Facebook ¿ángel o demonio?

Parece que quienes conocen a Mark Zuckerberg dicen que cree que la Humanidad le debe estar agradecida por haber puesto a su disposición una herramienta tan perfecta al servicio de la socialización.

Cuando comenzó el boom de las redes sociales algunos politólogos optimistas pensaron que estas comunidades eran una estupenda idea para generar relaciones horizontales en las democracias, que fueran el semillero de ideas que crearan de abajo arriba una opinión pública influyente.

Sin embargo, desde el escándalo de Cambridge Analytica, todos los ojos de los supervisores están fijados en Facebook, como si fuera el Demigorgon de Stranger Things.

Pues ni lo uno ni lo otro.

Es verdad que inquieta que informáticos sin escrúpulos puedan acceder a datos privados de miles de usuarios de Facebook y, a través de sus gustos, “influir” en las opiniones de las gentes, en sus decisiones de voto y, por tanto, en los resultados electorales.

Desde que D. Trump ganó nada menos que las elecciones presidenciales en los EE UU apostando por un especialista en redes sociales y ninguneando a los medios de comunicación convencionales (quizá por eso le tengan tanta manía) la lucha política cambió para siempre a través del uso de las comunidades virtuales y el big data.

Pero ante estos hechos lo primero que cualquier observador reflexivo concluiría sería algo así como: qué infantil es el pueblo soberano para que su opinión sea tan fácilmente manipulable. Parecería que la opinión pública es como una hoja ante un viento huracanado. La necesidad de que el pueblo soberano se forme, como condición imprescindible para cualquier democracia que quiera salir de la caspa, ya la hemos tratado en varios artículos.

Pero preocupa el debate que se está instalando respecto de Facebook y otras redes sociales.

Entre los reguladores anglosajones, el requerimiento que se está haciendo a Facebook es básicamente que cambie su modelo de negocio, dado que el actual pone en peligro las democracias.

En la Comisión de Investigación del Senado norteamericano, una senadora, cuyo nombre no recuerdo, preguntó a un atónito Zuckerberg si estaba dispuesto a cambiar su modelo de negocio para proteger la privacidad de los estadounidenses. Mark contestó que estaban haciendo todo lo posible y tomando medidas para evitar la filtración de datos. A lo que la ofendida senadora le interrumpió para repreguntar si Facebook estaba dispuesta a cambiar su modelo de negocio. Un sorprendido Mark contestó, no sé si entiendo la pregunta.

Parece que los algoritmos que utiliza Facebook, de algún modo, priorizan aquellos contenidos que generan un mayor apego en los usuarios y, por tanto, un mayor uso de Facebook. Es decir, el gran pecado es que una empresa privada como Facebook trata de conseguir que su negocio crezca y que lo consuma cada vez un mayor número de usuarios.

Por supuesto, los contenidos que mayor apego generan son los que conectan con lo emocional, que, en el fondo, es lo que más nos importa. Y los contenidos exageradamente emocionales, cuando vienen referidos a cuestiones políticas, suelen ser los menos precisos, los más demagógicos y los menos inteligentes.

En este sentido, los algoritmos de Facebook favorecerían el crecimiento de los temidos populismos. Pero seamos serios ¿realmente puede culparse a Facebook del crecimiento de estos movimientos? ¿No hemos jugado y seguimos jugando todos a la simplificación? Desde nuestras lecturas, pasando por nuestros entretenimientos y contenidos televisivos, todo nos invita a la simplificación. Lo que requiere de un esfuerzo intelectual se desprecia inmediatamente.

Ciertamente las redes sociales se han convertido en una eficaz herramienta para manipular a través de demagogia, verdades a medias y simples mentiras. También se han convertido en un saco donde descargar frustraciones y odios. Pero, por desgracia, las redes sociales no son más que el reflejo de la confusión en que vivimos, política y socialmente. Los medios de comunicación convencionales han cultivado y se han aprovechado de esa confusión a través del amarillismo y los programas basura. También a su manera han manipulado a la opinión pública contándonos una versión simplificada de una realidad compleja.

Es verdad que Facebook no es un simple mensajero, sino que, a través de sus algoritmos, decide, de entre todos los contenidos que saturan la red, cuáles lideran y sacan la cabeza entre tanta morralla. Pero estos algoritmos se elaboran en función de lo que el público demanda. Y no sé qué me da más miedo si que Facebook cree el algoritmo en función de sus intereses empresariales o que sean los políticos quienes lo elaboren en función de los suyos.

En fin, el caldo de cultivo social es el que es y, aunque las redes sociales contribuyan a agudizar el problema, lo cierto es que mientras haya demanda, habrá quien la satisfaga. Y si a Facebook se le obliga a cambiar su modelo de negocio, alguien ocupará ese espacio. Probablemente un competidor ruso o chino, sin tantos escrúpulos regulatorios. Y entonces ¿estarán nuestros datos mejor o peor protegidos?

Mientras no haya un suficiente número de individuos que evolucionen hacia una demanda de contenidos de más calidad, profundidad e inteligencia; las redes sociales satisfarán la demanda de una mayoría ansiosa de confusión.

3 comentarios

3 Respuestas a “Facebook ¿ángel o demonio?”

  1. Manu Oquendo dice:

    Ayer estuve viendo con unos amigos la película «Brexit» (TV) que trata precisamente del uso de Cambridge Analytics por parte de algunos diseñadores de campaña política. A favor del Brexit pero discrepando de las estrategias y tácticas electorales de UKIP. Esta forma de proceder ya está instalada en el resto de países porque todos ellos cuentan, incluso por ley, con los datos y con los servicios técnicos necesarias.

    La película no me pareció muy buena ni por momentos tan siquiera buena pero lo que sí hace muy bien es describir el estado de cabreo de grandes masas de la población con el sistema político –inglés y europeo en el caso– y el hecho de que algunos segmentos de los votantes (en esta película en torno al 10% del censo, tampoco muy grandes, ) son más accesibles a través de esta red concreta a la cual un servidor nunca ha pertenecido ni pertenecerá al igual que la inmensa mayoría de adultos con los que trato habitualmente.

    Hay agentes de vigilancia y control social mucho más importantes que Facebook y se habla menos de ellos. Por ejemplo, los grandes buscadores y proveedores de cuentas de email o de mensajería en general.

    En mi opinión Facebook se ha buscado el papel de chivo expiatorio para eventualmente –fraccionándola como se hizo con ATT– dar la impresión de que el sistema de Poder quiere y va a resolver el problema de la vigilancia constante de cada persona y grupos de asociados conectada a la red.

    Esto mismo sucedió en el conjunto de dominios que pertenecen a la conocida como red opaca, profunda o oscura. Teóricamente ya había un lugar en el que se podía ser anónimo. También falso de toda falsedad. Esa red sirve precisamente para concentrar a todos aquellos que requieren anonimato por razones de vida o muerte. Pero también son accesibles al vigilante que ha diseñado sus nodos y sus accesos.

    Supongo que ustedes recuerdan que la UE tiene una directriz que exige a los operadores de telecomunicaciones y proveedores de servicios digitales guardar toda nuestra mensajería durante tres años. Al traspasar esa directriz a las nuestras, España no solo obedeció sino que subió el plazo a cinco años.

    La gente, en general, desconoce que Internet es uno de tantos proyectos militares nacidos en Darpa, una agencia de Pentágono y del Gobierno USA para promover armamento e instrumentos de guerra no solo física sino híbrida y de control de la población para prevenir insurrecciones y controlar la opinión pública. Los elementos conceptuales son de los años 60 los desarrollos, transferencias al sector privado, asociaciones entre Clientes Públicos y Proveedores privados están hoy muy bien engrasadas tras los desarrollos y aprendizajes de 60 años.

    Hay tres libros cuya lectura es hoy necesaria antes de que entreguemos nuestra vida a la Red.

    «Surveillance Valley». Internet’s secret military History. Yasha Levine. 2018. Ed. Public Affairs

    «The Imagineers of war» Sharon Weinberger. 2017. Vintage Books

    «Mundo Orwell» Ángel Gómez de Ágreda. 2019. Ariel

    El primer autor es un periodista especializado, el segundo es una brillante tesis de doctorado en Harvard, –muy bien escrita por cierto–. El tercero es de un militar profesional especializado en ciberseguridad y guerra ciber.
    Los tres son muy buenos en mi opinión.

    El caso es que esto es así y que cada uno debe decidir cómo gestiona su comportamiento ante esta situación. Lo que yo observo es que las personas con mayores responsabilidades y necesitados de discreción operan lo más desvinculadas que pueden de estos medios electrónicos.

    Saludos

  2. Rafa dice:

    Parece que en el momento actual, se está revisando el concepto de cultura.

    En occidente se barajan términos como cultura televisiva, cultura política o cultura gastronómica.

    De alguna manera se ha atomizado tanto el término que en general no tenemos idea clara de lo que es.

    En la sociedad en que generalmente nos movemos estaría más referida a un proceso intelectual que ligado a cuestiones afectivo sensitivas.

    Por lo que por poner un ejemplo: un pensionista jubilado de nuestro país, podría entender perfectamente cómo hecho cultural ir de viaje a los fiordos noruegos y manejarse con el WhatsApp con los amigos.

    Pero el término cultura a mi entender va ligado a otro también muy importante que es el de comunicación.

    Para mi la cultura, es una comunicación real consigo mismo y con los demás.

    Y ahí es donde le duele, -pprque para comunicarse con el otro necesariamente tenemos que perder nuestro marco de referencia para entrar en el del otro.

    Por ejemplo, no podemos aconsejar a un individuo del golfo de Bengala que estudie filosofía, si estamos pensando en Platon y Aristoteles, porque en la India la filosofía está relacionada con Los Vedas y sus libros sagrados.

    Tampoco podemos solucionar los problemas del tercer mundo qie son en un porcentaje alto económicos, atiborrandoles con la comida y la ropa que a nosotros nos sobra, porque además quizá ellos estén más capacitados para solucionar los nuestros que no son tan basados en la economía.

    En definitiva, nosotros nos movemos por Facebook y las demás redes sociales, sin cambiar nuestro marco de referencia,
    con lo cual los manipuladores nos darán siempre lo que queremos ver y oír, más de lo mismo, y nos tendrán controlados, .porque siempre seremos los mismos.

    Y que Facebook cambie el modelo de negocio, es bueno no solo por la privacidad que no debería de ser tanta.

    ( a un individuo de Costa de Marfil, quizá no le importe tanto que se metan en su vida, lo que compra o cuanto paga a hacienda).

    Ni tampoco porque su modelo de negocio ponga en peligro los estados democráticos actuales, porque eso puede ser hasta una buena noticia.

    Un abrazo

  3. EB dice:

    Isaac, recién regreso de visitar España con dos nietos. El viaje implicó que mis nietos perdieran días de colegio y por eso sus maestros les impuesieron la tarea de escribir sobre el Patrimonio Cultural de España. Gracias a la tecnología moderna, niños de 12 años hoy pueden hacer presentaciones muy lindas, tan lindas que las ideas sustantivas pueden pasar desapercibidas para sus compañeros (ojalá no para sus maestros). Uno de mis nietos escribió algo que terminó titulando «ESTO ES LO QUE HAY», el otro tituló su escrito «DA IGUAL». Sus escritos obviamente reflejan largas conversaciones con su abuelo durante las visitas a Burgos (incluyendo Atapuerca), Bilbao, Vitoria, San Sebastián, Oñate, Ataun, Mundaka, Guernica, Toledo y Madrid.

    El nieto autor de «Esto es lo que hay» (título tomado de reacciones bruscas a algunas de nuestras preguntas) se centró en la organización de las atracciones turísticas visitadas, algunas viejas, otras recientes, pero todas con alguna declaración oficial de Patrimonio Cultural. Como la organización está condicionada por el objetivo principal de la entidad, le llamó la atención que algunas entidades viejas (p.ej., catedrales) están hoy alejadas de su objetivo original y que algunas entidades nuevas (p.ej., Atapuerca) están presionadas a agregar objetivos «secundarios» que distraen recursos de su objetivo principal. La expresión «esto es lo que hay» muestra la resignación de sus gestores por la adaptación a cambios sociales y por el ajuste del «principal de la entidad» a circunstancias cambiantes (generalmente relacionadas con el financiamiento «sin fines de lucro» y la intervención gubernamental «con fines políticos). Hoy FACEBOOK «es lo que hay».

    El nieto autor de «Da igual» (título tomado de la exposición «Multiverso/Campos Eventuales/Francisco Ruiz de Infante» en la Fundación BBVA todavía en curso) se centró en la gestión de las atracciones turísticas visitadas. Como la gestión (ejecución de órdenes del «principal de la entidad») está condicionada por los intereses personales de los gestores, le llamó la atención la disparidad en las decisiones de cada gestor según si estuviera solo o acompañado en el momento de responder a nuestros pedidos de información. La expresión «Da igual» muestra la falta de interés de los gestores en dar respuestas claras y precisas. Hoy en FACEBOOK «da igual».

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