¿Por qué es inquietante que el 1% de la población concentre tanta riqueza?

Según un artículo de Bankinter, basado en el informe “Global wealth distribution” del Credit Suisse & UBS, el principal banco suizo, la riqueza neta mundial en 2022 era de 454,4 billones de dólares (B$). De esa cantidad, un 45,8% (208,3 B$) fue a parar al 1,1% de la población adulta, casi 60 millones de personas, mientras que otros 2.818 millones de personas, que constituyen el 52,5% de la población mundial, se repartió 5,3 B$, apenas el 1,2% de la riqueza mundial.

Además, según ese artículo, entre el año 2.000 y el 2.022 la riqueza acumulada por esa minoría de superricos se ha quintuplicado, pasando de 41,4 B$ a 208,3 B$ y, a su vez, esa riqueza ha pasado de ser un 35% de toda la riqueza mundial en el 2.000 a ser casi un 46% en el 2.020.

Naturalmente, estas cifras producen desasosiego a cualquiera. Sin embargo, esa idea tan manida de que la extrema pobreza de estos se resolvería quitándoles a los otros la riqueza acumulada y entregándosela a estos, no deja de ser una receta de parvulario. Entre otras cosas porque, sólo con eso, es muy probable que, pasado un tiempo, esa pobreza continuara en sus mismos términos.

No obstante, tampoco parece aceptable ante esas cifras quedarse en las reacciones de indiferencia o de resignación. Porque, como poco denotan que hay algo en nuestro modelo económico que funciona muy mal. Una cosa es pretender un igualitarismo a ultranza, como postulaba el extinto modelo soviético, y otra, muy diferente, creer que un modelo que genera esos niveles de desigualdad a ritmos crecientes, no requeriría un gran debate entre economistas y políticos para identificar qué es lo que falla y qué habría que hacer para corregirlo.

Por tanto, la primera razón para inquietarse ante esa distribución de riqueza es que pone de manifiesto que tenemos un modelo económico lastrado por unos problemas que impiden que sea mucho más eficiente y sensible a las necesidades del conjunto de la humanidad.

Si esos 2.818 millones de personas vieran, por ejemplo, multiplicar por sus ingresos por 10 y, en vez de 5,3 B$, pudieran disponer de 53 B$, su capacidad de consumo y la economía de los sectores productivos asociados, aumentaría en esa proporción (aunque también su impacto en el medio ambiente). Es decir, su efecto dinamizador de la economía sería inmediato. En cambio, cuesta creer que ese mismo dinero en manos de esa minoría de superricos fuera a tener el mismo efecto dinamizador. Porque, aunque de estos últimos dependen muchas de las inversiones empresariales más productivas, también es cierto que muchas de sus inversiones son meramente financieras y especulativas.

Pero el modelo económico actual no se debe medir solo por su capacidad de hacer crecer la riqueza (PIB) sino, sobre todo, por su capacidad para solucionar las necesidades materiales básicas a la mayor parte de los seres humanos. Y si es tan evidente que nuestro modelo económico tiene graves problemas, ¿por qué no se ven intentos serios y creíbles de solucionarlos?

Cabe suponer que un modelo tan ampliamente globalizado no debe ser nada fácil de cambiar. Para empezar, las instituciones supranacionales no tienen el poder político ni el económico como para acometer esa tarea. Y las empresas grandes están sensibilizadas hacia sus beneficios, y no hacia las necesidades de los más pobres.

Pero, hay más. Es muy posible que una parte de esos supermillonarios se dedique a gestionar su patrimonio, a vivir bien y ya está. Pero también lo es que muchos otros estén empleando su inmenso poder económico para ejercer una influencia decisiva en los poderes políticos. ¿En qué aspectos? En principio, para conseguir que las nuevas leyes beneficien a sus negocios lo más posible. Ya solo con eso se entendería, en parte, por qué es tan difícil “arreglar” nuestro modelo económico: porque hay poderosos lobbies impidiéndolo.

Según cuenta Jane Mayer, en su libro “Dinero oscuro”, mucho de esto es lo que explica el activismo que desde hace varias décadas llevan a cabo en Estados Unidos personajes como los hermanos Koch, Richard Mellon Scaife, John M. Olín y otros.

Pero, demos otro paso más. Entre esos supermillonarios, es muy posible que haya unos cuantos que no quieran limitarse a velar por sus propios intereses económicos y quieran influir decisivamente en algo mucho más importante: en “corregir el rumbo que lleva el mundo”, por considerar que va a la deriva. Hipotéticamente, éstos serían los que estarían dispuestos a asociarse con otros, con los que compartieran su análisis, para organizarse “discretamente” con la voluntad de “cambiar el mundo” en el sentido que ellos considerasen necesario.

¿Se trata de simple conspiranoia? ¿Hay motivos para pensar que organizaciones de este tipo puedan existir?

Desde luego, tiene cierta lógica que haya quienes crean que el mundo avanza descabezado. Para empezar, vivimos en medio de una globalización que aparentemente nadie gobierna y que principalmente se mueve por las leyes del mercado; es decir, por los beneficios empresariales. Y estas leyes no suelen operar con una perspectiva global y a largo plazo. 

Por otra parte, con excepciones puntuales como China y Rusia, el liderazgo del mundo está mayoritariamente en manos de países con regímenes democráticos. Esto implica que la mayoría de sus gobernantes toman sus decisiones pensando sobre todo en su impacto electoral y con un horizonte de cuatro años. Lo cual, obviamente, deja la “cabina de mando” del mundo bastante desatendida.

Si a todo esto le añadimos que la política cada vez tiene menos prestigio y, por tanto, las elites más preparadas cada vez tienen menos incentivos para embarrarse en las luchas partidistas, se entiende que los partidos tengan gente cada vez menos preparada y que, por tanto, los gobernantes de los países que lideran el mundo sean, cada vez más mediocres.

Con este panorama no cuesta tanto imaginar que haya gente, con enormes recursos económicos, convencida de que el mundo va a la deriva y que tienen que intervenir en la sombra para que los gobernantes “gobiernen bien”. Es decir, es lógico suponer que unas cuantas organizaciones en la sombra estén tratando de influir decisivamente en la marcha del mundo. Y a lo mejor hasta lo estén consiguiendo. E, incluso, venga siendo así desde hace mucho tiempo.

Si no existiera esa minoría con semejante poder económico, ¿habría poderes en la sombra? Probablemente, sería mucho más difícil.

¿La existencia de esos poderes en la sombra es claramente negativo? Desde luego, democrático no es. No descarto que alguno de esos poderes ejerza en ocasiones una influencia positiva. Pero, si en el fondo la justificación teórica de las democracias es dotar al conjunto de la sociedad de una vía de participación política que incentive a los ciudadanos a interesarse y a involucrarse cada vez más por los asuntos de interés colectivo; en definitiva, que permita avanzar en la maduración política de la sociedad como para que podamos soñar en que llegue un día que no necesitemos tener a alguien por encima que nos pastoree; desde este punto de vista la existencia de esa minoría superrica supone una amenaza muy seria. No solo porque probablemente una parte de ellos ya esté consiguiendo que los principales gobiernos del mundo tomen decisiones en favor de sus intereses, y no en los del conjunto de la sociedad, sino porque constituye una amenaza (otra más) de vaciar la democracia de sus mejores posibilidades.

2 comentarios

2 Respuestas a “¿Por qué es inquietante que el 1% de la población concentre tanta riqueza?”

  1. O'farrill dice:

    Se trata de poder simplemente. Puede estar limitado al mundo de la economía y las finanzas, pero el más peligroso es el que se considera a sí mismo como un nuevo dios («Poderes salvajes» de Ferrajoli) capaz de imponer a los demás su voluntad o sus caprichos.
    Los nombres de estos «salvadores de la humanidad» nos son conocidos desde el siglo pasado, así como su aparente altruismo y filantropía que casi siempre esconde negocio.
    Hay un estupendo libro sobre ellos («L’argent de la influence» de Ludovic Tournée y otros), que va recorriendo lo que fueron las redes filantrópicas (americanas sobre todo) en Europa desde la 1ª G.M. hasta llegar a los apellidos actuales más conocidos, capaces de crear organizaciones sociales, económicas o políticas de acuerdo con sus caprichos y sus intereses.
    Tengo algún trabajo sobre esas supuestas ONGs nacidas y criadas en los pechos del dinero, todas con las mejores intenciones (esas de las que está lleno el infierno) hacia sus semejantes en las que basta colocar un cebo emocional suficiente, para seguir abriendo los bolsillos de los ingenuos e ignorantes.Hace unos años en India solamente había ya una ONG por cada 500 habitantes.
    El hacer de la salud el principal caballo de batalla (así empezaron las primeras actividades de los filántropos) en Europa, creando redes clientelares en Bélgica, UK, USA y Francia, donde cada dólar invertido trataba luego de multiplicarse como beneficio de tales organizaciones. Hacer causa común de colonización de países por la geopolítica imperial, es parte de la estrategia seguida. Manipular la verdad científica para retorcerla en su beneficio, es una táctica que rinde inmejorables beneficios (sobre todo personales).
    Crear las propias leyes, dogmas, teorías y religiones, no.sólo obedece a jugar con las sociedades mundiales, sino que confirma que han sido llamados por Dios para establecer un Nuevo Orden Mundial gobernado por ellos.
    No hace falta dinero porque «ellos» son el dinero capaz de jugar con las necesidades humanas y las artificialmente creadas por la propaganda.
    Además ellos no lo precisan porque tienen capacidad de crearlo o destruirlo a conveniencia. La cifras son lo de menos. El hambre y la miseria como consecuencia de sus juegos (incluida la guerra) son daños colaterales.
    Un saludo.

  2. R. Estévez dice:

    La concentración de riqueza es solamente una radiografía y una consecuencia de la distribución del Poder. Cuanto más monolítico es el poder, más oligopolización de la economía; porque al poder real siempre resulta más sencillo controlar a uno o a unos pocos que a cientos o a miles. Esta fue la principal advertencia de Adam Smith en su poco leída obra. Poco y mal, por cierto. «Beware of Monopolists» es su principal mensaje.

    Esto sale a la luz a poco que se examine la obra de Michael Mann, el sucesor académico de Max Weber. Mann es hoy, culturalmente un proscrito porque su obra desmonta punto por punto el Icono ideoógico de Marx. En este icono marxiano se basa hoy toda la cultura de Occidente y no digamos de la UE. Así nos va,

    Para quienes quieran una visión resumida de su obra les recomiendo «Power in the 21st Century». Una muy amena e instructiva entrevista de casi trescientas con el también sociólogo John Hall.

    Sus obra principal (4 vols) es «The Sources of Social Power» hay traducción al español de los 4 volúmenes. Cubre un poco más de 2000 años de historia hasta fechas muy próximas.

    El marxismo convierte al poder productivo/económico en el motor de todo el proceso del conquista y gestión del Poder. Michael Mann demuestra que eso siempre fue históricamente falso y que el Poder es Uno y se apoya en cuatro patas: Coacción, Política, Economía y Cultura. El contro de esas cuatro estructuras es la base de tiodo poder social.

    Este hecho resulta ser políticamente muy incorrecto y por ello se habla poco de Mann.

    Saludos.

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