar un programa de gobierno. Sin embargo, nuestra práctica nos aproxima al modelo presidencialista americano, en cuanto elegimos no tanto a los diputados o senadores sino al Presidente del Gobierno y los candidatos a parlamentarios quedan en muy segundo plano durante las elecciones. Constituidas las Cámaras los parlamentarios continúan en el más absoluto anonimato.

Por otro lado, en España, que yo sepa, ni siquiera en las decisiones de mayor sensibilidad social se ha concedido a los parlamentarios la posibilidad de votar en conciencia. Es sabido que en su día había parlamentarios del PP contrarios a la intervención militar de Irak, que solo en círculos privados se atrevían a comentarlo. Fue pública la discrepancia de significados socialistas con la reforma del Estatuto de Cataluña de 2006, discrepancia que, sin embargo, no se reflejó en una ruptura de la férrea disciplina de partido. Todos votaron como si de un hombre se tratara. Con este funcionamiento, obviamente surge la cuestión de ¿para qué pagarle el sueldo a 350 diputados y 266 senadores? Si siempre actúan como un hombre y no se otorga libertad de voto ni siquiera en las grandes decisiones para las que precisamente fue creado el parlamentarismo, ¿no bastaría con pagar el sueldo del líder de cada partido, dándole un derecho de voto parlamentario proporcional a los escaños que hubiera obtenido en las elecciones? Tendríamos un Parlamento en el que estarían Rajoy, cuyo voto valdría 170 puntos; Rubalcaba, con 96; Cayo Lara, con 11; y así sucesivamente. Sería un Parlamento mucho más barato y que reflejaría con más fidelidad la realidad de su funcionamiento.

Ciertamente los Sres. Diputados y Senadores hacen otros trabajos además de votar. Están distribuidos en Comisiones en las que se estudian las distintas iniciativas legales y se sigue y controla la acción del Gobierno. Pero, no nos engañemos, la inmensa mayoría de los textos legales llegan muy trabajados desde el Gobierno; y el papel del Parlamento es, la mayoría de las veces, de puro refrendo. Además, hoy en día el verdadero control de la acción del Gobierno es el que llevan a cabo los medios de comunicación y los tribunales.

No podemos olvidar que los modernos Parlamentos surgen como resultado de una ideología que considera que el poder/soberanía reside en el pueblo y que este lo ejerce a través de representantes. En la primera fase del parlamentarismo, estos representantes debían estar dotados de ciertas condiciones –conocimiento, y también de propiedades, todo hay que decirlo- que les hicieran, en principio, aptos para identificar lo que se suponía que eran los “intereses de la nación”. Eran Parlamentos integrados por “notables”, que tenían una considerable dosis de autonomía en su actuación (eran frecuentes los cambios de formación y gozaban de plena libertad de voto). Posteriormente, la situación cambió. La teoría política nos dice que, con la universalización del derecho de sufragio, nacen los partidos de masas que empiezan a imponer su disciplina. El individuo/candidato pierde importancia frente al partido/marca. Al mismo tiempo, los debates parlamentarios pierden interés en cuanto el resultado depende exclusivamente de la matemática electoral y no del poder de persuasión.

Y, sin embargo, en las escuelas de Derecho se sigue enseñando que el principal rasgo de los Parlamentos es su carácter “deliberante”. Y la RAE define deliberar como “considerar y atenta y detenidamente el pro y el contra de nuestras decisiones antes de adoptarlas, y la razón o la sinrazón de los votos que se nos piden antes de emitirlos”. Obviamente poco o nada de esto hay en Cámaras en las que sus miembros votan lo que les dice el líder del partido, como si fuera verdad revelada.

Entiendo que en los asuntos de gobierno sea necesaria una disciplina de voto que permita al Presidente llevar a cabo el programa con el que ganó unas elecciones. Pero ¿qué ocurre en aquellos asuntos de verdadero calado que remueven las conciencias de la gente y de los diputados y que contribuyen a configurar nuestra sociedad a largo plazo? ¿Por qué aquí no se puede permitir a los diputados que voten en conciencia? Para que un Parlamento fuera realmente deliberante y para que tuviera verdadero interés lo que en él se debatiera, en tales asuntos, la primera exigencia debería ser que los Diputados fueran a las sesiones a escuchar argumentos y que estuvieran abiertos a la posibilidad de que lo que escuchen les convenza y les haga cambiar esa opinión previa que todos nos formamos inicialmente. Si no todo es un ridículo teatro, cada vez más grotesco a ojos de una ciudadanía perpleja. Discursos vacíos en busca del titular, diálogos de sordos con un resultado perfectamente previsible.

Volviendo al Parlamento británico y al debate sobre la intervención militar en Siria, sorprende oír en las crónicas parlamentarias que los diputados, ya fueran laboristas, tories o liberales, acudieron a la Cámara sin su voto decidido y para escuchar los argumentos de Cameron y las pruebas que presentaba del ataque con armas químicas a la población. Un debate rico e interesante, de resultado incierto. Durante ocho horas se escucharon argumentos y se examinaron pruebas. Supongo que después cada cual votó lo que en conciencia decidió tras una verdadera sesión deliberante.

Si queremos una auténtica democracia, es imprescindible recuperar el espíritu del Parlamento como su santuario. En el “no nos representan” y en el intento de creación por el 15m de un sistema “asambleario” que sustituyera al actual parlamentarismo, subyace un justificado descontento por el funcionamiento de nuestras Cámaras de representación.

En otro artículo de este blog ya examinamos cómo serían necesarios partidos políticos mucho más permeables y abiertos a la sociedad (que podrían empezar por organizar primarias en serio). Pero para que la cosa mejore es necesario que nos sintamos representados, que nos identifiquemos de algún modo con nuestros representantes ¿Alguien conoce a los diputados y senadores a los que vota? Me gustarían Parlamentos menos numerosos pero de gente mucho más significativa. Con candidatos conocidos para los votantes o que se preocupen por hacerse conocer (¿por qué no empezamos por hacer público el currículum de todos los candidatos?). Partidos políticos en los que no sea pecado de lesa humanidad discrepar con el líder y manifestar esa discrepancia. Para tener algo así son imprescindibles las listas abiertas. Yo quiero poder decidir a quien voto e igual, en función de los candidatos, decido votar a algunos de un partido y a otros del contrario. Ciertamente en sociedades infantilizadas, las listas abiertas o tienen poca incidencia o son el caldo de cultivo de candidatos populistas. Pero eso ya depende de nosotros… Y, ¿no se trataba de eso?

6 comentarios

6 Respuestas a “PARLAMENTO ¿PARA QUÉ TE QUEREMOS?”

  1. Manu Oquendo dice:

    Las democracias representativas actuales de occidente se dividen en “Anglo” y “Continentales”.

    El artículo de Isaac describe muy bien sus diferencias formales y todos percibimos los mantras que tratan de grabar a fuego la idea de que son “el mejor sistema de gobierno posible” a pesar de que están en claro proceso de obsolescencia por varios motivos.

    El primero de ellos porque –tras un par de cientos de años en el caso anglo y unas escasas décadas en el resto– son sistemas que están en proceso degenerativo irreversible.
    Son incontables los académicos de primer nivel que lo vienen advirtiendo y la causa, una de ellas, está en el secuestro de voluntades e irremediables defectos en representatividad y una disminución constante de libertades de todo tipo. Realmente –excepto las sexuales y las drogas ilegales– todas las libertades restantes están en regresión sistémica.

    Además cualquier instancia supranacional –de infinitesimal legitimidad representativa como la UE– tiene más poder que uno de los parlamentos repletos por otra parte de “apoderados” irrelevantes y capturados por poderes reales autónomos. Es decir quienes se centran en el poder real y se dejan de zarandajas. A ambos lados del Atlántico.

    El segundo motivo es que hace mucho que se enfrentan a la re-distribución de desigualdad y miseria creciente por causas que están directamente relacionadas con el propio entramado institucional y de intereses que ha generado los entornos constitucionales y legales correspondientes.

    En el caso extremo –pero en absoluto excepcional– estamos nosotros con un constitucionalista como Pedro de Vega escribiendo ya en 1985 que “El constituido (los partidos electos) ha secuestrado al constituyente (el supuesto soberano, nosotros)”. Desde entonces se comprueba cada día.

    En diferentes ocasiones ha recomendado el opúsculo del 2012 de Luigi Ferrajoli (Poderes Salvajes, Ed. Trotta) que ofrece un lúcido y perfectamente reconocible resumen.

    Pero es que si analizamos el tantas veces exaltado modelo “Anglo” cuyo paradigma es USA, vemos que sus “Founding Fathers” (nada menos que 129) eran en su más abrumadora totalidad las cabezas más acaudaladas y educadas de aquella colonia británica.
    A nadie debe sorprender ni su esquema de valores, ni sus políticas, ni su creciente desigualdad en un entorno hegemónico basado en el uso del poder globalizador.

    Tanto lo que emerge de la revolución USA como de la Francesa, son esquemas que realmente defienden prioritariamente los intereses de élites extractivas (variantes del concepto de burguesía aristocrática) que en un caso se separan de la Metrópoli para eventualmente sustituirla y en el otro eliminan a los estamentos del viejo régimen para dar paso a modelos con mucha mayor concentración de poder e irrelevancia del ciudadano de base..
    En ambos casos con enorme dependencia de una de las bases del poder: El militar.

    El crecimiento colonial europeo, las grandes guerras que hoy son menores pero constantes y azuzadas por los mismos actores arrancan de aquellos procesos y hoy pugnan por mantener la hegemonía global mientras resulta imparable el horizonte negro de sus poblaciones en este entorno de poder.

    En todo este debate quizás debiéramos estudiar más el poder (el objeto real de los procesos electorales es ese, quién lo detentará) y menos el proceso formal.

    Es decir, ¿por qué tiene el estado hoy más poder que nunca y nosotros ninguno en una asimetría que desafía el sentido común?
    ¿Por qué?

    Este debate y el de la calidad de decisiones esperable de un proceso estricto de sufragio universal están ausentes de la sociedad y no creo que sea por azar. Es un debate que, intuyo, sólo puede resolverse con restricciones al poder de ambos mecanismos y mucha mayor responsabilidad y libertad personales.

    En cualquier caso vivimos en sistemas viejos, obsoletos, de rendimientos decrecientes y que ya toca renovar estructuralmente. La solución en ningún caso puede ser más de lo mismo.
    ¿O será que sólo podemos esperar la infantilización progresiva y el pastoreo?

    Saludos

  2. José María Bravo dice:

    Estimado Manu; exhaustiva reflexión que, creo yo, da ocasión a que lo que Bautista defiende, en relación a la libertad y responsabilidad individual, encuentre eco. Pero que de lugar a profundizar en el cuestionamiento de la Democracia misma como sistema politico caduco.

    Yo creo que esta generación, todos nosotros, tenemos que hablar otro lenguaje. Buscar y presentar proyectos de sistemas alternativos.

    1. Manu Oquendo dice:

      Hola, José Mª.

      Es cierto lo que dices.

      Además hay que hacerlo cuestionando de raíz muchas cosas que hemos tomado como dogmas de fe y buscando alternativas.

      Insisto en la comprensión del Poder (su naturaleza) y en la imperiosa necesidad de establecer límites –significativos y constituyentes– a su acción.
      Porque es bastante evidente que sus rendimientos decrecientes y las cada vez mayores restricciones a nuestra libertad de elegir y actuar son hijas de la elefantiasis adquirida por el monstruo.

      Hasta tal punto que sus beneficios (que indudablemente los tiene) se están perdiendo aceleradamente. El sistema prefiere perderlos (que los perdamos) antes de ceder un ápice de poder y tamaño.

      Saludos

  3. Isi dice:

    Alguien dijo: “Si el hombre no es capaz de gobernarse a si mismo, ¿cómo puede gobernar a los demás? Y, si sabe gobernarse, ¿para qué necesita que le gobiernen?”. Una cita que hace reflexionar un poquito al hilo del título de su artículo: “Parlamento, para qué te queremos”

    Señor Salama, al margen de si es mejor el sistema democrático anglosajón o el nuestro, el hecho de que en un parlamento unos pocos elegidos debatan, lo decidan o no, declarar la guerra a un país –llamemosle intervención militar si gusta más- ya es un signo claro de que la democracia no funciona.

    Elegimos a nuestros gobernantes y ellos se erigen en nuestros guías materiales y espirituales. Nos dicen qué está bien y qué está mal, que grado de libertad y derecho es el más adecuado a nuestra situación, cuando estamos en guerra y cuando firmar la paz. Pastorean nuestras vidas, nuestros destinos y nuestras conciencias como si de un rebaño de ovejas se tratase. Aquí, en los Estados Unidos de América y en la Gran Bretaña.

    Un saludo.

  4. Inés dice:

    Me alegra que saque el tema de la “intervención” en Siria, lamentando a la vez que lo haga “al margen…..”
    Entiendo su postura claramente expuesta de admiración a un parlamento que según usted funciona, porque es capaz de revocar proposiciones unilaterales del presidente. Decir no, donde él había prometido sí.
    Sin embargo, agua de borrajas, Señor Salama, después de ésto, en petit comité hay una carta firmada por los presidentes aliados del gran “Alá-iado” y defensor del mundo, en donde se comprometen a apoyar -con o sin- la aprobación de nadie más, las intervenciones que les parezcan convenientes en pos de los “avisos” a los asesinos que les parezcan convenientes. Enfín para que enrrollarme, lo cierto es que tomándose la justicia por su mano, por la mano de los que firman a espaldas no sólo de su pueblo sino de su parlamento, y además, en el caso de muchos de ellos, como de nuestro presidente, sin importarle un comino ni las consecuencias de su firma para los sirios y menos aún para su propio pueblo, pues redactan una cartita y se van tan felices a sus paises, que ya tendrán tiempo de contarle al resto lo que hicieron democráticamente,
    Así es que, como usted, yo tampoco discuto ni hablo de si sí o si no meterse allí, porque la verdad con mayúsculas es que al mundo autodenominado primero, le importa un comino que ya haya habido miles de muertos ( ah,! pero no de armas químicas, parece que las otras, siguen subiendo el PIB de los paises -como el nuestro- que las fabrican) ni tampoco le importan a nadie los millones de refugiados atrapados en tierra de nadie sin saber dónde ir ( bueno, si que importan porque se han destinado millones de euros de ayuda humanitaria por parte de esos mismos aliados que la quieren liar)
    Ya ve, el pensamiento, algunas veces puede ser complejo y son temas tan difíciles para los que no hayamos solución! oh Dios!, y las democracias ya no son lo que eran! y nos sorprendemos de catástrofes que ocurrieron a la vuelta de la esquina….
    Y no os da la gana de mirar las que ocurren ahora y ocurrirán este invierno, a pesar de haberlas estado viendo toda nuestra existencia.

    ¿Y el sentido común sin tanto pensamiento adulterado? ¿donde está?, ¿quién es quien sigue fabricando armas, químicas, físicas y psíquicas sabiendo perfectamente cuales serán sus clientes y si es o no es un negocio rentable?
    ¿quienes compran acciones de participación en esas empresas? ¿cómo pueden ser tan hipócritas con los votos, el parlamento, con si unas leyes hacen más o menos demócratas a los pueblos, si todo está por encima de cualquier interés por salvar las vidas de los que sin quererlo se ven envueltas en los conflictos?
    ¿cómo puede alguien poner como ejemplo de mente consciente y libre pensadora a cualquier líder político contemporáneo que por el otro lado está causando muerte y pobreza no muy lejos de donde da sus discursos?
    ¿Y la ley a la que usted pertenece? cómo no se pone en guerra con el otro poder, ?
    Porque ustedes pueden, pueden negarse a dictar sentencias injustas, pueden unirse en que las leyes de los tribunales internacionales persigan a asesinos en serie.. de miles. Pueden pedirnos ayuda al resto para que les ayudemos a que las pocas leyes justas que aún están vigentes se cumplan ¿verdad? o me equivoco mucho.

  5. Colapso2015 dice:

    Estimado funcionario señor Isaac, le recomiendo refine su forma de pensar pues parece vivir en un quiero y tengo miedo.

    Por una parte desea la libertad de voto por otra tiene miedo al populismo, quiere representatividad y por otra pide LISTAS de partido (abiertas cerradas o primarias que mas da), pide libertad política y el miedo le lleva a pedir el currículo como si esto fuera el gobierno de la sociedad doméstica.
    Cuando leía el texto me he percatado vive usted en una contradicción entre lo que usted considera deseable y cree seguro, lo cual le lleva a una argumentación carente de toda coherencia.
    Lo seguro es lo dictado, lo impuesto, necesariamente lo seguro es lo totalitario. Lo deseable, lo cual usted resume con “democracia” es por definición de la propia muestra imprevisible; o debería si existe libertad de pensamiento (cosa no sucede en España).

    Presumo usted no desea lo totalitario, luego dejemos de lado sus miedos.
    ¿Qué es la democracia? Una forma de gobierno
    ¿Cómo se articula el Estado? República.
    ¿Quien es el representado? El ciudadano.
    ¿Cómo se ejerce la voluntad ciudadana? Con el voto secreto y la acción civil.

    Con esta muestra objetivo definida parece claro, lo que realmente necesitamos es un sistema haga honor a su nombre. Un sistema impersonal e imperativo de poder del ciudadano.
    Si le llamamos democracia, el poder siempre debe estar en los ciudadanos, por lo tanto el voto debe ser imperativo. Si queremos sea representativo deben ser los propios ciudadanos quien se elijan a si mismos, o sea, elección por distrito a mayoría del representante. Si queremos el poder siga, sin miedo, en la ciudadanía debe existir separación de poderes, esto es, elección para el ejecutivo, elección para el legislativo, y, en judicial ciertamente no lo tengo claro, posiblemente meritocrático (el currículo usted cita), con elección del vigía del correcto desarrollo del orden común, parte fiscal. Siga usted sin miedo,…

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