La institucionalización de la pobreza

En una de las mejores películas sobre prisiones, Cadena perpetua, uno de los reclusos, Brooks el bibliotecario, se resiste a ser puesto en libertad después de pasar cincuenta años encerrado. Muchos de sus compañeros no comprenden esta resistencia, y es entonces cuando Red (Morgan Freeman), uno de los dos presos protagonistas, explica su comportamiento:

Brooks no está loco, sino institucionalizado. Ese hombre se ha pasado aquí dentro cincuenta años ¡Cincuenta años! No conoce otra cosa. Aquí dentro es un hombre importante, es un hombre culto. Fuera de aquí no es nada, un viejo inútil con artritis en las manos… No podrá conseguir un puñetero trabajo. Créeme, estos muros embrujan: primero, los odias. Luego, te acostumbras. Y al cabo de un tiempo, llegas a depender de ellos.

Y lo que sucede en una prisión podría extenderse, con matices, a otras instituciones, como los hospitales psiquiátricos, las residencias de ancianos, los cuarteles o las escuelas, en las que se vive internado durante años.

Una institución es una organización, por lo general jerárquica y regida por normas, que se crea con un propósito y que está instalada en el funcionamiento de una sociedad y contribuye a estabilizarla. La banca, las empresas, el ejército, los sindicatos, la Iglesia y el Estado son instituciones, pero también lo es la familia. Querámoslo o no, todos pertenecemos, financiamos o dependemos de más de una institución.

Se entiende que las instituciones proporcionan un beneficio social, porque intentan cubrir de forma organizada y metódica una necesidad. Pero puede suceder, y sucede, que las instituciones dejen de ser un medio para alcanzar un objetivo y se conviertan en el objetivo mismo; puede suceder que antepongan su existencia a aquello que originalmente perseguían.

Y se da la paradoja de que, para seguir existiendo, tengan que mantener aquello que supuestamente solucionan. Nuestro salvador es, simultáneamente, una de las causas de nuestro problema. Al institucionalizarlo, el problema se mitiga, pero también se crea una relación de dependencia. Se reduce la capacidad de resolver la situación por uno mismo. Y se pierde perspectiva al estar encerrado en la institución.

Muchos de los que dependen de una institución terminan institucionalizándose, y convierten esta dependencia en un derecho; reivindican y hacen valer su condición de dependientes. Y esto es lo que, de alguna manera, está sucediendo con la pobreza. El pobre institucionalizado no se considera responsable de su pobreza; esto es, no asume la parte que le corresponde para salir de ella.

El pobre institucionalizado no se considera responsable de su pobreza

Muchas de las instituciones que pretenden combatir la pobreza viven gracias a ella. Este es el caso de algunas ONG que, por su tamaño, se diferencian poco de una gran corporación. Directivos, publicistas, inspectores, administrativos… Cientos o miles de personas a sueldo, muchas de ellas alejadas de los puntos calientes del problema (campamentos de refugiados, asentamientos de chabolas, barrios marginales, países en guerra…). Su entramado es tal que consume una buena parte de sus recursos, antes de que lleguen a su destino.

Con los autodenominados gobiernos de izquierdas sucede algo similar. Dicen defender a los pobres y simultáneamente los fabrican. Aumentar por decreto ley el salario mínimo puede parecer una medida para paliar la pobreza, pero el efecto que consigue puede ser el contrario: que haya más gente en paro o trabajando en negro.

Las prestaciones sociales, los subsidios y las subvenciones se pagan con impuestos; con dinero recaudado o con dinero prestado que hay que devolver. A más prestaciones más impuestos. Y, por lo general, las subidas de impuestos repercuten mucho más sobre las rentas medias, sobre el asalariado y el autónomo, que sobre las rentas elevadas. Consiguen reducir, a la baja, la diferencia entre los muy pobres y los pobres a secas; porque no nos engañemos, tener una renta media no es ser rico.

Está muy extendido el mensaje de que las prestaciones sociales, como la sanidad o las pensiones, serían mucho mayores y sostenibles si los políticos no robaran y los ricos pagaran lo que deben. Pero resulta que al gasto anual de las pensiones españolas es de 150.000 millones de euros, de forma que la fortuna de Amancio Ortega, que es de 50.000 millones de euros, solo valdría para pagar las pensiones de cuatro meses, y la del resto de los millonarios del país escasamente cubriría lo que queda del año. Y después, una vez expropiados, ya no quedarían ricos ni dinero con el que pagar el siguiente año.

la fortuna de Amancio Ortega, que es de 50.000 millones de euros, solo valdría para pagar las pensiones de cuatro meses

El Estado es una institución y pretende que los ciudadanos estén institucionalizados. No solo se institucionalizan los pobres, sino también los niños, los ancianos, los enfermos y los parados. Y los funcionarios, los profesores y los artistas. Porque las subvenciones vienen acompañadas de requisitos y contraprestaciones, y todos los que las reciben de alguna manera están atrapados.

Hay razones a favor o en contra de las subidas de impuestos  y de cómo repercuten en el bienestar social; pero este no es el tema principal de este artículo, sino otro: el de cómo las instituciones dejan de estar al servicio de las personas y consiguen invertir la situación: que sean las personas las que estén al servicio de ellas.

Un comentario

Una respuesta para “La institucionalización de la pobreza”

  1. O'farrill dice:

    Tengo que referirme de nuevo al tan citado Luigi Ferrajoli autor de «Los poderes salvajes» que se refiere a «la máxima verticalización y concentración de los poderes (del dinero) y la máxima división y disgregación de los demás (de los pobres).» Es un hecho que la brecha entre unos y otros es cada vez mayor en el régimen político socialdemocrático que viene establecido como globalizado (pensamiento único). También es un hecho que esos poderes salvajes no van a permitir que cambie la situación establecida porque todos ellos se apoyan en la democracia (se puede votar aunque no esté claro para qué). Disgregar, enfrentar y manipular a los pobres con ideologías de diseño, para aislarlos y evitar la contaminación por ideas heréticas. El «despotismo mayoritario» de Alexis de Tocqueville: «que ve en el aislamiento de los hombres la garantía más segura de su propia duración…alza barreras entre ellos y los hace indiferentes a la virtud pública… una multitud de hombres semejantes e iguales (uniformización) que giran sin descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres….cada uno es extraño al destino de los demás…»
    En el diseño social que se nos ha preparado hay instituciones para todo y muchos viviendo de las mismas, lo que confirma la opinión de Enrique: si desapareciera el problema dejarían de existir y dejarían colgada a mucha gente, empezando por sus directivos. Conozco de forma directa el tema. Empieza cuando mi hija es segregada (lo llaman «integración») durante su etapa escolar «porque hay que mantener el porcentaje para las ayudas….» es la respuesta de la dirección del centro. Mientras tanto sus profesores me dicen que mi hija no necesita «integración».
    ¿Cuantos porcentajes de «necesitados» necesitan las distintas ONGs, fundaciones y otro tipo de organizaciones para mantener las «ayudas»? Antes era difícil para quien lo necesitaba encontrar un centro adecuado o encontrar una plaza en centros escolares o académicos. Hoy te ofertan servicios de todo tipo con tal de mantener el tinglado solidario. Hace falta muchos «necesitados» para cubrir tanta competencia.
    Hace algún tiempo se me ocurrió rascar un poco en el mundo de las ONGs. Sólo en India había una ONG por cada 600 habitantes. Pensemos en la proliferación de «solidarios sin fronteras» (con tal de que «no me toque a mí») que llenan las calles de manifestaciones obviamente no espontáneas, regadas con fondos públicos y movidas a través de las correas de transmisión política de asociaciones de todo tipo desde los propios gobiernos.
    Sí, nos han institucionalizado no solo como pobres, sino también como ignorantes y estúpidos a quienes se puede manejar democráticamente.
    Un saludo.

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