Pocos negarán que una de las medidas que permitirían avanzar en la regeneración de nuestro sistema político es la transparencia en la gestión de los gobernantes. Dado que la democracia se basa en el principio del control de los ciudadanos sobre los actos y decisiones de aquellos que les gobiernan, cuanto mayor sea la transparencia del Gobierno más posibilidades tendrán los ciudadanos de ejercer ese control y mayor será la calidad de nuestra democracia.

Por tanto, para avanzar en la senda de la transparencia lo primero es que el Gobierno lleve a la práctica el compromiso de hacer pública cuanta información esté en su mano, tanto en relación con los presupuestos como con cualquier otro ámbito de su gestión, para que la sociedad pueda comprender qué es lo que está haciendo, por qué lo hace y cuáles son sus consecuencias previsibles.

Da la sensación, sin embargo, de que el Gobierno, pese a sus promesas de imponer por vía legal la mencionada transparencia, no tiene muchas ganas de aplicarla en la práctica. Tampoco la tienen, dicho sea de paso, ninguno de los numerosos gobiernos autonómicos o locales que tenemos en España, sean del signo político que sean. Para muchos ciudadanos la explicación es obvia: los políticos no quieren mostrar toda la realidad de los asuntos que tienen entre manos porque eso significaría desvelar los elevados niveles de incompetencia, o incluso de corrupción rampante, en la que ellos mismos han caído o, al menos, algunos de sus correligionarios.

Como además constantemente nos estamos desayunando con escándalos en este sentido, esa percepción ciudadana no hace sino reafirmarse y generalizarse. No es extraño por eso que cale el mensaje de Podemos, al situar el grueso de nuestros problemas en lo que ellos llaman la casta. De donde se deduce que, si se expulsara a toda la clase política actual y se la sustituyera por gente honrada, casi todos esos problemas desaparecerían.

Ahora bien, sin perjuicio de que esa explicación sea en gran medida cierta, hay otra, de naturaleza muy distinta, que se suma a la anterior y que apenas se menciona. En pocas palabras: es relativamente frecuente que la situación que se encuentra un político, cuando asume la gestión de un área determinada, sea mucho peor de lo que la ciudadanía sospecha y, además, esté tan enormemente liada y enmarañada que, para arreglarla de verdad, se necesite un largo proceso de ir tirando del hilo de la madeja. Un proceso que, para terminarlo de complicar, excede en muchos casos del tiempo que concede una legislatura.

Pues bien, me consta que en el sector público situaciones como esas son reales y relativamente frecuentes. No quiero decir que todo sea así. No. Creo que hay muchas áreas que funcionan bien, otras que deberían mejorar y otras… ¡que da vértigo solo con asomarse a ellas! Y de estas apenas se habla.

En el mejor de los casos, cuando el responsable político es honesto, trata de solucionar lo que se encuentra lo mejor que puede, durante el tiempo de que disponga. Seguramente sin hablar de ello, porque la alarma social que se desencadenaría le acabaría colocando ante la disyuntiva de garantizar que lo arregla ya (continuando entonces con la ficción) o presentar su dimisión, precisamente por no ser capaz de arreglarlo inmediatamente. ¿Alguien se imagina a la opinión pública (medios de comunicación incluidos) creyéndose su explicación y, una vez que ya sabe que aquello está hecho unos zorros, aceptando que se van a necesitar unos cuantos años para ponerlo bien? En abstracto, quizás haya quien se lo imagine, pero ¿si se tratase del hospital de tu barrio, o de la escuela de tus hijos, o de la estación de bomberos, o…? ¿Admitirías que se tomasen los años necesarios para resolver el problema?

En el peor de los casos, el responsable político de estas áreas opta por mirar a otro lado y dedicar su tiempo y energía a otros objetivos más lustrosos. Eso sí, cruzando los dedos para que no salte ningún escándalo que descubra a la sociedad el estado real de lo que tiene bajo su responsabilidad.

Ante este tipo de situaciones, es injusto y además ingenuo creer que la solución consiste en echar a los actuales responsables políticos. Es injusto porque en algunos casos (no sé si muchos o pocos) los actuales responsables son precisamente los que están haciendo todo lo posible para remediar estas situaciones. Pero además es ingenuo porque los nuevos responsables, por muy honestos que sean, se seguirán encontrando con esa madeja y con las mismas dificultades para desenredarla que sus antecesores.

¿Para qué serviría, entonces, aplicar la luz de la transparencia en estos casos? En mi opinión, serviría y mucho si la sociedad, una vez desveladas las miserias de cómo funcionan muchos de los servicios públicos (y de los privados que, en alguna medida, dependen de ellos, como es el caso de los bancos), no se limitaran a buscar culpables y a exigir que se cesara a los responsables de ello, sino que extendieran sus exigencias a que se investigase a fondo por qué esos servicios funcionan como lo hacen y, sobre todo, qué es lo que impide o dificulta llevar a cabo los cambios necesarios para que ofrezcan lo que se espera de ellos. Y, realizada esa investigación y publicadas sus conclusiones, vigilasen cómo se iban haciendo esos cambios en el curso de los años siguientes.

Es decir, la transparencia en estos casos daría la oportunidad de que la sociedad conociese la cruda realidad que se esconde tras la apariencia de ese Estado moderno y eficiente que muchos quieren creer. El riesgo, ya digo, es que la reacción social se limite a indignarse y a clamar contra la clase política. Y motivos para ello no faltarían. Pero limitándose a eso no se resolvería el grueso del problema. No cabe duda, sin embargo, que para avanzar hacia una democracia de calidad habría que correr ese riesgo y confiar en que, desvelando esa realidad oculta, la sociedad se hiciese más madura políticamente.

No obstante, para que la transparencia con la que soñamos fuese todo lo efectiva que debiera ser haría falta otro elemento más, completamente distinto del que acabo de exponer, que no me resisto a señalar: sería necesario que proliferasen, en el seno de la sociedad civil, los grupos de expertos independientes que evaluasen el grado de acierto, o las opciones alternativas existentes, de las grandes decisiones políticas adoptadas por los sucesivos gobiernos. Porque no basta con que el Gobierno aporte toda la información de que dispone sobre tal o cual tema, si esta resulta difícil de asimilar o entender por el grueso de la ciudadanía. Se necesita que alguien le ayude a analizarla, en sus ventajas e inconvenientes, en sus consecuencias a corto, medio y largo plazo, y en sus alternativas, si es que las hubiera.

En definitiva, como dice esa famosa sentencia: la verdad os hará libres, pero para ello también es necesario que los destinatarios de esa verdad seamos capaces de asimilarla y gestionarla adecuadamente.

12 comentarios

12 Respuestas a “TRANSPARENCIA SÍ, ¿PERO CUÁNTA PODEMOS ASIMILAR?”

  1. ubaldo de azpiazu del campo dice:

    Ningún comentario a la primera parte de la argumentación, efectivamente la transparencia y rendición de cuentas no es qué sea un impulsor de la regeneración democrática es parte de la esencia misma de la democracia, el estar pensando como algo que debe ser un objetivo nos da una idea de la calidad democrática en la que vivimos.

    La segunda parte del argumentario y reconociendo a Manuel como una de las personas que más y mejor ha gestionado desde la administración pública sus argumentos a mi entender tienen “muchos asegunes”. En origen si alguien se encuentra con una situación que para él mismo excede a sus capacidades lo obvio sería no asumirlas, pero y él que se las dio? La estructuración de equipos no es un tema menor, ya sé que en la Administración pública la capacidad de maniobra es mínima, pero las responsabilidades deberían subir hacia arriba.

    Lo razonable es transparentar la situación de partida y rendir cuentas a la salida, independientemente que la ciudadanía se alarme, más alarma que saber que se construyó un aeropuerto, que no se sabe para qué y por cuanto, si eso no alarma ¡!

    La casta entiendo es esa bola de políticos a los cuales las situaciones heredadas no les importan ya que tampoco les importan sus “entregas” solo el medrar y vivir, si es posible, de cuatro en cuatro cuatro años de legislaturas-

  2. Loli dice:

    El artículo apunta a algo en lo que poco nos hemos parado a pensar…¿tenemos la capacidad suficiente para asimilar la verdad?.

    Me parece que eso es algo muy importante, ya que tengo la impresión de que carecemos, en gran medida, de esa capacidad…lo que implicaría, por tanto, carencia también para gestionarla.

    Cosas que han pasado sin que nos preguntemos nada al respecto, como los despilfarros innecesarios…y eso que eran evidentes… como apunta Ubaldo en su comentario…ponen de manifiesto la falta de ejercicio político, auditor, y de interés en ese ejercicio que nos ha caracterizado todo este tiempo.

    Da la impresión de que hemos querido vivir con las orejeras puestas y creyendo a pies juntillas todo lo que nos quería decir mientras nos regalesen los oídos..o pareciese que nuestros bolsillos se mantenían razonablemente llenos.

    Si hemos dormitado en esta especie de ensoñación durante tanto tiempo…¿cómo vamos a asimilar de la noche a la mañana todo lo que nos está explotando en la cara?.

    Entiendo que este es un campo abonado a lo que ahora se ha dado en llamar «corrientes populistas», que suponen el cabo inmediato al que agarrarse por parte de una población atónita, que no sabe bien dónde dirigir su indignación.

    Aún así, creo que hay voluntad de hacer bien las cosas, y de cambiarlas…a mejor.

    ¿Cómo debería empezar una sociedad despierta «a golpes» de su ensueño de bienestar, a desarrollar el hábito de asimilación de la realidad? Y los responsables políticos…de cualquier signo ¿no deberían, de, además de utilizar la palabra «transparencia» como arma arrojadiza…o intentar limpiar fachadas de forma mentirosa, realizar una verdadera labor pedagógica….volcarse en el servicio de la sociedad….cuidarla en esa asimilación?

  3. JOSÉ ALEJANDRO GONZALEZ OSSET dice:

    «Se necesita que alguien le ayude a analizarla, en sus ventajas e inconvenientes, en sus consecuencias a corto, medio y largo plazo, y en sus alternativas, si es que las hubiera».

    Yo creo que ese es el error, pasar de estar tutelados por unos a estar tutelados por otros. Para mí la solución, la que nunca se aborda, es trabajar en que la gente, el ciudadano de a pié, el españolito de turno, tenga la suficiente capacidad como para analizar por sí mismo esa información. En caso contrario ¿quién controla al supuesto experto independiente? ¿Quién es un experto, un señor con CV de impresión pero que no pisa, ni pulsa la realidad de la calle porque vive en «otro mundo»?

    La educación es la solución y, se me antoja, la única. Hay que cambiar la educación obligatoria academicista (sólo sirve para una minoría de la población), basada en la memoria, por otra que convierta a los destinatarios de la misma en ciudadanos, que permita que cuando la finalices sepas lo que es una factura, el IVA, etc.

    Las muletas hay que eliminarlas y andar por uno mismo.

    Un cordial saludo.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado José Alejandro, coincido contigo en que lo mejor es que los ciudadanos sean capaces de valerse por sí mismos a la hora de valorar los proyectos y decisiones del gobierno de turno, sin ayuda de nadie. Pero, eso es muy poco realista, hoy por hoy.

      De hecho, nuestras opiniones están muy condicionadas por los medios de comunicación que nos informan. Y eso que sabemos que su enfoque suele ser sesgado, cuando no manifiestamente interesado. Lo más que podemos hacer es contrastar las versiones de unos medios con la de otros. Pero aún así…

      Los supuestos expertos independientes pueden estar también sesgados, pero al menos ampliarían el abanico de las fuentes a consultar.

      Además hay un problema de tiempo. ¿Cuántos ciudadanos están dispuestos a dedicar horas y horas para comprender lo que implica cada decisión del Gobierno? Lógicamente muy pocos. Todos tenemos muchas más cosas que hacer. Desde este punto de vista, creo que cuantas más fuentes podamos consultar más fácil será que nos podamos hacer una composición de lugar correcta. Y aún así, siempre habrá cosas importantes que se nos escapen.

      Un cordial saludo

      1. JOSÉ ALEJANDRO GONZALEZ OSSET dice:

        Estimado Manuel, sin querer entrar en polémicas, creo que aunque sea difícil, la solución es ir reduciendo hasta eliminar esas diferencias en cuanto a nuestras capacidades para interpretar, críticamente, la información (lo que se llama la brecha digital en el ámbito de las TI).
        Sinceramente, a mí los expertos independientes me suenan a tecnócratas y éstos a épocas pasadas que no deberían repetirse.
        El problema del tiempo que indicas, lo habrá tanto con expertos como sin ellos (con expertos tendremos que procesar la información directa + la de los expertos = bastante tiempo; sin expertos procesaremos la información directa <= tiempo?).
        No sé, creo que de una vez hay que abordar la solución al problema y no estar eternamente con soluciones transitorias que son permanentes.
        Por otra parte, para mí, los fenómenos como podemos no surgen por arte de magia, surgen porque no se está dando respuesta a lo que la ciudadanía desea. La clase política sigue ignorando eso y ahí está podemos, aparentemente, subiendo como la espuma, lo cual, a mi juicio, no es nada bueno.
        Un afectuoso saludo!

  4. Manuel Bautista dice:

    Ubaldo plantea que si la persona designada para gestionar un determinado área no se siente capaz de arreglar lo que se encuentra, lo que debe de hacer es no aceptar el cargo. Pero muchas veces la cosa no es así de sencilla.

    Cambiar cualquier cosa en la Administración Pública española, por pequeña que esta sea, suele llevar mucho tiempo y requiere saltar numerosos obstáculos. Y eso es así, aunque cuentes con el apoyo incluso del ministro de turno.

    Pongo un ejemplo imaginario. Supongamos que a te nombrasen Presidente del Consejo de Seguridad Nuclear y que, a los pocos días, te das cuenta que no tienes ni de lejos el número de inspectores que se requiere, que la mayoría de los que hay están muy lejos de tener la formación necesaria para saber detectar y valorar los problemas de funcionamiento que pueden presentarse en una Central Nuclear y que, para colmo, la legislación aplicable apenas permite sancionar a la empresa propietaria de la Central. ¿Qué haces?

    Si, directamente, la situación te desbordase, lo honesto es dimitir. Pero, si crees sinceramente que puedes con ello, es lógico que quieras intentarlo. Crees que alguien tiene que solucionar esas graves carencias y que tú puedes hacerlo si te dan los medios y dispones de los años necesarios. Sabes que es probable que solo te de tiempo a arreglar el 50% de los problemas, pero piensas que aunque solo fuera eso ya sería un gran servicio al país.

    Segundo: ¿vas a la ciudadanía a contarle que el control de la seguridad en las centrales nucleares está manga por hombro (insisto: es un supuesto imaginario)? Una cosa es contar que hay un agujero económico (que sí es contable) y otra que la seguridad de nuestras centrales nucleares está hecha unos zorros.

    Pero llegado a este punto, enlazo también con lo que plantea Loli. ¿Estamos preparados para saber la verdad de muchas de estas cosas? En mi opinión, para algunas sí lo estamos y para otras claramente no. Pero, como bien dice Loli, no se trata solo de estar preparados para «saber lo que hay» sino también para después gestionar bien esa información, exigiendo la solución más razonable y realista.

    Obviamente, el tema da para mucho, pero al menos seamos conscientes de que hay cosas donde es muy difícil hablar de transparencia. O que, al menos, requieren un grado de madurez en la sociedad muy elevado.

    Un saludo

    1. José Maria Bravo dice:

      Me parecen mas interesantes las respuesta de M. Bautista que el articulo mismo. Creo que va mas al asunto. Yo creo que las coletillas a Podemos, o la insinuación al asunto de tantas autonomías, no vienen a cuenta en un artículo que trata de la asunción de responsabilidades en el ejercicio de un cargo ejecutivo y de la transparencia en su desempeño.

      La falta de transparencia puede llevar al engaño. Por ejemplo, cada día nos damos cuenta que en el gobernante en el que confiabamos y por el que votamos repetidamente nos mintió. Esto ha producido un desconcierto en la ciudadanía.

      La transparencia es esencial en el ejercicio del gobierno y cuanta verdad somos capaz de asimilar?. Pues esa es una de las labores de un gobernante saber decir la verdad. O, si no, caemos en lo que se llama Demagogia.

      1. Susana Pacheco dice:

        Hay dos términos que me producen cierta aversión, quizás por el abuso que se hace de ellos: control y transparencia. Que el gobierno de una colectividad se base en el control que ésta ejerza sobre el gobierno y por tanto que éste se haga transparente…son criterios -para mi- persecutorios. Antes y ahora el gobierno controla a los ciudadanos y estos a los otros… Mirad a mi esto no me gusta. Ya se que no tiene por qué gustarme pero opino que el gobierno de las naciones o de los pueblos habría de basarse en otros criterios tales como la confianza, la honorabilidad, el respeto (todos otorgados y conquistados), sabiduría, la bondad probada, etc. etc.

        Y la transparencia se equipara de modo erróneo a la verdad. Si decimos la verdad, de qué verdad estamos hablando?. De la nuestra. Lo que para mi es
        deshonesto para otros es rigidez de criterio. Así pues no creo que la verdad se pueda transmitir, la verdad, tu verdad, se adquiere si buscas y te atreves a traspasar algunas fronteras. No, no que el problema se produzca por que los gobernantes no cuenten todo a sus gobernados, lo puedan asimilar o no.. Estos son maximalismos que no se ajustan a la realidad. Ni los padres le cuentan todo a sus hijos, ni los maestros a sus alumnos, ni los abuelos a sus nietos… hay diferencias y ahí es donde coincidiendo con Alejandro apelo a la responsabilidad individual.

        Nos olvidamos que en la época de bonanza económica «todos» nos beneficiamos de ella. ¿Los empleados de banca no obtuvieron préstamos a muy bajo interés para poder comprar no ya un piso sino dos y tres y con ello especular alquilándolos?, ¿es que los empleados públicos no se han beneficiado de los cursos que en horas de trabajo y con medios públicos impartían a unos supuestos alumnos vía internet con contraprestaciones económicas importantes?, ¿es que la empresa privada no ha vivido gracias a la empresa pública? (empresas que impartían cursos), ¿es que no se han firmado falsas peonadas para recibir un subsidio?. Claro que esto no está en proporción a los fraudes y latrocinios de un Blesa, Pujol, una Junta de Andalucía, pero ha habido cierta comunalidad y corresponsabilidad que ahora la ciudadanía se quiere sacudir apuntándose a «PODEMOS». Me parece un fraude querer volcar toda la responsabilidad en un sector de la población (los políticos también lo son) y eximirnos el resto incluido el «Podemos». ¿Dónde estábamos cuando vivíamos todos tan bien?. Nunca me gustó la escisión, ahora tampoco. La salida no es el movimiento de masas del que tanto gusta al capitalismo y a todos los ismos (socialismo, comunismo, et.) y al que tan bien sirve.

        La salida vendrá por la transformación de los individuos desde dentro hacia afuera (a la inversa de lo que dice el materialismo dialectico). Y en esa medida la verdad, la belleza, y el mundo entero dejará al alcance de cualquiera. Dependerá de su esfuerzo, voluntad y deseo. En esa democracia yo si que creo. Con individuos maduros, cultivados, cultos, podemos crecer en sociedades más generosas, abiertas, y humanas. Quizás sea este al final nuestra meta (aunque sea utópica).

        1. Alicia Bermúdez dice:

          Susana, un comentario precioso y con alma.
          «transformación de los individuos desde dentro hacia afuera».
          ¡No has dicho casi nada!
          Casi todos los humanos tenemos ideas muy claras (siempre las nuestras) de cómo cambiar a «lo otro» y «a los otros». Pero «a mí mismo» solemos, aunque quizás sin intención ni darnos cuenta, de eludirlo.
          No es que lo afirme, que Dios me librara, pero es la sensación que tengo; de la humanidad en general.

        2. Jose Maria Bravo dice:

          Susana, interesante reflexion. Pero si uno ve las cifras de como esta la poblacion, solo el 32 por ciento vive, como se dice, bien. El resto esta al borde de la exclusion o en esta.

          La consciencia ciudadana es importante para cambiar la situacion, es parte de la Voluntad. Pero la Voluntad, tambien, tiene que ver con los otros, con los demas. Por eso, aunque parezca antiguo, las Constituciones Politicas, entre estas la nuestra, toma en cuenta esto. Eso se ha venido en llamar Justicia Distributiva, es parte de la Etica.

  5. ubaldo de azpiazu del campo dice:

    Creo que el asunto de «rendición de cuentas» es fundamental, la ciudadania sí es capaz de entender que ante un escenario complejo, no tiene porque ser un experto en energía atómica, y planteado honestamente y con transparencia un plan al final de la gestión se puede evaluar si cumplió o no cumplió .
    La ciudadania es más inteligente de lo que a los políticos les gusta, por eso la ocultación de todo y la opacidad,y sin saber de los temas por complejos que sean sí son capaces de entender si se cumplió o no.

  6. Manuel Bautista dice:

    Totalmente de acuerdo con la rendición de cuentas. De hecho, creo que es un concepto y una práctica cuyo desarrollo es consustancial al de la propia democracia.

    Pero lo que yo he tratado de plantear en el artículo es otra cosa: ¿qué pasa con aquellas situaciones inasumibles para la ciudadanía? Ponía el ejemplo hipotético del Consejo de Seguridad Nuclear, el órgano responsable de velar porque las centrales nucleares funcionen con niveles de seguridad adecuados. Los ciudadanos pueden «comprender» que la situación es lamentable. En eso estoy de acuerdo contigo. Pero lo que no admitirían en modo alguno es que después les dijeran que la solución de esa situación requiere 7 u 8 años. ¡Exigirían que se solucionase en unos pocos meses, como mucho! Y ¿si eso es imposible?¿qué se hace?

    Un saludo y gracias por tus comentarios

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