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Recientemente se han difundido los resultados de las oposiciones a profesores de Secundaria y Formación Profesional que se celebraron en junio y julio del presente año. Se ofertaban 23.689 plazas, para las que se presentaron 250.000 opositores. Y resulta que no se han cubierto todas ellas, sino que el 8,4% han quedado desiertas, porque no ha habido suficientes aprobados.

Pero no ha sucedido así en todas las Comunidades Autónomas, aunque el temario era el mismo. De este modo, mientras que en la Comunidad Valenciana se han adjudicado todas las plazas ofertadas, en el País Vasco, Navarra y la Comunidad de Madrid más del 20% han quedado desiertas.

¿Quiere esto decir que los opositores de algunas Comunidades han estudiado más o son más capaces que los de las otras? ¿O es que los ejercicios se han corregido de forma diferente, siguiendo las instrucciones de los correspondientes gobiernos autonómicos? Conviene recordar que las plazas que no se cubran con funcionarios tendrán que ser atendidas por profesores interinos, cuyo coste y condiciones laborales son muy diferentes de las del funcionario vitalicio.

El primer ejercicio de esta prueba, en el que se valoran los conocimientos teóricos y prácticos, es eliminatorio. Y solo aquellos que lo superan pasan a la segunda parte en la que tienen que defender una programación didáctica y en la que se valora la experiencia docente. En concecuencia puede darse el caso, y se da, de que un profesor que lleva años como interino en la enseñanza pública o como docente en la enseñanza privada, quede eliminado porque le ha caído en suerte un tema que no domina o unos problemas particularmente enrevesados. No podemos olvidar que mientras se está dando clase queda muy poco tiempo para asistir a una academia y preparar el temario de una oposición.

mientras se está dando clase queda muy poco tiempo para asistir a una academia y preparar el temario de una oposición.

Es más, muchos magníficos profesores funcionarios, con décadas en activo, no aprobarían la oposición si tuvieran que repetirla en este momento. Y esto incluye a los miembros de los tribunales, que son los que puntuan a los opositores. Y es que, posiblemente, las oposiciones no sea el sistema más adecuado de selección del profesorado; al menos, tal y como están concebidas en este momento.

Las oposiciones parten del supuesto de que los candidatos que obtienen las mejores puntuaciones serán los mejores en su puesto; pero no hay estudios que lo demuestren. A lo sumo, los seleccionados en una oposición son personas que han sido capaces de mantener un esfuerzo continuado y solitario durante largos periodos de tiempo. Un proceso del que quedan excluidos o en el que están en desventaja aquellos que no pueden mantenerse durante varios años sin generar ingresos, dedicándose exclusivamente a preparar un examen. Un proceso que supone, además, un despilfarro de esfuerzo y de tiempo para aquellos que no consiguen aprobar la oposición, pero que podrían haber adquirido experiencia laboral de no haberse dedicado a ella en exclusiva.

Aprobar la oposición de profesor, además, no garantiza que se tengan aptitudes para la enseñanza. El máster de formación del profesorado, que supuestamente capacita para la docencia y que se exige para poder opositar, no se parece, ni de lejos, al sistema de selección y formación de los médicos especialistas, una vez finalizada la carrera de Medicina.

No hay evidencias de que los profesores que han aprobado una oposición sean mejores docentes que aquellos que no lo han hecho. Y se pueden encontrar múltiples ejemplos de lo contrario, tanto en la enseñanza publica como en la privada.

No hay evidencias de que los profesores que han aprobado una oposición sean mejores docentes que aquellos que no lo han hecho

Y esto nos lleva a otra polémica: ¿es necesario que los profesores de las escuelas, institutos y universidades públicas sean funcionarios?

La figura del funcionario vitalicio se creó como mecanismo de seguridad para mantener la continuidad administrativa al margen de los cambios políticos. Era una forma de asegurar la imparcialidad en la toma de decisiones, evitando el cese o el despido por conveniencia del poder político.  Y esto parece claro en el caso de los jueces, los policías y los inspectores de Hacienda, por ejemplo; pero no lo parece tanto en otros ámbitos como la educación o la sanidad.

De hecho, en Europa hay dos grandes modelos: el que extiende la categoría de funcionario vitalicio a muchas profesiones, como sería el caso de España o de Francia, y el que lo restringe a unas pocas, como es el caso de Suecia en el que tan solo el 1% de los empleados públicos son funcionarios.

Los partidarios del modelo amplio, además de la imparcialidad, argumentan que la existencia de funcionarios vitalicios, que han accedido a su puesto mediante un sistema riguroso de selección, garantiza la prestación de servicios públicos de calidad y sin discriminación alguna. Por el contrario, sus detractores afirman que estos funcionarios son menos eficientes que los trabajadores equivalentes del sector privado porque no reciben las mismas presiones ni tienen los mismos incentivos, y porque su salario o la continuidad en su puesto de trabajo no depende de lo bien o lo mal que lo desempeñen. Es decir, aunque existe un Estatuto Básico del Empleado Público, donde se tipifican las faltas disciplinarias y las correspondientes sanciones, incluida la pérdida de la condición de funcionario, en la práctica prácticamente no hay mecanismos para deshacerse del funcionario nefasto ni formas de recompensar al excelente.

En cuanto al blindaje que proporciona la inamovilidad en el empleo frente a las interferencias de los políticos y la supuesta imparcialidad de los funcionarios, hay muchas maneras en las que los políticos pueden influir sobre sus decisiones. Para empezar porque son los políticos los que elaboran las leyes y nombran a los ministros y directores generales; y, aunque puede que no esté en su mano echar a un funcionario, sí que pueden hacer mucho por promocionarlo o por dificultar su carrera profesional; particularmente en los Ayuntamientos y las Administraciones Autonómicas.

De todas maneras, el que la mayoría de los empleados públicos sean funcionarios de carrera o, por el contrario, personal laboral contratado por el Estado, es una cuestión secundaria si no se establece un sistema de selección basado en los méritos y las cualificaciones más racional que el que tenemos ahora, que venga acompañado de los correspondientes mecanismos de formación, promoción, control e incentivación, incluida la posibilidad de despido por causas objetivas.

Hay quienes piensan que reducir progresivamente el número de funcionarios y aumentar el de empleados laborales es una forma de desmantelar el sistema público, privatizándolo. Pero, volviendo al tema de los profesores, hay países, como Suecia o Finlandia, en los que la escuela privada es testimonial y, sin embargo, los profesores no son funcionarios.

3 comentarios

3 Respuestas a “Funcionarios de la docencia”

  1. pasmao dice:

    Don Enrique,

    es un tema muy complejo.

    Lo principal es la capacidad de profesor(maestro), una buena enseñanza depende básicamente de tener buenos profesores, el resto influye pero es accesorio.

    Y para ser buen profesor a demás de que sea “capaz” y de que enseñe también (o sobre todo) con el ejemplo, es fundamental el apartado vocacional.

    El problema que no se quiere reconocer de la enseñanza pública, extrapoable muchas veces a la privada, es que el aspecto vocacional.. es escaso. Se dedican a ella quienes muhcas veces no han podido hacer otra cosa. Muchas veces quienes han sacado peores notas en selectividad son los que se dedican a.. mientras los otros se van a Medicina, Ingenierías..

    Añadamos que llevamos mucho tiempo con los profesores mas preocupados por defender sus derechos, los de ellos, que interesados por lo que aprenden sus alumnos. Se nos quiere hacer ver que es un binomio en el que ambas partes van de la mano, y francamente yo no lo veo así.

    Pero lo peor no es que lo vea o o deje de ver yo. Es que lo ven/perciven los alumnos, y es una de las causas por la que los alumnos les van perdiendo el respeto a los profesores. Los niños no son tontos.

    Entre asegurar los derechos ligados a una carrera de funcionario, donde la subida en el escalafón se basa en que esté todo reglado y el arriesgar cuando se enseña, a opción es clara.

    No soy un fan por ejemplo ni de las escuelas Waldorf, ni del Montessori, etc.. aunque pueden tener aspectos muy positivos. Pero estoy seguro de que sus inovaciones pedagógicas serían imposibles desde un sistema reglado cerrado. Y si en algunos casos, paises, se han incorporado al sistema público, es porque previamente algún “loco” (o genio) tuvo la idea de que así se enseñaría mejor, y se arriesgó (por vocación) por libre, y luchandop contra viento y marea al final han tenido un reconocimiento.

    Pero eso no se hace desde un ministerio, y casi que mejor. Porque desde un ministerio o consejeria de educación sólo se conseguiría y buscaria manipular aún mas.

    Parecido pasa en Medicina, con los médicos, pese a que su nota de selectividad sea alta.

    La funcionarización y protocolarización de la medicina nos ha triado que los malos médicos no puedan causar muchos daños, pero que los buenos médicos no puedan desarrollar su potencial, porque antes o después chocan con el sistema.

    La ventaja de la Medicina es que los buenos que chocan con el sistema, en algunos casos y si le echan valor, pueden ir por libre (con los riesgos que ello les representa). Pero para el caso de la educación, y dada la mediocrridad de partida, es mucho mas difícil.

    un muy cordia saludo

    PS muchas gracias a todos los profesores/maestos que todos los días y pese a la montaña de dificultades y el poco agradecimiento de muchos, quizá también de mi mismo, logran (básicamente con su ejemplo) que los niños crezcan mas felices y sean mejores personas, y que además aprendan.

  2. O'farrill dice:

    En mis tiempos nadie quería ser funcionario público porque había mucho empleo en el sector privado y las contrataciones eran firmes, no precarias. Se suponía además que, si te hacías funcionario, era porque no servías para otra cosa. Eran tiempos de superación profesional, intelectual y laboral. Claro que había buenos y malos estudiantes, pero también había -como dice “pasmao”- grandes maestros vocacionales enamorados de un trabajo (que no profesión) que los incentivaba a su vez y no miraban las horas para cubrir la jornada. Conocí uno de ellos en el colegio público donde asistía mi hija. Se
    llamaba D. Santiago (así con el “don” delante). Supongo que ya está jubilado. Conocí otro en la escuela privada que no usaba textos, sino que se preparaba todas y cada una de las clases fuera de las horas lectivas…… durante su descanso, incluso los fines de semana. Finalmente he conocido a otras recientes en la escuela pública, con un buen sueldo, que creían que la “pasionaria” era una virgen….. patrona de algún pueblo. Cubren su horario, cobran y a otra cosa….
    La autoridad que se reconoce por parte de los alumnos (que no son tontos aunque estén mal educados) es la intelectual de Don Santiago, no la de quien acaba de “pillar” el puesto y no toca la tiza en la pizarra para no mancharse.
    Un saludo.

  3. Paz dice:

    Lo que no tiene sentido es que los profesores tengan que presentarse cada dos años hasta que tengan la plaza en “propiedad” (¿se la escrituraran y todo?). Todos esos años estan entre dos sillas y mal sentados, porque no pueden dedicar toda su energia a dar clase y tampoco a preparar su oposicion, lo que dedican a una cosa se lo quitan a la otra: perverso, gasto inutil de energia en un oficio en el que hay que tener mucho para dar mucho.
    Tampoco ayuda que Magisterio tenga un nivel bastante justito, por no decir pobre. Un maestro tiene que tener sabiduria.

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