¿Se puede hacer algo con la desigualdad?

Cuando, en los años 70 y 80, el pulso entre el modelo comunista y el capitalista (hoy llamado de economía de mercado) estimulaba el debate sobre las virtudes y defectos de cada uno de ellos, se decía que, si bien una gran desigualdad entre ricos y pobres era consustancial al capitalismo, su eficacia creando riqueza permitía confiar en que, aunque los ricos siguieran incrementando la suya, la mayoría de los ciudadanos también la iban a aumentar y, en consecuencia, todos se beneficiarían.

La intuición decía que el modelo capitalista implicaba que “para que unos ganasen, necesariamente otros (la mayoría) tenían que perder”.

Esta tesis podía parecer convincente dentro del mundo desarrollado, pero no cuando se extrapolaba al conjunto mundial. La intuición decía que el modelo capitalista implicaba que “para que unos ganasen, necesariamente otros (la mayoría) tenían que perder”. Naturalmente, esto estaba lleno de matices. Así, por ejemplo, para unos perder significaba no aumentar sus ingresos en la cuantía que consideraban necesario y, para otros, que esos ingresos, simple y llanamente, disminuyeran. Pero, en cualquier caso, lo que se discutía era si el capitalismo sería capaz de conseguir que la mayoría de los habitantes de este mundo pudiesen acercarse algún día al nivel de vida de los países ricos, sin que los de estos países vieran perjudicada su expectativa de seguir mejorando el suyo.

Visto desde la perspectiva actual, no cabe duda de que el capitalismo ha sido muy eficaz creando riqueza. Según el Banco Mundial, el crecimiento del PIB mundial en los últimos 35 años ha sido espectacular, al pasar de 11,4 Billones de dólares (B$), en 1981, a más de 80 B$, en 2017. Y ¿qué ha pasado mientras tanto con la pobreza? Según la OCDE, “en comparación con 1981, en todo el mundo hay alrededor de 650 millones de personas menos en condiciones de pobreza extrema –es decir, con un ingreso máximo de 1.25 dólares al día–, aun cuando a lo largo de ese mismo periodo la población mundial aumentó en cerca de 2000 millones de personas.

Por tanto, ese aumento de riqueza ha servido, entre otras cosas, para que la pobreza extrema se redujese sustancialmente. Pero, ¿cómo se ha distribuido la tarta? ¿Qué efecto ha tenido sobre la desigualdad? Veamos lo que dice el “Informe sobre la Desigualdad Global 2018”, elaborado por el World Inequality Lab, con la participación de expertos de primera fila.

Si en el futuro se mantuvieran sin cambios las condiciones actuales, según estos expertos la desigualdad a escala mundial continuaría creciendo.

Según ellos, a nivel mundial, la desigualdad de ingresos “ha crecido agudamente desde 1980”. Y, si bien la mitad más pobre de la población ha experimentado un incremento significativo en sus ingresos gracias a las altas tasas de crecimiento en Asia (sobre todo, en China e India), “sin embargo, debido a la elevada y creciente desigualdad entre países, el 1% de individuos con mayores ingresos en el mundo recibió una proporción dos veces más grande del crecimiento que el 50% de menores ingresos desde 1980”. Paralelamente, la clase media (que constituye el 90% de la población de la Unión Europea y Estados Unidos, según este informe) se redujo. Si en el futuro se mantuvieran sin cambios las condiciones actuales, según estos expertos la desigualdad a escala mundial continuaría creciendo.

Si la desigualdad sigue creciendo, a base de ir reduciendo la capacidad adquisitiva de la clase media, teniendo en cuenta que esta es la que más consume y más contribuye fiscalmente, el impacto en la economía general será claramente negativo. Por tanto, en modo alguno es un problema que afecte exclusivamente a los que resulten directamente perjudicados, sino que es algo que se puede llevar por delante la economía de los países más desarrollados.

Sabemos, por la experiencia en los países desarrollados, que mientras el grueso de la sociedad disfrute de un cierto nivel de confort, la desigualdad es asumible. El problema surge cuando ese confort se deteriora sustancialmente y, sobre todo, si hay pocas expectativas de recuperar la tendencia positiva. Actualmente, esas expectativas son pesimistas, entre otros motivos, por el avance de las tecnologías y la robotización, y por la globalización. Las consecuencias políticas más directas son evidentes: aumento del malestar social, desconfianza en las instituciones y en la clase política tradicional y emergencia de los populismos anti sistema. De ello ya hemos hablado en este blog.

Sin embargo, en este aspecto, como en tantos otros, el futuro no está escrito y los gobiernos nacionales tienen margen para tomar medidas que podrían revertir, en cierta medida, esa tendencia. En el caso de España, y por poner un ejemplo, es necesario actuar sobre el mercado laboral, regulándolo adecuadamente. Tenemos un mercado laboral que, desde los años 80, nos condena a unos niveles de desempleo excepcionalmente altos, en comparación con el resto de Europa. Así, mientras el nuestro está ahora en el 15%, el de la zona euro se sitúa en el 8,1%. Por tanto, si alcanzásemos la tasa de desempleo de la zona euro, habría 1,6 millones de españoles más trabajando. Y la desigualdad se reduciría.

Otro ejemplo: el sector industrial. Este sector genera empleos con mayores niveles salariales. Por tanto, potenciar las industrias de futuro debería ser prioritario. Naturalmente, ello conlleva mejorar la educación e invertir mucho más en I+D+i. Sería necesario, por tanto, que el Gobierno impulsara una política industrial, ambiciosa, coherente y con visión de largo plazo, para llegar a disponer de una industria más moderna, potente y competitiva. Y así, podríamos seguir señalando más ámbitos donde es posible mejorar.

Pero no sólo habría que tomar medidas que ayudasen a aumentar los ingresos; también habría que actuar sobre los principales componentes del gasto familiar. Así, por ejemplo, si se limitase el coste del alquiler de viviendas se reduciría el principal gasto de los presupuestos familiares. Y si se facilitase el acceso a guarderías, además de contribuir al fomento de la natalidad, se estaría reduciendo otra partida importante de los presupuestos familiares.

Existe la posibilidad de que nos lleguemos a ver, en un futuro más o menos próximo, en un escenario en el que una amplia porción de la sociedad sufra un deterioro sustancial, y difícilmente reversible, en sus ingresos.

No obstante, admitamos que, aún en el supuesto de que los gobiernos de turno hicieran lo que tenían que hacer, existe la posibilidad de que nos lleguemos a ver, en un futuro más o menos próximo, en un escenario en el que una amplia porción de la sociedad sufra un deterioro sustancial, y difícilmente reversible, en sus ingresos. ¿Hasta qué punto sería dramático un escenario así? ¿Podríamos llegar a adaptarnos? ¿Podríamos acostumbrarnos a vivir con menos dinero? Pues, depende de cuánto menos fuera, claro. Por ejemplo, en el año 2015, en España la renta mediana por cada adulto, sin hijos, (la que divide esa población en dos mitades, unos por encima de esa cifra y los otros por debajo) era de 13.350€, un 17% menos que en 2009, pero un 38% más que en 1996. Y en 1996, con una renta bastante menor, el ambiente general era relativamente optimista. En parte, porque las expectativas hacia el futuro también lo eran.

Nos hemos acostumbrado a que nuestras vidas demanden dosis cada vez más importantes de consumo y de un ocio para “pasar bien el rato”.

Depende mucho, por tanto, de cuáles sean las expectativas sociales, e individuales, que se manejen. O que se inculquen. Y aquí nos enfrentamos a otro problema mucho más complejo y sutil. Desde hace décadas, en España, como en el resto de occidente, buena parte de la sociedad nos hemos acostumbrado a que nuestras vidas demanden dosis cada vez más importantes de consumo y de un ocio para “pasar bien el rato”. Desde este punto de vista, hay que reconocer que estamos especialmente mal equipados psicológicamente para un horizonte en que, tanto lo uno como lo otro, se viesen significativamente mermados por una menor capacidad adquisitiva. Ante esta perspectiva, la pregunta que nos deberíamos hacer, aunque no sea políticamente correcta, es: ¿podríamos “llenar” nuestras vidas con otro tipo de motivaciones, intereses y actividades, que impliquen menos gasto? ¿Sería posible, por ejemplo, desarrollar un interés social mucho mayor por la cultura, el arte, la ciencia y, en general, el conocimiento? La respuesta tiene mucho que ver con nuestros valores y referentes vitales. ¿Es posible cambiarlos?

4 comentarios

4 Respuestas a “¿Se puede hacer algo con la desigualdad?”

  1. loli dice:

    Si apostar por incentivar un plan más amplio de industrialización, supondría un aumento en el número de puestos de trabajo, la primera pregunta que se me plantea es ¿porqué no se hace?.

    Por otro lado, parece que, apostar por planes de este tipo, implica, sí o sí, una inversión mayor en investigación (el I+D famoso me parece), pues esa “reindustrialización”, se debe basar en nuevas tecnologías, al menos en una importante proporción.

    En todo ello, me vuelve a surgir la duda: ¿no es política de la UE la redistribución de la producción industrial de sus estados miembros?.

    Estoy casi segura de que no es exactamente así, pero sí que la intervención de Bruselas es la que decide, al parecer, qué tipo de producción debe mantenerse o prevalecer en los países miembros, para no competir o entorpecer el mercado productivo de toda la Unión (perdón por la linealidad de la exposición).

    De tal modo que entiendo que la producción minera en España, ha debido de ser subvencionada para su desmantelamiento…por ejemplo (al menos en lo que al carbón se refiere).

    Entiendo que ahí volvemos casi a empezar, ¿es que no se están gestionando bien estos ingresos, que quizás debieran ir directamente a su inversión en la investigación de nuevas formas productivas?, y en su caso, ¿productivas en que línea?….¿quién marcaría esa línea?…¿por qué países con una posible riqueza importante en materias primas, como España…o países del sur europeo, son precisamente los más perjudicados, parece, en en esta redistribución productiva de la Unión Europea?.

    Por otro lado, y siendo cierto que socialmente se impone la búsqueda de nuevos valores que desplacen el consumismo…y que psicológicamente, y además desde la educación no se potencian otras posibilidades, estamos atados a necesidades que pueden no ser tales, sin embargo, creo que nos sorprenderíamos si saliera a la luz la situación actual de la población española de hace pocos años a esta parte.

    Creo, que en poco tiempo, una porción muy importante de la población, ha pasado a una situación de precariedad, que hace que esas necesidades de “consumo” hayan pasado, para mucha más gente de la que se piensa, a un estado de inexistencia, pues la situación de pobreza a la que cada vez un mayor porcentaje de población se ve abocada, no permite, en muchas familias, más que una subsistencia penosa, hay ya mucha gente que aprende a vivir bajo “mínimos ingresos”, aún sin ningún miembro en paro en su familia.

    Tengo la impresión de que no tenemos una visión realista y amplia de cómo está cambiando el panorama social en cuanto a que capas muy amplias, y de manera cada vez más insidiosa…, de la población, se está viendo abocada a un estado de precariedad de características cada vez más irreversibles.

    Capas sociales que se sienten cada vez más temerosas y subsidiaria del aparato administrativo y burocrático brutal en que se está convirtiendo el Estado.

    Necesario un cambio drástico en la referencia de valores, sí, pero ¿cómo si la educación, el arte, y el cultivo personal, sigue delegado, distribuido y controlado por el aparato estatal, y por otro lado, parece que el crecimiento económico está bastante condicionado por las imposiciones que se establecen fuera de las iniciativas que se pudieran abordar dentro de los propios gobiernos?.

  2. Ligur dice:

    A la pregunta de Manuel;
    No es que se pueda hacer algo, se DEBE hacer algo y es urgente hacerlo. Difícil empresa.
    Por mucho que se desee ayudar de verdad a los necesitados, se choca siempre contra un muro de desidia, intereses, corrupciones de toda índole,

    No creo en los programas socio-comu-popu-podemita, donde en sus programas electorales, dicen estar siempre al lado de los desfavorecidos, preconizan que ciertos sectores, los “ricos” y los que ganen más de X dineros deberán pagar más. Como todo el mundo sabe, menos los votantes de esos partidos, esas medidas no sirven para nada, más que para populear, engañar y despistar. Estos partidos siguen un guión a piñón fijo, prefijado hace tiempo y solo obedecen la voz de su amo, que es a quien tienen que rendir cuentas. A ese amo, le importa un pepino la gente y que signo político esté gobernando mientras sea él-ellos quien maneje el dinero.

    No creo en ciertas Organizaciones no gubernamentales con su falso humanitarismo.
    La iglesia recaudó entre el 2011 y el 2014, unos 900 millones de euros gracias a los que marcaron la X en su declaración de la renta y a los dineros que recibieron de ciertos sectores etc. Caritas, cuya misión, como dicen, es paliar las necesidades de los sectores menos favorecidos y eliminar el hambre, entre otras, recibió de la iglesia un 2%, de los 900 millones, el resto fue utilizado para pagar a los trabajadores remunerados de la organización, gastos de las diócesis, seguridad social del clero, el sueldo de los obispos, pero no de las monjas y actividades pastorales. Por no decir, que 13 TV recibe más ayudas que la ONG Caritas.

    Intermon, y sus orgías con menores cuando sucedió el terremoto de Haití, ONG vinculada posteriormente, a numerables escándalos sexuales en diversos países.
    Seguir la pista a Unicef. Manos Unidas, Medicos sin Fronteras, Greenpeace, podrían sorprenderse.
    Con ciertos tipos de organizaciones y con las mafias “legales” que trafican con la muerte, el falso humanitarismo y la miseria humana, pinta muy mal arreglar todo esto.

    Y por supuesto, me quito el sombrero y aplaudo la actividad y el buen hacer que las misiones realizan en numerosos países del mundo. Estas personas trabajan de verdad aún a costa de sus vidas, estos misioneros no pertenecen a ninguna ONG.

    Saltó la noticia de que más de 7.000 hondureños, cerraron sus casas, cogieron el hatillo y carretera y manta, atravesar México, para posteriormente entrar en Estados Undidos.
    Vean la jugada, la pretensión es llegar a la frontera estadounidense justo para las elecciones de ese país.
    ¿Quien cree de verdad, que estas personas se pusieron de acuerdo entre ellas para lanzarse a este periplo, sin que nadie los organizara, les encandilara con promesas falsas y les pusieran a realizar este éxodo?. ¿A quien le interesa que esto ocurra?.

    Saludos

    1. O'farrill dice:

      Totalmente de acuerdo con el comentario de Ligur. Pero voy a su parte final donde se pregunta cómo es posible que se hayan puesto de acuerdo miles de hondureños para la marcha hacia EE.UU. justo en época de elecciones. En relación con esta cuestión, acabo de leer un estupendo comentario a un artículo sobre George Soros y su “filantrópica” actividad. Siguiendo el hilo nos podemos encontrar con sorpresas (aunque ya no lo son) en las que se consideran teorías “conspiranoicas” acerca de los “lobbies” americanos de la “globalización”; todos los que orquestan la campaña contra Trump.
      Por cierto, todavía nadie ha explicado el porqué de la entrevista del presidente del gobierno español con dicho personaje nada más empezar a residir en la Moncloa. ¿Le pediría consejos sobre la decoración interior? Muy interesante que los “anticapitalistas” de Podemos no hayan dicho ni pío (quizás porque ya se identifican con él) y no hayan protestado porque la “izquierda” pueda estar capturada por los poderes financieros….
      En otro foro (Hay Derecho) hay un estupendo artículo sobre la “transparencia” que empieza con el poema de León Felipe sobre los “cuentos” con que nos alimentan a los españoles. Aquí los “cuentacuentos” políticos y mediáticos están muy definidos y van en la línea “goebbelsiana” de la propaganda que considera estúpidos a los ciudadanos. La manipulación informativa basada en el sufrimiento y la miseria desde el capital financiero, ofende a la inteligencia de las personas, pero es que no se nos considera como tales sino simples números o códigos de barra con los que jugar desde el poder.
      Un saludo.

  3. Manu Oquendo dice:

    Creo recordar que Santo Tomás Moro dejó bastante resuelto el problema en su Utopia y lo hizo apelando a algo que el sistema político actual aborrece y evita resolver contentándose con ser el Rey de la Fiscalidad Hiperplásica y comprarse los votos con cargo a quien sea sin que este tenga la menor opción.
    Vuelvo a recordar que en los Ayuntamientos de Madrid para pisos no caros (hasta 280,000 euros) ha subido el IBI nada menos que el 84% en 9 años mientras las rentas han estado Planas o decrecientes en dicho periodo. Extracción abusiva pura y simple.

    Ni un solo Partido ha dicho ni mú. Y cuando hace unos días se lo dije a un partido que es de los que promete bajar impuesto se escabulleron tratando de evitar una campaña para divulgar esta extorsión coactiva.

    ¿Qué hizo Santo Tomás? Explicar que “En la Ínsula, todos los Transeúntes capaces y sin medios serían sostenidos por la comunidad. Pero nunca antes de que trabajaran gratuitamente para ella”.
    Moro la consideraba la ley más importante porque evitaba nuestros dos problemas tumorales:

    1. La compra del voto con cargo al minoritario sin defensa ni límite.
    2. El incentivo al gorroneo que el sistema actual genera y que nos lleva inexorablemente al derrumbe del sistema.

    Hay cosas nuevas en el mundo. Pero no muchas. Y nos interesa PENSAR por qué el sistema en que vivimos no hace las cosas desde el interés de los ciudadanos que lo sostienen y con sentido común.

    Todo se hace desde el interés del Poder y su Crecimiento.

    Saludos cordiales

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