Hipnosis

Corría el siglo XVIII en Europa. En el siglo de las Luces, la cultura y la razón iban ganando la batalla al dogmatismo ciego y oscuro, victorioso de la cruzada contra el espíritu de los hombres libres, y que estuvo dominando durante más de quinientos años las conciencias y los actos de los ciudadanos; pues el Renacimiento fue poco más que un espejismo medido y programado para limpiar las malas conciencias de los culpables, en el que los artistas eruditos escondían mensajes ocultos en sus obras.

En el siglo de las Luces, la cultura y la razón iban ganando la batalla al dogmatismo ciego y oscuro.

El infantilismo, del que ahora conocemos un resurgimiento, era el denominador común del estado mental de las sociedades, hasta que un amplio conjunto de pensadores en diversas naciones da un salto cualitativo en favor del librepensamiento, el raciocinio y el empirismo en relación con el conocimiento. No es de extrañar el amplio respaldo que tuvo entre las élites y las clases altas, estragadas del sincretismo tóxico y tiránico establecido por los dignatarios de la fe.

Esta amplia apertura hacia el conocimiento permitió una ingente cantidad de descubrimientos, investigaciones, enciclopedias del saber, y artificios que supusieron increíbles adelantos en lo práctico y lo teórico en las sociedades en las que arraigó con más calado. Desde la metafísica hasta el arte, desde las humanidades a las ciencias naturales, desde la Técnica hasta la Física, no hubo campo del saber que no fuera claramente enfocado desde esta nueva visión. La mente del pensador se abrió en canal, absorto en sus capacidades y el vasto mundo que iban abriendo los descubrimientos sucesivos. Aún hoy bebemos a raudales de las conclusiones de Newton, los planteamientos kantianos, y seguimos utilizando, mejorados, los pararrayos del americano B. Franklin.

La mente del pensador se abrió en canal, absorto en sus capacidades y el vasto mundo que iban abriendo los descubrimientos sucesivos.

En este contexto de ebullición mental colectiva surge una figura, seguramente exageradamente avanzada para su época, que fue el médico e investigador austriaco Franz Mesmer, que pronto dirigió sus pasos hacia el estudio de la relación de la energía humana con las cósmicas (luna, planetas, etc.), convencido de la influencia que estas tenían en la salud de sus pacientes a base de múltiples evidencias empíricas. Su tesis inicial fue admitir que en el cuerpo humano cursaba una suerte de fuerza electromagnética, cuyas anomalías e interferencias eran causa de alteraciones y enfermedades, algo que un par de siglos antes llevó a Paracelso a estar al borde la hoguera por herejía, y es igualmente el principio y base de la milenaria acupuntura china.

Sus mayores conflictos surgieron a cuenta de sus divergencias con los métodos exorcistas imperantes en la época, que a diferencia de la posesión satánica en la que se creía, para Mesmer no eran sino anomalías en la corriente electromagnética cerebral. Efectivamente, la ciencia descubrió más adelante que la mayoría de las personas a las que se les practicaba el exorcismo padecían simplemente de epilepsia.

En la aplicación de sus terapias para reequilibrar las energías corporales dio con lo que luego se conoció como hipnosis.

En la aplicación de sus terapias para reequilibrar las energías corporales (cerebrales) dio con lo que luego se conoció como hipnosis (o estado hipnótico). Más allá de discusiones sobre el término, lo que más sorprendía al mundo científico de la época era que exactamente se producía el proceso inverso al exorcismo; a saber: que la mente de un ser “normal”, mediante determinados procesos, podía quedar a merced de la persona que inducía el estado final. Es decir que, siguiendo la iconografía eclesiástica, Satán no tenía por qué tener forma de un gran demonio aterrador, sino que podía ser tu vecino, el vendedor de un concesionario, el director del periódico, o el propio Presidente de la República.

…todos sus componentes y el propio rey acabaron sus días condenados y sentenciados a muerte en las plazas de París, mediante el método diseñado por otro de los comisionados Monsieur Guillotin…

El revuelo fue tan enorme que tuvo que intervenir hasta el propio rey francés para poner un poco de orden en aquel inmenso escándalo –algo que no consiguió cuando unos años después las turbas hambrientas saquearon su palacio de Versalles y acabaron con la monarquía–. ¿Quién sabe si aquellos pobres esqueléticos lo llevaron a cabo por el miedo a ser ellos mismos hipnotizados, o por el efecto previo de un estado hipnótico efectuado conspirativamente desde un anonimato aterrador? Todo se hizo más siniestro cuando un grupo comisionado por la Academia de Ciencias francesa, a petición del monarca, determinó que todo aquello era simplemente consecuencia de la sugestión humana. Menos el embajador americano en Francia por extranjero, todos sus componentes y el propio rey acabaron sus días condenados y sentenciados a muerte en las plazas de París, mediante el método diseñado por otro de los comisionados Monsieur Guillotin, que a su vez se sospecha que acabó sus días recibiendo una sola y definitiva dosis de su invento. ¿Ironías del destino?

Por descontado queda que al iluminado descubridor de la hipnosis lo tildaron de fantasioso y quedó definitivamente defenestrado del mundo científico.

Aún con las ultimísimas y vanguardistas técnicas científicas aplicadas al funcionamiento cerebral desde las neurociencias, solo se sabe de las áreas corticales y neocorticales implicadas en los procesos hipnóticos, en las que destacan partes involucradas en la atención y la toma de decisiones, y otras relacionadas con las emociones, el placer y las recompensas, igualmente vinculadas a la sugestión y autosugestión, pero se sigue desconociendo la naturaleza intrínseca del fenómeno, su operativa y la extensión en el funcionamiento de la mente humana.

…pero se sigue desconociendo la naturaleza intrínseca del fenómeno, su operativa y la extensión en el funcionamiento de la mente humana.

Y mientras que esto siga en este estado -¿deliberado?- de indefinición, hasta el punto de desconocer si realmente lo que vivimos es producto de la sugestión hipnótica o no lo es, y solamente descartada la hipótesis de un Satán caricaturesco, ¿Por qué hemos de seguir pagando a Hacienda, yendo a trabajar, mandando a nuestros hijos a la escuela, encendiendo la tele, o hablando de libertad?

2 comentarios

2 Respuestas a “Hipnosis”

  1. Loli dice:

    A mí me ha llamado la atención que desde hace unos cinco o seis años, igual alguno más, se han ido produciendo en la industria cinematográfica norteamericana una serie de películas, de las que se podrían calificar como “ciencia ficción”, donde parece que la ciencia, o sus recientes pasos, se van imponiendo a la ficción especulativa.

    También parece que es porque nuevos descubrimientos dan pie para la búsqueda de, por ejemplo, nuevas fuerzas físicas en las que está inmersa la vida, como es la Fuerza del Amor, y se busca ya sin subterfugios.

    Es de notar cómo el goteo de descubrimientos realizados por científicos o pensadores, es utilizado por los poderes del momento para sus propias manipulaciones.

    Las aplicaciones terapéuticas de las investigaciones de Mesmer, aún sin comprenderlas, enseguida fueron tomadas en su vertiente manipuladora, la de la sugestión, aunque fuera algo, que quizás y sin ponerle un nombre, se estuviera ya realizando en modo social desde hacía mucho tiempo.

    Deduzco que en esa manipulación, nos encontramos aún ahora, con una potentísima herramienta: las nuevas tecnologías.

    Sin embargo, y retomo el principio del comentario, así como Mesmer intuyó y comprobó que fuerzas aún desconocidas, “internas” y “externas” en el hombre, en lo que esos dos conceptos también incompletos pueden acaparar, forman parte de la posibilidad de su vida y de su comportamiento en ella, entiendo que esa fuerza que ya los científicos buscan como tal, la del Amor, también se encuentra dentro de las que el propio Mesmer podía intuir, y esa, seguramente, puede que se escape mucho más de afanes manipuladores, aunque sí se puede distorsionar y hacerla confusa en unas mentes ya inducidas hacia estados “hipnóticos de adoctrinamiento”.

    Aún así, cuando me paro a escuchar o a leer todas las argumentaciones con las que se intentan justificar imponer determinadas actitudes y comportamientos sociales desde un punto de vista “moral”, como es lo “políticamente correcto”, me sorprendo de la agresividad, virulencia, desprecio y odio que se desprende de la defensa de esas argumentaciones.

    El ideario, la doctrina, lo hipnótico….se impone a la libertad, al cariño, a un mínimo atisbo de acercamiento a esa Fuerza en la que también vivimos, y que sigue siendo la gran desconocida: el Amor.

    ¿Es necesario siempre estar dándonos respuestas ciertas y contundentes a todo tipo de sorpresa o diversidad aparente que creemos reconocer en un “aparente” también “progresismo justiciero”?, o ¿estamos tratando de apresar, esposar, poner cadenas y encarcelar dentro de siglas, denominaciones cerradas y selladas todo aquello que reclama el descubrimiento individual de cada ser humano?.

    ¿Y si tratáramos de poner más cariño y menos imposiciones ante lo que, en realidad sabemos que desconocemos?….O…¿es que nos hemos acostumbrado a esta especie de funcionamiento inducido en la sociedad, y somos las propias personas que nos movemos en ella, las que, de una forma u otra, demandamos tener un tipo de dirigentes que dominen el mensaje que queramos oir, aunque en lo demás sean unos absolutos incultos que confunden la fuerza del cariño, de la sensibilidad, con sus propios deseos e intereses?.

    ¿Es esta la sociedad progresista, avanzada y civilizada de la que estamos tan orgullosos?.

  2. Manu Oquendo dice:

    El hipnotismo, la capacidad de algunas mentes para establecer relaciones de dominio indiscutible sombre algunas otras mentes dirigiendo sus comportamientos, fue parte de mi formación en el bachiller y en la universidad.
    Por alguna razón, mis educadores jesuitas lo conocían bien y tenían especial interés y disciplina para que –en dos clases completas durante el bachiller y al menos una en la universidad– observásemos en directo la experiencia llevada a cabo con alguno de los compañeros que se ofrecían voluntarios para ello. No todos servían para esta labor de «hipnotizado». Eso también nos quedó claro.

    De este modo salimos del internado y de la universidad por lo menos vivamente conscientes de que era muy posible que alguien tomase control de tu mente. El jesuita que llevaba a cabo aquellas sesiones era el célebre y muy conocido P. Pilón.

    El comportamiento de las personas como miembros de grupos más o menos grandes es una disciplina que hoy está en manos de muy pocos especialistas y que se divulga prácticamente nada. De hecho sigue sin tener versión española el libro de Wilfred Trotter de 1916 que en español se titularía «El instinto de la manada en la guerra y en la paz». Libro dificilísimo de conseguir en inglés salvo si se recurre a los archivos de facsímiles de una universidad norteamericana cuyo nombre no recuerdo en este momento.
    Trotter era neurólogo, como Freud del que era amigo. De hecho cuando Freud escribe su breve tracto sobre la «Psicología de las masas» cita y recurre a la obra de Trotter.

    Este es un campo realmente reservado a algunos poderes sociales siempre discretos y cercanos a las agencias de inteligencia. a los gestores públicos y privados de opinión pública (para establecer y modificar el pensamiento hegemónico o dominante) y a las instituciones que en última instancia han de recurrir a la coacción y a la coactividad si lo anterior no funciona .
    El resto, es decir, más del 99.9% de las sociedades modernas, desconocen el campo académico casi en su totalidad a pesar de que vivimos inmersos en él.

    Es para mi muy evidente que durante los últimos 40 o 45 años el Estado ha hecho grandes y discretos –inconfesables a veces– esfuerzos en este campo de la manipulación colectiva sin que la sociedad caiga en la cuenta de ello. Y cuando lo hacemos es «a toro muy asado».

    A veces incluso recurren a cosas tan burdas y primitivas como el actual «Momento Greta» que nos hacen vivir con una desvergüenza que realmente solo evidencia su determinación de manipular.

    En su momento se nos pasó comentar este artículo de D. Carlos Peiró, tan de agradecer. Gracias también a Loli por recuperarlo y por su incisivo comentario.

    Buenos días.

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