No cabe duda de que la sexualidad en nuestros tiempos ha evolucionado de forma incesante. Hace no demasiado tiempo todo lo relacionado con ella estaba siempre rodeado de un gran secretismo, y un poderoso halo convertía la cuestión en un tabú colectivo. Se depositaba solo sobre algunos profesionales las cuestiones que tuvieran que ver con el tema, los médicos en lo fisiológico y los sacerdotes en lo espiritual. Y es que lo sexual por entonces no era mucho más que lo concerniente a un órgano, o a algunas emociones encontradas que había que sublimar como fuera para el mantenimiento del sacramento matrimonial.

Algunos movimientos artísticos de comienzos del pasado siglo, otros sociales cuando hubo avanzado este, la publicación de algunos estudios de gran impacto mediático y el interés que el psicoanálisis despertó como explicación de los fenómenos intrapsíquicos a partir de las teorías freudianas, revolucionaron el panorama social en relación con la sexualidad humana.

Quizás en nuestra cultura occidental, marcadamente protestante en lo que a lo social se refiere, no se hubiera acelerado este proceso como así ha sido, si no fuera por la edición del estudio sociológico y estadístico de Alfred Kinsey, quien en el año 1.948 investigó sobre los hábitos sexuales del americano medio. En dicho estudio quedaba patente que prácticas como la masturbación, la bisexualidad, o la temprana iniciación a la sexualidad, hasta entonces consideradas en la opinión pública como temas secretos, comportamientos extravagantes o perversos y hechos marginales, estaban ampliamente extendidas; con lo que, además de poner en evidencia su práctica mayoritaria, situó estas cuestiones en el centro de los debates públicos.

Psicológicamente hablando, todo ello puso encima de la mesa una evidencia que convenía tratar, la diferencia entre los discursos verbales y el discurrir de la entrepierna. O lo que es lo mismo, la tremenda hipocresía reinante en lo que a la sexualidad se refiere. Aún hoy vemos escandalizados secuelas de esta realidad en no pocos estamentos sociales.

Sin duda emerger de aquel submundo, subterráneo, semi ilícito y fronterizo en todo lo que rodeaba la sexualidad, es un paso adelante decisivo para el desarrollo humano. Romper con el silencio que lo rodeaba, para hacerlo más riguroso, científico y profesionalizado, ha evitado mucho sufrimiento en las personas y las ha acercado a un conocimiento personal que está en favor de su desarrollo.

Pasado casi un siglo desde los primeros movimientos sociales representativos de esta liberación, es aconsejable revisar algunos puntos importantes relacionados con estos cambios sucesivos, porque surgen voces alarmadas por los pensamientos relativos a lo sexual, las prácticas y hábitos que se llevan a cabo por amplias capas de la sociedad y la total tolerancia hacia cualquier comportamiento relativo a ello, amparándose en esa abusada y acrítica categoría de la “libertad de acción”.

Varios datos nos pueden ayudar a centrar el debate que pretende suscitar el artículo. Un porcentaje inmensamente mayoritario de los jóvenes tienen prácticas sexuales, sean estas del tipo que sean, en el periodo comprendido entre los 15 y los 29 años. La edad media de iniciación a la sexualidad es algo menos de 17 años. Casi la mitad de los jóvenes no desea recibir más información sobre la sexualidad que la que ya tiene, y un 25% solo sobre las ETS (enfermedades de transmisión sexual). Los principales referentes en cuanto a sexualidad son los amigos y los educadores, y solo la madre en tercer lugar. Del padre ni hablamos. En cuanto a los adultos se refiere, las mujeres desean en un 80% tener más relaciones sexuales que las que tienen, pese a tener una media de al mínimo una relación semanal. La sexualidad tiene un valor máximo para casi el 70% de las personas adultas, y la planificación del acto sexual se hace necesario para casi el 75% de las personas que lo practican.  Con todos estos datos en la mano, se llega a la aplastante conclusión de que la sexualidad es un aspecto, práctica, acto, hábito, mundo, o como lo queramos llamar, que ha tomado totalmente el centro mismo de la vida de las personas en la actualidad.

Por lo tanto, en pocas décadas, hemos pasado de una situación de secretismo y de mala concepción sexual a otra abierta y practicante, sin que el conjunto de ideas, concepciones, percepciones y pensamientos, que pudieran dar lugar a una ideología, cosmogonía o filosofía sobre ello se haga notar lo más mínimo.

Los jóvenes preocupados por las ETS o los embarazos no deseados, los adultos por su práctica habitual, su satisfacción o su frecuencia, y los más mayores buscando remedios para evitar el declive sexual, parecen indicar que no hubiera otra forma de entender los estilos de vida que no se centren inevitablemente en el sexo como práctica central.

Porque para manejar una sexualidad individual correctamente nos deberíamos preguntar muchas más cosas, y más importantes, de lo que solemos hacer. Por ejemplo, ¿qué necesidad cubre el acto sexual? ¿Cuáles son sus motivaciones y estados finales? ¿Cuál es la frecuencia ideal conforme a los estudios y no a las estadísticas? ¿Al servicio de qué aspecto de la persona ponemos nuestra práctica sexual? ¿Contribuyen nuestros “estilos sexuales” a nuestro desarrollo como personas? ¿Cuántas heterosexualidades hay? ¿Existe la bisexualidad? ¿El órgano sexual es lo único que interviene, o juegan un papel central la mente y el deseo? ¿Cómo evoluciona a lo largo de la vida? ¿Cuál es la edad de inicio ideal de su práctica? ¿A todo el mundo le pasa lo mismo en sus relaciones sexuales? ¿Cuál es la razón de las preferencias y a qué obedecen? ¿Qué le sucede al ser humano si no tiene relaciones?

Si la enseñanza tiene su campo que es la educación, el pensamiento su terreno que es la filosofía, el conocimiento la ciencia y la alimentación la gastronomía, ¿cuál es el espacio para la sexualidad humana? ¿O es que se trata de una práctica cuyo objetivo es simplemente su realización? Pero si resulta que la sexualidad está ligada al resto de aspectos de la vida, tendremos problemas para otorgarle una disciplina, y deberemos volver a integrarla. Y si al estudiarla y analizarla los factores que inciden se multiplican por mil, tendremos que reconocer que nos encontramos ante un misterio.

Haber sacado al tema de la sexualidad del ostracismo, para hacerlo público, no deja de ser un gran avance, pero llevarlo incluso a que lo íntimo esté en el terreno de lo visible no parece que esté equilibrando correctamente estos pasos adelante, porque se adoptan modelos que asemejan a una obsesión colectiva más que a una práctica al servicio de la evolución de cada ser humano y de la humanidad en su conjunto.

Seguramente que, para lograr una realidad evolutiva en lo que a la sexualidad se refiere, no podremos evitar que en la agenda de temas tengamos que tocar algunos que quizás hayamos desterrado demasiado pronto. La relación entre la sexualidad y la afectividad, por ejemplo, asimismo los diferentes elementos que se ponen en juego en ella que, desde la dominación hasta el éxtasis, ofrecen panoramas muy diferentes, y también el efecto que produce en la mente humana el considerar a la sexualidad como una función aislada, y no como parte de una globalidad sintética y sincrética.

Ahora los abogados representadores de lo colectivo han legislado que la edad para el consentimiento de relaciones pasa de los trece a los dieciséis años. ¿Por qué dieciséis ahora? ¿Por qué trece antes? ¿Por qué lo tienen que legislar? Si no saben legislar sobre algo tan tangible, simple y obvio como el dinero de las huchas de sus agrupaciones, ¿Cómo van a hacerlo sobre algo tan complejo, profundo y misterioso como la sexualidad?

8 comentarios

8 Respuestas a “LA SEXUALIDAD SOCIAL”

  1. Teresa Cabarrush dice:

    Brillante e importantísimo artículo, Felicidades a su autor. La publicidad, GRAN PODER, está cargado de mensajes sexuales, hasta en anuncios para los niños. Nos bombardean y eso va calando en la mente y debilitando, ya lo decía el Arte Románico en sus capiteles, la borrachera de la lujuria en los individuos, gran peligro, debilitamiento de una sociedad.

    https://www.youtube.com/watch?v=lR93L8sUMNg

    Saludos.

  2. Manu Oquendo dice:

    Me ha gustado mucho, Carlos, y me suscita numerosos comentarios que si puedo iré haciendo.
    De momento algunas consideraciones generales.

    Realmente el entorno cultural que describes corresponde principalmente a una pequeña parte de la humanidad y durante un tiempo razonablemente escaso. Es el nuestro pero no el de todos.
    Mis amigos orientales aclimatados en Europa y USA nunca pudieron soñar que el complejo de Edipo –poco comprensible para ellos– fuese un fenómeno específico de nuestra sociedad. .

    Incluso podría añadirse una distribución espacial que centra el fenómeno en las ciudades porque en el campo siempre ha existido otra forma de ver y entender las cosas. Distinta.

    Como señalas, serían entornos de la Reforma cristiana del norte de Europa más estricta que el sur y sus herederos, los Pilgrims, en América, los núcleos de estas conductas.

    Esto no quiere decir que el sexo no tenga restricciones en todas las sociedades humanas, por motivos que van desde la protección de la integridad familiar –y la posibilidad de que los varones se empeñen vitalmente en su sustento la misma– a la pura higiene para protección de la salud y al control que el poder político ejerce sobre sus ciudadanías.

    Es decir, prácticas que evolutivamente reforzaban la preeminencia de un modelo social ascendente. El de la pequeña burguesía industrial que describe la Profesora McCloskey, Deirdre, (antes Donald).

    Parecería que el Viejo Régimen usaba el sexo como palanca de control social pero no tanto como los descendientes de las revoluciones USA y Francesa. Hoy, por contra, hay un evidente uso del sexo como forma de degradación social para conseguir los mismos efectos: Reforzar el Poder y….su Conservación.
    Esto no lo llegó a pillar Wilhelm Reich, le cogió mayor.

    Hoy se ignoran alegremente los efectos en la salud física y mental de determinadas prácticas (incluso con ocultismo institucional de los riesgos para no “llamar la atención” de los lobbies) y se pasa por encima de códigos sociales cuya razón es fruto de miles de años de experiencia universal.

    Supongo que tu excelente y provocador artículo dará lugar a muchos comentarios (el Pay Per View de la Televisiones se sostiene a base de Porno y Futbol y sería insostenible sin ellos) y habrá tiempo para más pero me gustaría añadir una reflexión:

    ¿Es casual que justo en la época cuando arranca nuestro declive cultural y económico, las únicas parcelas donde el Poder abre la mano sean El Sexo y Las Drogas y en todo el resto de nuestras actividades veamos crecer los controles, mandatos y restricciones a nuestra libertad personal?

    Creo que no.

    Saludos

  3. Teresa Cabarrush dice:

    Su artículo es completísimo, la cantidad de preguntas que nos ofrece para pensar. Toca Usted un tema que mueve al Mundo más que las propias ideas. La mayor preocupación que me llega tras leer su artículo es la protección de los niños, de adultos no digamos cuando vemos las noticias, para temblar.

    No estamos ante una sociedad NORMAL, eso es muy evidente. Se anula los programas de entrevistas, de música, todo lo que proporciona sabiduría, nada…desaparecido en combate, también me pregunto ¿ dónde están esas personas que deberían fomentar lo ” Sano” ?…ah el dinero, y así todos contentos, pero ¿ somos felices de verdad ?, no se ve la felicidad por ningún lado, ¿ no será que todo cansa, hasta el dinero ?, por supuesto que no hay que quitar valor al dinero, seríamos tonto, ¿ pero hasta donde puede saciar nuestro ” Apetito” ?, aunque deberíamos preguntarnos ¿ qué apetito ?…

    ¿ Qué queremos las personas ?, repito ¿Qué queremos ?, no creo que esto se lo pregunten muchos.

    Los problemas psicosexuales en las personas truncan en cierta manera sus vidas.

    http://diegocarcedo.blogspot.com/2011/10/sexo-y-politica.html

    http://www.doctorjosecabrera.com/docs/13.pdf

    Deberíamos restablecer hasta las buenas letras de canciones. Si la mayor felicidad está en lo normal, en lo sencillo , posiblemente en los lujos hay un mayor vacío..

    https://www.youtube.com/watch?v=4k-_78-SpxY

    Reitero mis Felicidades al autor.

    Saludos.

  4. Teresa Cabarrush dice:

    Disculpen, ” Reitero mis Felicitaciones al autor”.

  5. Sara dice:

    “Yihad sexual de las mujeres en Siria”. Lamentable, no entiendo a los hombres ni a algunas mujeres……

    http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/14/actualidad/1379158714_684648.html

  6. Robert dice:

    A lo largo del siglo XX se ha producido una especie de despertar sexual. Creo que la sexualidad, especialmente desde que nació el Rock, es un tema abordado, tratado y desarrollado por la cultura occidental de forma muy amplia. Para mí, en acuerdo con este artículo, esto es muy positivo para el desarrollo de una sociedad. Lo que debemos plantearnos a continuación es hasta qué punto un tema tan profundo y complicado como éste casa con una cultura consumista y superficial como es la nuestra actualmente. De tal manera, que opino que hoy en día en las sociedades occidentales, el sexo y la sexualidad se han convertido casi en marketing puro. ¿Quién no se puede sorprender hoy en día cuando, mirando a casi todos los grandes artistas famosos de nuestro mundo, descubre que el 99’9% de ellos son guapos y atractivos? ¿Quién, cuando pone la tele, no se ve inundado por vídeos e imágenes sin otra intención que despertar la apetencia sexual? Es la propia sociedad superficial en la que vivimos la que dificulta mucho el desarrollo de una sexualidad profunda en las personas. Mucha gente toma el sexo como otro más de los infinitos bienes de consumo de los que disponemos en esta “maravillosa sociedad nuestra”. Así que el sexo se puede practicar sin ninguna responsabilidad ni consideración previa. El sexo hoy en día viene a ser un producto del que disponemos en el mercado a un precio convenido; el cual “pagamos”, y listo (por ejemplo, en las discotecas; nuestros supermercados de sexo). Yo creo que ésta es la razón del deterioro de las relaciones estables y de los matrimonios. Y es que, actualmente, no hay necesidad alguna de ello para satisfacer la apetencia sexual.
    Un saludo.

    1. Alicia Bermúdez dice:

      Todos tenemos facetas y perfiles. Debe de ser por eso que no existen garantías de que con personas con las que estamos en desacuerdo en algunos temas vayamos a estarlo en todos los demás. Así pues, disintiendo con usted en lo concerniente a independencias y nacionalismos y esas cosas, no disiento en cuanto expone usted en referencia a la sexualidad y al sexo. Y, bueno, quería decírselo.
      Ciertamente es, como usted dice, un tema profundo y complicado que se ha frivolizado en nuestras sociedades occidentales hasta extremo — esto no lo ha dicho usted, es opinión mía — deprimentes y repugnantes.
      Y creo también que es posible que muchos de los males que aquejan a gran parte de los que vivimos en la actualidad vengan derivados (me refiero a la violencia, por ejemplo, que unos llaman de género y otros llaman doméstica) de la falta de respeto que sienten los unos hacia los otros por causa de que tanto los unos como los otros consienten en ser tratados y tratar, y ser utilizados y utilizar, como meros objetos de placer.

    2. Jack dice:

      Pues que valor en si tiene / tenia ese matrimonio que se puede tan facilmente sustituir con un “sexo pagado” en una discoteca or dondequiera?
      Eso obviamente indica toda la falsedad de ese innecesario institucion legal entre dos personas.

      La mayoria de los fracasos de tal relaciones y muchas otras cosas tambien yace en no ser autentico desde el principio. Y si ambos personas no son autenticas y ponen unas caretas sobre sus caras, el fracaso total sera garantido.

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