Regalos de Reyes

Prácticamente todo a quién he conocido, cuando plantea, argumenta o verbaliza, la forma en que el mundo debería cambiar o similares, se sube pletórico al púlpito aduciendo sus variopintas razones. Obviando con pasmosa naturalidad los motivos por los que las cosas son como son o estamos como estamos, se aventura al soñador, y casi siempre irresponsable, experimento de plantear cambiarlas en base a sus aplastantes, irrefutables e indelebles argumentaciones. Implícitamente somete a sus espectadores al juego en el que los demás, pobres infelices abotargados, deben escuchar estupefactos la sabiduría inherente del postulante.

Obviando con pasmosa naturalidad los motivos por el que las cosas son como son… nos lanzamos al irresponsable experimento de plantear cambiarlas en base a sus aplastantes, irrefutables e indelebles argumentaciones.

Es frecuente que detrás de las propuestas no haya más que una mezcla de deseos frustrados en los que fantasear su consumación, traumas dolorosos que se pretenden exorcizar, ilusiones infantiles insatisfechas, y altas dosis de prepotencia con la que subsanar un mundo que ha osado no contar con él para su desenvolvimiento. Estas son las cosas que suelen motivar estas tentativas experimentales, destinadas al cambio más profundo y venturoso del curso de la civilización.

Es difícil no sospechar que detrás se esconde el axioma de que ya que uno parece no poder cambiar las cosas, por qué no que las cosas cambien para uno. Hay que hacer todo un completo ejercicio de credibilidad para no caer en la tentación de pensar que quien plantea todas estas conjeturas fabulosas, en realidad suele mostrarse abiertamente incapaz de cambiar lo más mínimo en su propia realidad personal, siendo sus fantasiosas propuestas una mezcla de vía de escape interna y de cortina de humo hacia los demás.

…es una manera de escribirle una “Carta a los Reyes Magos” diciéndoles cómo quieres que sea el mundo, acoplándolo a tu propio mundo personal.

Algo así puede que suceda porque casi siempre, por un principio de desconocido origen, la persona que lo propone se sitúa en el centro mismo de la propuesta de solución, sin la cual nada de lo hablado tiene validez alguna. O te pones en el centro mismo de la Vía Láctea o no hay nada que decir. En el fondo es una manera de escribirle una “Carta a los Reyes Magos” diciéndoles cómo quieres que sea el mundo acoplándolo a tu propio mundo personal. Y cada vez nos vamos acostumbramos más a que no cambie nada sino sus personajes.

“Hay individuos y partidos que se llevan la palma en el malabarismo constante, dejándose arrastrar, y arrastrándonos a los demás con ellos, hacia un ejercicio del poder desde la ceguera y obnubilación narcisista”.

El mundo de la política actual está plagado de estos sustratos de auto frustraciones tan idóneos para una impostura activa, y las asociaciones y partidos cada vez más se rigen por estas claves paradigmáticas que favorecen que crezcan entre sus cuadros este tipo de desviaciones, aunque también los podemos encontrar en otros mundos como el de la empresa o los medios de comunicación. Pero si hemos de ser más claros, hay individuos y partidos que se llevan la palma en el malabarismo constante, dejándose arrastrar, y arrastrándonos a los demás con ellos, hacia un ejercicio del poder desde la ceguera y obnubilación narcisista, donde por fin encuentran una golosa y triunfante redención a sus principales traumas personales.

A estos juegos de impostura una buena parte del electorado es especialmente receptivo, y entra al trapo con ello en tanto en cuanto más sectarios y dogmáticos se muestran, pues mostrándose abiertamente incapaces de mover un ápice sus postulados maniqueos, por el sustrato de frustraciones personales que arrastran, aceptan de buen grado el funambulismo político como respuesta positiva, desoyendo otros principios como los de lealtad, limpieza y honestidad públicas.

..al primero Melchor por un “yo el primero”…  al segundo Gaspar por un segundón resentido… y al excluible negro del tercer lugar Baltasar por el mayor excluidor.

En este sentido, estas pasadas Navidades hemos asistido a todo un trueque impostador en nuestras principales tradiciones solsticiales de invierno, pues nos han cambiado, no en la infantil cabalgata real, sino en la estampa primigenia que la sustenta, al primero Melchor por un “yo el primero” que asoma devastador, al segundo Gaspar por un segundón que resentido de su papel se postula como fabricante de pobres, y al excluible negro del tercer lugar Baltasar por el mayor excluidor que los últimos tiempos han contemplado disimulándolo con carita de bonachón.

… igual conseguíamos restaurar y limpiar un poco el fétido aroma en el que estamos envueltos.

Y como mi amigo Héctor postulaba estas festividades ¿Por qué no cambiar la patética fiesta de los inocentes por un nuevo ritual social que consista en hacer un regalo anónimo al primer viandante que te encuentres sin mayor vínculo o interés, solo por el mero hecho de hacerlo? Pues, visto con detenimiento, igual conseguíamos restaurar y limpiar un poco el fétido aroma en el que estamos envueltos, y recuperamos algo el sentido profundo del regalo altruista en el egoísmo instalado en nuestras gentes.

Un comentario

Una respuesta para “Regalos de Reyes”

  1. Loli dice:

    El, interesante artículo de Miguel, nos remite a otro, igualmente quizás poco comentado, poco interiorizado inclusive, hablo por mí, ya que es posible que, en general, nos cueste mucho encontrar las carencias dentro de nosotros, y no sea más fácil realizar el juicio fuera, en los demás.

    Sé que este comentario está ya desubicado en el tiempo, las Fiestas Navideñas quedaron atrás, y la que marca, parece, el Año Nuevo en la Iglesia Ortodoxa, nuestros “Reyes Magos”, por supuesto también.

    Pero le he estado dando vueltas a lo referido en el artículo, y he llegado a la conclusión de que, ante el actual estado de cosas, donde ya la confusión entre necesidad y deseo impregna el comportamiento social, y nos es muy difícil entrar en una reflexión profunda y sosegada, independientemente, y eso es curioso, de los niveles culturales o intelectuales, cuando se realiza la equivalencia entre ambos conceptos, de que lo mencionado por Miguel en el artículo al que nos referencia “Conduciendo en dirección contraria”, es algo que tiene mucho “recorrido”.

    En dicho artículo el autor pone en cuestionamiento la capacidad de una generación “adulta”, supuestamente responsable que no “tiene clara la respuesta de, sobre todo, el para qué de las necesidades de sus deseos”, y que debe dirigir y servir de ejemplo a las generaciones que le siguen.

    Desde este punto, desde esta falta de asunción de nuestras propias respuestas a la vida social, ha ido, parece, depositando en la inconsciencia, una especie mezcla de lo que quisiéramos tener, de lo que pensamos sería imposible vivir si nos lo quitan, de la desesperación con la simple sombra de que lo que consideramos imprescindible no solo pueda no ser posible, sino que además no sea mayor cada vez.

    Todo ello nos lleva a situaciones kafkianas, entiendo, donde tratamos de justificar de forma absolutamente demagógica lo que claramente se evidencia como insostenible, sin cultivar, ni un poquito, en nosotros mismos, la capacidad que tenemos de cambiar, de adaptarnos, no ya a lo imprevisto, sino, quizás….hasta a lo inevitable…, de buscar esa capacidad…que aunque parezca latir débilmente en nuestra psique, existe, pues sin ella es posible que la vida del hombre sobre la tierra…no hubiera llegado muy lejos.

    Este panorama actual de confusión de deseos, necesidades, intereses y poder tiene, a mi modo de ver, un reflejo muy claro en los tipos de políticos y gobernantes que finalmente conformamos: un cuerpo verdaderamente extraño, abultado, desorientado e ineficaz.

    Haciendo referencia a los Reyes Magos, me pregunto si la idea que aporta Miguel en el artículo referenciado, no podría aplicarse a cada uno de nosotros al abordar nuestra vida en sociedad, en política…

    Es decir, “Melchor regalaba lo valioso”, ¿podríamos pedir a nuestros futuros dirigentes algo digno de ser admirado?, se me ocurren muchas cosas, cultura, preparación no dirigida únicamente a formar parte de un partido y posteriormente del poder, honradez, lealtad con ambas cosas, compromiso con la verdad y con hacer llegar todas estas cosas a los ciudadanos…

    “Gaspar regalaba algo para respirar con más pureza”, ¿podríamos pensar en pedir políticos que apuesten por el arte, por liberarlo y potenciarlo….¿qué mejor medio de respirar otras posibilidades para potenciar la alegría, creatividad y descubrimiento…junto con los demás?.

    “Baltasar regalaba lo oculto y misterioso”…¿podríamos pedir que no se mienta a la ciudadanía, pero que a la vez se empleen todos los medios necesarios para dar salida a los miedos, no para atarlos, y quizás la única manera sea la de enseñar que nuestras posibilidades y capacidades para los cambios son reales, y somos capaces de desarrollar herramientas psicológicas para ello, sin que la desesperación y la tragedia se adueñe irremediablemente de la sociedad, y vislumbrar, quizás, los horizontes de un nuevo futuro?.

    Quimeras, seguramente, son las que reflejo en este comentario, también tardanza al escribirlo…pido disculpas por ello…

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