Es evidente que, en cuanto podemos, los españoles queremos ser propietarios de nuestra vivienda. El argumento es de sobra conocido: por un poco más de lo que te costaría el alquiler de un piso, pagas una letra y al final eres dueño de tu casa, tienes un patrimonio y puedes encarar la jubilación con una carga menos.

Sin embargo, esta opción también tiene serios inconvenientes. Para empezar, y según un estudio del Banco de España de noviembre de 2011, mientras que en Alemania o Francia la proporción de familias que viven en una vivienda alquilada supera el 40% y en el Reino Unido está cerca del 30%, en España se sitúa en torno al 10%. ¿Cómo es que en estos países, más ricos que el nuestro, son tan partidarios de la vivienda en alquiler? ¿Es que no hacen las mismas cuentas que hacemos nosotros?

Muchas instituciones, entre ellas el Banco de España, insisten en que en nuestro país se fomente el alquiler de la vivienda frente a la compra, por razones de eficiencia económica. Suelen citarse dos razones, principalmente. La primera, que la vivienda en propiedad desincentiva la búsqueda y aceptación de empleos en otras zonas geográficas, motivo por el cual se la considera como una de las causas que dificultan la reducción del paro. De hecho, contamos con una de las menores tasas de migración interna de la OCDE, cuando las diferencias regionales en la tasa de paro que hay en España son importantes y persistentes.

La segunda razón es que la excesiva concentración de la inversión de las familias en el sector de la construcción va en detrimento de otros sectores mucho más decisivos para el futuro económico del país. Por ejemplo, hablamos mucho de que la deuda del Estado, de casi un billón de euros, roza ya niveles insostenibles, pero hablamos menos de que la deuda de las familias se le acerca bastante. De hecho, el pasado mes de febrero era de 777.901 millones. Pues bien, casi el 80% de esta deuda, 606.774 millones, se ha destinado a la compra de viviendas. Si solo un tercio de esa cifra, 200.000 millones, se hubiera invertido en esos otros sectores, porque su rentabilidad para el ahorro familiar no hubiera sido tan diferente al proporcionado por la adquisición de una vivienda, el resultado para el país habría sido muchísimo más productivo.

A esto hay que añadir el esfuerzo económico que les está suponiendo a las familias la compra de su casa. De los 17,4 millones de hogares que hay en España más de 6 millones tienen un crédito hipotecario y, según la Asociación de Afectados por Embargos y Subastas (AFES), desde que comenzó la crisis 150.000 de ellas han perdido su vivienda, principalmente por impago de la hipoteca, y otras 300.000 han dejado ya de pagarla.

Además, se estima que un 9,5% de las familias que solicitaron préstamos para la compra de su vivienda (más de medio millón) se encuentran con que si la vendieran ahora, tal y como está el mercado, les darían por ella menos de lo que aún les queda por pagar del crédito que asumieron para su compra.

Hasta aquí, el problema. ¿La solución? Los expertos coinciden en que pasa por fomentar la vivienda en alquiler, actuando en varios frentes, de los que destaco tres.  En primer lugar, aumentando la eficiencia del sistema judicial en la ejecución rápida de los contratos de alquiler, cuando estos se incumplen. Así muchos de los propietarios de pisos vacíos se animarían a alquilarlos, la oferta aumentaría y los precios de los alquileres bajarían. En el estudio del Banco de España antes mencionado se hace una comparativa con otros ocho países europeos y su conclusión es que “en relación con la ejecución de los contratos de alquiler, España obtiene la peor posición de entre todos los países objeto de comparación”.  En segundo lugar, incentivando fiscalmente la opción del alquiler y abandonando los incentivos a la compra. Justo lo contrario de lo que se ha venido haciendo. En tercer lugar, aumentando sustancialmente el parque de viviendas públicas destinadas al alquiler. Según este estudio, estas viviendas tan solo suponen en España entre el 1 y el 2% de todas las que hay, muy lejos de los países de nuestro entorno, con tasas superiores al 15% en Francia o el Reino Unido.

Como hemos visto, el problema tiene una lectura claramente económica, que es la que suele repetirse en todos los análisis que de él se hacen. En esto no he añadido nada nuevo. Pero, más allá de esta visión, caben otras consideraciones. Sobre todo si nuestra preocupación no se limitase al cuándo y cómo saldremos de esta crisis, sino que además nos planteásemos cómo ir perfilando, aunque sea a largo plazo, un modelo de sociedad que favoreciese, o al menos no obstaculizase, el desarrollo personal de cada uno de los individuos que la componemos.

Es evidente que para muchas personas comprar una vivienda supone hacer un enorme esfuerzo durante gran parte de su vida y los motivos que tienen para hacerlo no son solo económicos. Hay una componente psicológica que puede que incluso tenga más peso. Imaginemos que llegara un día en que el parque de viviendas en alquiler fuera tan grande que resultase muy fácil tener una, a nuestro gusto y a bajo precio; imaginemos que si, a pesar de eso, una vez jubilados tuviéramos dificultades para pagar ese alquiler, existieran pisos de protección oficial a un alquiler asequible, ¿desaparecería el afán de ser propietarios de nuestra casa? Lo dudo.

La vivienda es, para la mayoría, nuestro principal patrimonio en términos de riqueza. Pues bien, da la impresión de que el mecanismo psicológico más frecuente que nos induce a dotarnos de este patrimonio es el miedo: el miedo a que en algún momento, en el futuro, nos podamos encontrar en una situación de necesidad a la que no podamos hacer frente. Lo llamamos seguridad, pero es un tipo de seguridad que necesitamos, en gran medida, por el miedo que previamente hemos incubado; como la mayoría de las seguridades que buscamos en nuestra vida, sea bajo la forma de la acumulación de riqueza, tener un empleo fijo o cualquier otra cosa. En realidad, la vivienda es solo una punta del iceberg de nuestras angustias sociales.

Si quisiéramos avanzar en las próximas décadas hacia un tipo de sociedad en la que las personas nos sintiéramos más libres, una de las teclas a tocar tendría que ser la de ir reduciendo progresivamente nuestros miedos, porque es obvio que difícilmente seremos más libres si al mismo tiempo no nos vamos descargando de ellos. Y un ámbito en el que se puede concretar esta aspiración es el de la propiedad del lugar donde se vive.

No estoy cuestionando el derecho a que cada cual haga con su dinero lo que le dé la gana y, por tanto, que  todo el que quiera, y pueda, se compre su casa, y tres más si ese es su deseo. A lo que estoy apuntando es a la actitud psicológica y a la cultura social y política que nos anima a hacerlo.

Hay quien dice que en época de Franco se fomentó activamente la vivienda en propiedad porque, al tener ya un patrimonio, eso contribuía a crear una mayoría social “conservadora” que, por miedo a perder lo que tenía, actuaría de freno ante hipotéticas veleidades revolucionarias. No sé si esto es cierto, pero según el mencionado informe del Banco de España, en 1970 el 30% de las familias vivían en régimen de alquiler y esa cifra ha ido disminuyendo hasta el 10%, o poco más, actual. Sospecho que a cualquier Gobierno le viene muy bien tener una mayoría de ciudadanos prisioneros de sus propios temores a perder lo que tienen, porque así se hacen más “prudentes”.

Pero la cuestión clave es si nosotros queremos ir eliminando lo que nos genera ataduras para ser más libres, o preferimos sumarnos al famoso grito de “¡Vivan las cadenas!”.

12 comentarios

12 Respuestas a “SER PROPIETARIOS DE NUESTRA CASA, ¿NOS ATA O NOS LIBERA?”

  1. Alicia Bermúdez dice:

    Nos ata. Directamente y con total seguridad. Pero sólo he leído el título, ahora voy a leer el artículo.

  2. Alicia Bermúdez dice:

    Hay algo de enfermizo en no sé qué criterio que tenemos los humanos que nos hace sentir como carencia, o vulnerabilidad, no poseer no importa qué pero adquirido, no innato; parece que de lo innato, de lo que valemos por nosotros mismos, no echamos cuentas ni somos conscientes de que tenga un valor. Así “yo” soy todo cuanto he arrimado a mi haber; y sin ello “yo” soy invisible, no existo no ya sólo para la sociedad sino incluso para mí mismo.
    Y pasa con casi todo lo que nos rodea, incluidos seres vivos en general y humanos en particular; pero, bueno, quedándonos en el mundo de las cosas por aquello de no meterse en demasiadas filigranas, que cada cual mire a su alrededor y le tropezará la vista con infinidad de cirindulillos que en realidad no necesita y le resultan un incordio, o necesitó puntualmente para algo ante alguna circunstancia muy concreta y, ya, toda la vida cargando con aquello…
    Me ha venido a la memoria este artículo de Taid http://www.otraspoliticas.com/sociologia/arqueologia-futura
    Todos almacenamos de todo en nuestros habitáculos, cachivaches repetidos en todas las casas de nuestros vecinos, ahí al lado, puerta con puerta y tan fácil que sería que las cosas que tienen una utilidad práctica o tangible o de uso sencillamente circulasen; que el primero que compró el destornillador, por ejemplo, bueno, pagase el pato y destornillador para todos, y lo mismo con el abrelatas o el molinillo de café…
    Bueno, soy muy exagerada, pero es que pienso que vivimos en un mundo muy absurdo y, además, innecesariamente caro que, encima, encarecemos nosotros mismos.
    Y en cuanto a las cosas que no son de uso rudimentario, obras de arte, cosas bonitas que guste admirar y contemplar ¿Por qué para mirar un cuadro preciosísimo tengo que tenerlo en mi pared y ser yo quien se ocupe de su conservación ni de quitarle el polvo?
    Claro, que si no quiero ocuparme yo puedo tener servicio, personas a mis órdenes que de algún modo y en alguna medida serán también “mi propiedad”.
    Y la cosa se sigue complicando…
    Y, la Libertad, ¿para cuándo?

    1. illumik dice:

      Me gusta tu idea cooperativista. Que tendría de raro en un bloque de pisos que la gente pudiera compartir y que se hubiera más interacción entre los vecinos. Nos hemos convertido en una sociedad individualista del acumular, acumular y acumular. Quiero pensar que con la crisis esto ha cambiado un poco y nos hemos hecho más humanos otra vez pero la verdad es que esta, nuestra sociedad, es deprimente…

  3. Manu Oquendo dice:

    Vivimos tiempos en los que el Poder político (léase Élite Extractiva) ha decidido que toca “criminalizar” la propiedad de tu casa de tal modo que, donde pensabas estar protegido, seguro, dejes de estarlo.

    Por eso no se paran en barras para convertir la propiedad en pecado de modo que les sea más fácil incrementar la presión fiscal sobre la vivienda que hoy ya está sometida a un expolio sistemático habiendo no menos de siete tipos de fiscalidad directa que inciden sobre su adquisición, tenencia y venta.

    Tema que daría casi para un master de los de hoy y que resulta imposible de resumir en menos tiempo.

    Pregunta el autor por qué Alemania especialmente y Francia en menor medida tienen menos propensión a la propiedad que España (USA e Inglaterra están aproximadamente a nuestro nivel).

    La explicación es muy sencilla y tiene que ver con la historia.

    Ambos países especialmente Alemania son testigos de la casi total destrucción de sus viviendas urbanas a bombazos dos veces en menos de cincuenta años viviendo el resto del siglo XX bajo la amenaza directa de una guerra nuclear.

    En estas circunstancias y pudiendo invertir en oro o en una vivienda en Florida, Mallorca o Canarias no tiene mucho sentido hacerlo en, por ejemplo, Dresden o Düsseldorf.

    Es decir, no es que nosotros seamos más tontos sino que hemos vivido experiencias históricas diferentes.

    En otro momento intentaré profundizar en por qué el Poder Político nos quiere ahora Sumisos y ha decido crucificar la propiedad de lo que sea.

    La vivienda (igual que en la edad media hicieron los recaudadores reales), los depósitos bancarios y el aire son objetivos fiscales ya capturados.

    No tienen medida y esto es otra muestra de la situación de colapso de un sistema de poder que está dando sus boqueadas.

    Saludos

  4. Loli dice:

    Las diferencias históricas y culturales, sin duda, condicionan las formas de comportamiento de las sociedades.

    En el caso de España esa mayor preferencia a la vivienda en propiedad, independientemente de causas de índole histórico…o quizás como consecuencia de ello, adquirió un matiz algo diferente.

    En realidad puede que no se tan diferente al adquirido durante la “burbuja inmobiliaria” en mayor o medida en el resto de la UE o en los Estados Unidos.

    Pero sí que en nuestro país ha contribuido a dañar y provocar una dramática caída un economías cogidas con pinzas, de una buena parte de nuestra sociedad.

    Me refiero a la “especulación inmobiliaria”.

    Es como sí ante el espejismo del enriquecimiento rápido y fácil, nos hubiéramos precipitado todos en el mundo de las finanzas en “bloque”.

    Políticas encaminadas a que una mayoría de población, sin los recursos reales para ello, ni en conocimientos, ni económicos, se endeudaran y alimentaran la idea de poseer lo que no tenían…y que entraran en un mercado financiero que no estaba pensado para ellos, ha sido la constante durante casi los últimos tiempos de nuestros diferentes gobiernos, y sus medios de comunicación.

    Hemos comprado casas, no solo donde vivimos, si no….otra para veranear.

    Pero además hemos llegado a comprar una tercera casa …por ejemplo…porque alguien de nuestro entorno…(a veces el vecino ) nos ha puesto en conocimiento que determinadas tierras dedicadas al cultivo…o a lo que sea…se han recalificado y se van a dedicar a construir viviendas…y que nos recomienda…y nosotros aceptamos, empezar a pagarla ya sobre el plano, porque luego se encarecerán muchísimo y la podremos vender al doble o al triple de lo que hemos pagado…y nos enriqueceremos.

    Esta forma de especular ha llevado a la ruina a amplios sectores sociales, obnubilados por esa idea que parece solo pensada y diseñada para otros, la especulación, el dinero rápido y fácil.

    El que llegue más tarde es que es tonto… allá él.

    Y ahora, desde esas mismas esferas de poder, que ni siquiera son capaces de darnos ejemplo en coherencia, mandan mensajes de austeridad, cuando hasta hace nada , nos han hecho creer todo lo contrario…y nos han animado a…prácticamente tirarnos nosotros solitos por el barranco.

    No hay quien lo entienda.

  5. ubaldo de azpiazu del campo dice:

    Dentro del mundo empresarial es habitual escuchar a los patrones expresarse en el sentido de que ellos quieren a sus empleados “muy endeudados”, supongo que por extensión este pensamiento no es ajeno a líderes políticos de ahora o de antes y no solamente aplica a la vivienda.
    El Autor está muy mediatizado, como no puede ser de otra manera, por su entorno económico, demográfico y político a mí, también por mi entorno, le doy otra visión; de alguien que vive en Latinoamérica.

    En Europa el 80% de la población vive en ciudades; en Latinoamérica, el 70%. La diferencia radica en la elevada tasa decrecimiento de esta última y en su inequidad entre clases sociales que se acentúa progresivamente, siendo la más diferenciada del mundo según el informe de la Cepal de 2012. Un dato interesante es que el trabajo de los especialistas del diseño y la construcción tan solo está. dirigido al 10% de la población mundial.

    Centrándonos en México es de una tremenda importancia la Pirámide poblacional ,el informe dado a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señala que en el país viven actualmente 112.3 millones de habitantes, de los cuales el 29% tiene de 0 a 14 años, el 5% son mayores de 65 años y el resto, el 64.4%, tiene entre 15 y 64 años. El contar con un gran número de personas en edad productiva le da al país un plus productivo potencial ( bono demográfico) que de saberlo aprovechar se podría pensar en tener unos más que interesantes índices de productividad a nivel mundial durante las próximas décadas, siendo para ello fundamental crear las condiciones necesarias, y una de ellas es el proveer a esa población de servicios que satisfagan sus necesidades básicas, en este escenario la provisión de la vivienda tiene una dimensión diferente a la de otras zonas, Europa por ejemplo.
    En México hasta los años 50 las políticas públicas en esta área eran las de regular el mercado de producción y distribución de la vivienda, es a partir de los finales de los 60 cuando cambió la polítca y el gobierno optó por la desregularización del sector, pasando a administrar a la iniciativa privada, siendo la política de Estado la de multiplicar las opciones de financiamiento tanto público como privado (no obviar que por aquel entonces estaba establecida “la dictadura perfecta” que decía Vargas Llosa, abandonándose las débiles iniciativas en favor del alquiler, todo ello aunado a un reforzamiento de la idea de un mayor bienestar económico como propietario del inmueble.
    Esta política gubernamental llevó a la población más empobrecida a padecer la exclusión de acceso a la vivienda, así como a la división social del espacio urbano. Por ello, podemos hablar de una diferenciación espacial compleja y constante, la cual nos lleva a cuestionar no sólo la política seguida sino la pobre calidad de los servicios con los que se cuenta al interior de los hogares, uno de los programas sociales más exitosos de recientes gobiernos ha sido el de poner suelo en las viviendas, siendo esta idea una de las favoritas para inducir al voto de las clases mas bajas ; el obsequiar con sacos de cemento en épocas de campañas electorales.

    Así pues y en este entorno el reto es de compaginar unas políticas reguladoras que vayan cerrando la brecha social, posibilitando de una primera vivienda a las clases más desfavorecidas, e ir rebajando paulatinamente la cultura de que una vivienda en propiedad es sinónimo de un mayor bienestar económico, todo ello en un escenario en el que se pretende poner en valor el bono demográfico y tener a esas generaciones productivas libres de miedos, con servicios básicos resueltos y con la cultura del arrendamiento.

    1. Manuel Bautista dice:

      Tienes razón en que planteo el problema del acceso a la vivienda desde la óptica y el contexto europeo / español. En el caso de México, el enfoque debería ser otro. Porque, como bien describes, el problema a superar es el del chabolismo. Las famosas favelas brasileñas.

      Aunque no conozco suficientemente la situación allí, diría que el dilema no estaría tanto entre el acceso a la propiedad de las viviendas (al alcance de muy pocos) y el acceso mediante alquiler, en un mercado liberalizado y de iniciativa privada; sino, quizás, que los poderes públicos (ayuntamientos, gobiernos regionales o incluso el Gobierno de la nación) proporcionen vivienda en régimen de alquiler.

      Para acabar con las favelas, yo solo veo la acción decidida de los poderes públicos. Pero ahí toparíamos con la fiabilidad de estos poderes, y eso nos lleva ya a otros temas.

      Gracias por tu comentario. Un saludo

  6. Salva dice:

    Pienso que el problema en España reside en que el propietario quiere recuperar su inversión alquilando el inmueble cuando lo que debería percibir es el rendimiento del capital invertido.

    Si en un inmueble de 100.000 euros de precio de compra el propietario desea recuperar su importe en 20 años alquilándolo, lo que acabará sucediendo es que la gente preferirá comprarlo. El alquiler en España vendría a ser una hipotéca de estilo americano pero sin opción de compra. Pagas lo que te costaria comprarlo y, si por circunstancias no te sigue interesando, devuelves las llaves y adiós muy buenas.

    El importe de alquiler deberia ser la remuneración de la inversión realizada incrementada en los costes de mantenimiento propios del sector. Lo que no se puede incluir de ninguna manera es la amortización del bien porque el inmueble no se desgasta como un ordenador o un coche: Fijaros lo que cuesta un piso antiguo en el centro de cualquier capital europea¡¡¡

  7. bertiroteo dice:

    Si todo lo que dices es verdad, pero ¿Usted tiene una vivienda en propiedad?

    1. Manuel Bautista dice:

      Si usted está de acuerdo con las ideas que expongo, entonces ¿qué importancia tiene que la casa en donde vivo sea de mi propiedad o que no lo sea?

  8. Diego dice:

    Nos ata indudablemente. Este artículo, breve y preciso corrobora lo que ya pensaba desde hace un tiempo. Para mi ya es tarde. Tenemos con mi esposa propiedades y nos cuesta desprendernos de ellas (un capital para el retiro; una herencia para nuestra hija; un seguro frente a una eventualidad…) Los temores nos llevan a eso y terminan siendo una carga pesada sobre nuestras vidas.
    Desde los 50 en Argentina se nos ha estimulado a poseer la “casita propia”. Hoy es una carga para mi ya que este capital me descapitaliza (hipoteca; impuestos; servicios…) Y siento una enorme necesidad de ser libre…
    Me digo… Si no tuviese obligaciones familiares, sólo alquilaría. Podría decidir dónde vivir y cambiar de residencia cuando lo crea prudente…
    Hoy doy economía como docente y estimulo un nuevo concepto sobre la propiedad privada y sus riesgos…
    Saludos. Excelente artículo.

  9. amparo killwater dice:

    parece que ha sido asunto de Franco. Todo tiene su explicación cuando no se encuentra otra cosa

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