Poblar y civilizar

A lo largo de la historia ha habido grandes ciudades que se han quedado sin habitantes; posiblemente por alguna catástrofe como una gran sequía, una guerra o una epidemia. El caso más reciente es el de las ciudades próximas a Chernóbil. Pero, lo habitual no es que las grandes ciudades se abandonen sino que crezcan; lo que se vacían son los pueblos y las ciudades pequeñas, se vacía el campo. Y el fenómeno no es de ahora, aunque abunden los titulares sobre ello. No es la primera vez que España se despuebla. Allá por los siglos XVI y XVII, el Imperio no tenía personas suficientes para dominar Europa y colonizar América.

De hecho, en la historia reciente de nuestro país, el éxodo rural fue mucho mayor en la segunda mitad del siglo pasado de lo que es ahora. El conjunto de la España rural tiene ahora más población que hace un cuarto de siglo, lo que no evita que haya muchos pueblos que estén abocados a desaparecer. El éxodo rural, unido al descenso de la natalidad y al envejecimiento paulatino de la población, parece una tendencia imparable y difícil de revertir, al menos en un futuro próximo. Inevitablemente, muchos pueblos pequeños y medianos dejarán de estar habitados.

Los pueblos se mueren de viejos. Los jóvenes ya no se quedan en ellos. Y los que se quedan apenas tienen hijos; al menos no los suficientes como para llenar una escuela. No hay suficiente gente para que haya una farmacia, un consultorio médico, un supermercado o un cajero automático. Ni siquiera un bar o una panadería. Incluso es difícil llegar o salir de ellos, apenas hay un servicio regular de autobuses, salvo que se disponga de un vehículo propio y todavía sea uno capaz de manejarlo.

Los pueblos y las ciudades pequeñas se vacían porque en ellos hay poco que hacer y porque no hay muchas formas de ganarse la vida, ni siquiera para los que se quedan o querrían quedarse.  Hay una masa crítica, un número mínimo de habitantes, para que una población pueda acoger ciertos oficios y profesiones, como el de abogado, comerciante, gestor administrativo, profesor o mecánico. Incluso hay limitaciones en el número de personas que pueden vivir de producir alimentos para las ciudades.

Es más, a pesar de las subvenciones, los pequeños y medianos agricultores y ganaderos sostienen que su actividad no es rentable, que lo que se paga por sus productos apenas cubre los costes de producción (semillas, maquinaria, combustible, salarios, productos fitosanitarios…), cuando no es inferior y produce pérdidas. Tanto es así que paulatinamente van abandonando su actividad.

Para la gran mayoría de los que viven en las ciudades, el que el campo se vacíe produce una cierta sensación de inquietud o de pérdida. No parece bueno que los pueblos se abandonen. Es una sensación parecida a la que se tiene cuando leemos sobre la desaparición de las librerías, los cafés con solera o los cines de barrio; una nostalgia que no nos impide comprar los libros en Amazon ni ver las películas en Netflix o Movistar. Una añoranza que no es suficiente como para vivir en un sitio en el que no llega Internet, no hay cobertura para el móvil y no se puede comprar una aspirina, una barra de pan o un paquete de tabaco; un lugar en el que pocos querrían vivir aunque les regalaran la casa y les pagaran por habitarla.

De hecho ya se está haciendo. Ya se recibe un salario por vivir en el campo. El Plan de Fomento del Empleo Agrario (el antiguo PER) es una forma más o menos encubierta de hacerlo. Y lo mismo sucede con una buena parte de las subvenciones a la agricultura, que se reciben con independencia de la producción. Aunque los detractores de estas ayudas sostienen que, a pesar de ellas, el campo europeo se empobrece año tras año. Entre otras razones, porque el proteccionismo repercute en una reducción de los precios y  porque los agricultores se ven obligados a gestionar sus tierras en función de las decisiones que toman los burócratas que les subvencionan. Y hay experiencias como la de Nueva Zelanda que demuestran que al retirar los subsidios el campo no solo no ha muerto sino que se ha vuelto más productivo.

los agricultores se ven obligados a gestionar sus tierras en función de las decisiones que toman los burócratas que les subvencionan

A esto hay que añadir que la producción de alimentos es cada vez más industrial y está más automatizada. Y es posible que la alimentación del futuro no requiera tanto de los campos y los establos, sino que los alimentos se preparen en fábricas y laboratorios, o en grandes instalaciones robotizadas. Gracias a la agricultura vertical las ciudades podrán producir sus propios alimentos, consumiendo un 95% menos de agua que los cultivos tradicionales. Y con una productividad por metro cuadrado varios centenares de veces mayor.

Los expertos auguran que en el 2050 solo quedará en el mundo rural el 30% de la población mundial, mientras que el resto, 6790 millones de personas, vivirá en las ciudades; 50 de las cuales superarán los 10 millones de habitantes. Así que el verdadero problema no es evitar que el campo se vacíe sino conseguir que las ciudades del futuro sean mínimamente habitables.

Las ciudades son más sucias, más ruidosas e inseguras. Se vive más hacinado, la calidad del aire es peor. Pero allí es donde están las universidades, los hospitales, las grandes empresas y la Administración. Allí están los teatros, los estadios y los mejores comercios. Los grandes logros de la ciencia, la tecnología, el pensamiento o el arte han ocurrido en las ciudades; lo mismo que las grandes revoluciones políticas. Al fin y al cabo la Revolución Francesa fue una revolución burguesa y la Revolución Rusa se inició en San Petersburgo.

La ciudad proporciona diversidad, facilita los intercambios y, en consecuencia, genera complejidad. Parece como si fuera necesario que hubiera mucha gente viviendo en proximidad para que se den avances significativos. Y se podría especular si estos avances serían posibles si los intercambios fueran exclusivamente virtuales y a distancia, por muy desarrollado que llegue a estar Internet.

En cualquier caso, el éxodo rural tenderá a estabilizarse. Entre tanto, si quieren sobrevivir y desarrollarse, las economías locales se tendrán que diversificar a otros sectores diferentes de la agricultura y la ganadería y más próximos a la información y los servicios; empleando la palabra servicios en sentido amplio. Porque, al margen de lo que diga la ortodoxia económica, mantener la iglesia románica del pueblo, conservar sus casas listas para habitarlas los fines de semana, criar calandrias, alimoches y codornices o limpiar sus bosques y caminos también son servicios. Porque los arrebatos románticos en los que queremos volver, temporalmente, a las bondades del campo y la naturaleza, tienen un precio.

3 comentarios

3 Respuestas a “Poblar y civilizar”

  1. Paco dice:

    Lo que conocemos por civilización empezó en el Oriente Próximo precisamente a partir del agrupamiento de las gentes en poblaciones cada vez más grandes. La llegada de la agricultura hizo que lo lógico era asentarse en un sitio fijo, lo que llevó a la necesidad de agruparse para defenderse, para tener cerca vecinos que complementaran la labor agrícola (por ejemplo artesanos, astrónomos que nos dijeran la fecha propicia para plantar, cosechar, etc.).

    El agrupamiento conllevó la necesidad de militares para defenderse y la organización política de la comunidad. Empezaron también a aparecer poco a poco los que se dedicaban a pintar, a contar historias, a la música… es decir empezó de desarrollarse de forma acelerada la cultura.

    Digo todo esto porque sigue siendo cierto que en las poblaciones grandes y ciudades las oportunidades de crecimiento cultural y desarrollo económico son mayores que en los pueblos, por lo que no es de extrañar que la gente emigre a las ciudades en un proceso que parece imparable.

    La ciudad es especialmente atractiva para los jóvenes. La televisión, películas, etc han abierto los ojos a éstos y ya no se conforman con la vida de sus padres (otro tanto aplica a los que viven en el tercer mundo con respecto a los países más desarrollados)

    Lo único que parece ralentizar este proceso es las facilidades de acceso a internet en la mayor parte de las poblaciones pequeñas y la posibilidad de acceder en un tiempo razonable a grandes poblaciones si se tiene coche gracias a la red viaria. También hay gente que añora el estilo de vida más tranquilo de un pueblo o que tiene lazos familiares o intereses económicos que le ligan al mismo.

    Aunque estoy de acuerdo con que el fenómeno del éxodo rural es en gran medida inevitable, hay que distinguir entre las aldeas y los pueblos. Por aldeas me refiero a poblaciones muy pequeñas. En ellas difícilmente se van a justificar servicios públicos que hagan la vida más fácil a sus habitantes. Estas aldeas tenderán a desaparecer en su mayoría.

    En los pueblos medianos o grandes sin embargo las facilidades de internet y comunicaciones que he mencionado van a ayudar a que la despoblación no sea tan acusada. Las administraciones pueden en esto ayudar mediante la disponibilidad de servicios públicos que hagan más atractivo vivir allí.

  2. José Sastre dice:

    Artículo sin criterio ni fundamentación. Ideas comunes hilvanadas sin orden y que no conducen a nada.

    La diferenciación entre una vida rural y una vida urbana no es real. Todos tenemos una parte de nuestras vidas en muchas ubicaciones.

    Profundizar en el concepto de vertebración del territorio en que se asienta la sociedad y asumir que hay razones no económicas en la naturaleza humana, pueden ser un buen comienzo para rehacer el artículo.

  3. Ligur dice:

    No se por que José Sastre califica este artículo de “ sin criterio ni fundamentación”. Otra cosa distinta sería, que estemos o no de acuerdo con lo que expone Enrique. Podría Ud. fundamentar algo y así nos enteraríamos de su opinión.
    Dice el autor que la ciudad brinda diversidad y facilita intercambios generando complejidad. Es cierto, la ciudad y la proximidad podrían generar esos avances, aunque también creo que esos avances solo se darían en un porcentaje minimísimo en la población.

    La inmensa mayoría ni se enteraría del tema. No se puede avanzar socialmente cuando es el concepto del entretenimiento, los generadores de opinión del tres al cuarto, mal llamados tertulianos, que reconducen el pensamiento de la gente, y los políticos mentirosos y corruptos los que quieren y casi siempre consiguen dirigir nuestro día a día.

    Creo que sí serían posible esos avances e intercambios sin necesidad de internet ni redes sociales. Grandes inventos de la historia, se dieron en dos partes del mundo casi simultáneamente, sin la tecnología de la que hoy disponemos. Creo que los campos mórficos (Rupert Sheldrake) podrían desvelar muchas cosas.

    Estas personas, creo que son, las que con la proximidad, podrían generar la complejidad a la que se refiere Enrique. También creo que esa proximidad no sería necesaria si la atención y dedicación fuese lo primordial y esencial.
    La mayoría, inmersos en redes, creando grupos familiares o de amigos–afinidades en washap
    poniendo caritas de jilipoyas a cada frase que se escribe; enviando miles de horrorosas fotos desde el mismo lugar en que se encuentran. Así, poca complejidad, avance e intercambio significativo se pueden dar.

    Harto es sabido que la creación de los burgos, fue motivado por la creación del cereal tal y como lo conocemos hoy en día. Anterior a este descubrimiento, el ser humano era transhumante, recolector y eso le impedía asentarse en ningún lugar por un determinado tiempo; todo sus desplazamientos se realizaban en base a la abundancia o no de la caza, recolección de semillas, raíces y plantas que hubiesen en la zona. Permanecían en el hasta su agotamiento, o lo que es, la obtención rotativa de los recursos naturales.

    Dando un salto de milenios, hasta ahora, el ser humano dispone de la suficiente tecnología para abandonar el cultivo extensivo y horizontal, pendiente siempre del clima, lluvia, heladas etc., para convertirlo en en un cultivo vertical, hidroponico y sostenible. (invernaderos, con varias recolecciones al año), no hay más que fijarse en los Kibutz israelíes, nos enseñarían mucho.
    Espacio hay para aburrir, pero muchísimo más espacio sobraría para convertir los millones de hectáreas de tierras que actualmente son utilizadas para el sembrado de cereales, frutas y verduras en bosques y jardines. (17 millones de hectáreas).

    Y aquí viene el problema. ¿Los agricultores, serían capaces de dar un salto y convertir su sistema ancestral de cultivo en este otro tipo de agricultura?, o, ¿la Comunidad Europea permitiría este tipo de agricultura?. Se que no es fácil, pero creo que sería una solución a muchos de los problemas que el campo tiene en la actualidad, la agricultura y la despoblación.
    Las zonas rurales no tendrían que desaparecer, sus habitantes podrían o no emigrar a otras zonas por que quisieran hacerlo, nunca por necesidad. Los gobiernos de turno, tienen la obligación de equipar a cada pueblo, cada comarca de todos los servicios e industria suficientes y que generaran puestos de trabajo para el bienestar de sus habitantes.

    Un saludo

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