El 22 de enero de 1968, hace 50 años, se lanzó la nave espacial, no tripulada, Apolo 5. Al finalizar el año, el 24 de diciembre, el Apolo 8 orbitaba en torno a la Luna; sus tres tripulantes fueron los primeros en contemplar la cara oculta de nuestro satélite. Mientras conquistaba el espacio, cada vez resultaba más evidente que EE.UU. estaba perdiendo la guerra de Vietnam.

Dos semanas antes, el 5 de enero, comenzaba la Primavera de Praga, buscando otra forma de socialismo menos burocrática y totalitaria que la de la Unión Soviética; hasta que, el 20 de agosto, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron el país.
Entre tanto, tuvieron lugar el mayo francés, el asesinato de Robert Kennedy y el de Martin Luther King. Massiel ganaba en abril el festival de Eurovisión.

Después vinieron los Juegos Olímpicos de México, que posiblemente hayan sido los mejores de la historia; con el salto de Fosbury, el record en salto de longitud de Bob Beamon que se mantuvo durante 23 años, la ruptura de la barrera de los 10 segundos en 100 metros lisos y el saludo desde el podio de dos atletas negros con el puño en alto. No se recuerda tanto que, diez días antes de la ceremonia de apertura, policías y militares mejicanos mataron decenas de personas en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Y así podríamos seguir, recordando el movimiento hippie, el amor libre, la pedagogía de Freire o el utopismo de Summerhill. O las imágenes de las hambrunas de Biafra o de helicópteros y bombardeos de napalm que podíamos ver en televisión.

Hay una maldición o un proverbio chino, según como se interprete, que dice “Ojalá vivas en tiempos interesantes” o “Afortunado el que vive en tiempos interesantes”, entendiendo por interesante todo lo contrario a la estabilidad, a la ausencia de cambio. Y no cabe duda que los tiempos del 68 lo fueron.

A lo largo de este año, cinco décadas después, se nos van a recordar todos estos acontecimientos en todos los medios posibles. Cada cual analizándolos según le convenga. Y, probablemente, el mayo del 68, con los estudiantes arrancando adoquines de las calles de París, para encontrar debajo la playa, se nos presente como uno de los hechos más significativos. Algo que todavía pretenden rentabilizar las izquierdas. Queda al criterio de cada cuál el valorar si estos acontecimientos tuvieron más de rebeldía que de revolución, y si tuvieron la misma trascendencia que la lucha por los derechos civiles o el cuestionamiento del totalitarismo y la burocracia soviética.

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