Todos estamos suficientemente informados sobre muchas de las características de esta crisis. Nos han dicho que no es meramente económica, sino que también es financiera y política. Hace ya rato que se viene hablando de la profunda crisis de valores de la sociedad occidental y de la caducidad de las ideologías. Parece ser que el sistema que conocemos se ha desestabilizado, lo que pone en riesgo nuestros referentes, hace que cuestionemos nuestras creencias y, por lo tanto, la estructura mental en la que hasta ahora nos habíamos apoyado. Hay quien afirma, incluso, que nuestro modelo ya ha muerto, que estamos andando sobre rescoldos. Quizá el humo no nos permita vislumbrar todavía lo que está por llegar.

Sabemos que nuestro cerebro no está suficientemente desarrollado como para conocer la realidad en toda su amplitud. La forma en que percibimos lo que nos rodea determina nuestro modo de pensar, y este a su vez, incide en aquello en lo que centramos la atención. Focalizándonos en lo conocido damos poca apertura a lo nuevo. Nos encontramos ante un proceso circular, donde al interpretar construimos el mundo.

A principios del siglo XX surge la Teoría de la Gestalt que afirma, entre otros principios, que el cerebro tiende a cerrar la forma, a completar con la imaginación aquello que falta, ya que prefiere zonas cerradas, continuas, simétricas, y diferenciadas. Huimos así de lo difuso y ambiguo, queremos saber “a que atenernos”; tendemos a organizar “mapas” que nos orienten en un mundo que desconocemos, despreciando la máxima de que el mapa no es el territorio y dando absoluta credibilidad a nuestro limitado mundo perceptivo frente a la cada vez mayor evidencia científica de que existen otras dimensiones que no captamos, de que hay otros mundos posibles.

A mediados del siglo pasado, la Teoría General de Sistemas, parte de esta misma posición. Un sistema se define como un conjunto de elementos que funciona como un todo y el todo es considerado como algo más que la suma de sus partes.

Posteriormente la Teoría de Redes toma como objeto de análisis elementos que interactúan entre sí, de modo sincrónico, poniendo como ejemplo el hecho de que cientos de luciérnagas emiten luz a la vez durante largos recorridos, o que un hormiguero funciona como una inteligencia colectiva, o cómo las moléculas del agua se autoorganizan para modificar su estado. Una característica de estos procesos es que se producen sin la intervención de un líder, sugiriendo que hay un orden intrínseco a la naturaleza. A finales del siglo XX, profundizando en la misma línea, se habla de Sistemas de Redes Complejos o Sistemas emergentes, que son organizaciones colectivas sin jerarquía establecida, sin control central, movimientos que van de abajo a arriba, es decir, lo contrario de las organizaciones políticas o religiosas a los que estamos acostumbrados.

En su “Introducción al pensamiento complejo” (1990), Edgar Morin sigue ahondando en esta corriente. El autor diferencia una idea complicada de una idea compleja: en la primera prima lo cuantitativo, se dan un alto número de interacciones y variables que son conocidas y llevan a la desorganización, mientras que la idea compleja depende más del tipo de variables –algunas desconocidas- que del número de ellas y tiende a la organización. Frente a la idea de progreso lineal, lo complejo sostiene el concepto de proceso, proponiendo un modelo circular que ponga en relación los saberes fragmentarios. Es en la frontera entre el orden y el desorden donde surge la complejidad y es esa tensión entre fuerzas opuestas la que produce el cambio de tendencia. El desorden llevará a nuevos órdenes, nunca definitivos, siempre en la frontera de la incertidumbre. Cada orden –según George Balandier- encuentra en el límite de su organización la presión desordenada del funcionamiento de otro orden que le es ajeno. Así, lo heterogéneo coexiste sin exclusiones, sobrepasando el pensamiento binario. El universo se muestra no como una suma de partes aisladas sino como una multidimensionalidad.

Parece ser que el cerebro es el sistema más complejo conocido. Se sabe mucho del funcionamiento de una neurona, pero se sabe poco todavía del funcionamiento global de la red neuronal. El descubrimiento de la plasticidad cerebral, es decir, de la posibilidad de que el cerebro modifique su estructura y funcionamiento a través del aprendizaje, de que realice nuevas conexiones neuronales a partir de nuevas experiencias e incluso, de que pueda generar neuronas en la edad adulta (Neurogénesis), confirma el hecho de que la evolución individual está permanentemente condicionada por la evolución del entorno y viceversa. La ciencia, con la ayuda de la tecnología, nos está demostrando que los sucesos no ocurren de forma aislada y que tenemos en común los unos con los otros mucho más de lo que creíamos.

Las redes sociales funcionarían como supraorganismos, que tienen la propiedad de lo que se denomina “el mundo pequeño”, es decir, que dos personas cualesquiera da la red están conectadas con muy pocos pasos intermedios. A su vez, parece que cuanto más amplio y conectado es un sistema, tiende a aumentar su eficiencia porque la información se intercambia a un ritmo más elevado.

En este momento todos corremos el riesgo de aferrarnos a lo mucho o poco que tengamos, a acorazarnos en el miedo a perder, desconectándonos así del entorno. Desde hace tiempo se tiene muy en cuenta la importancia de las redes de apoyo para enfrentar los traumas y superar los duelos. Siempre se ha dicho que “las penas compartidas son menos penas”, hay evidencias de que esto no solo es conveniente sino necesario ya que forma parte de nuestra naturaleza.

Hay quien piensa que el futuro será colectivo o no será. Podría decirse que esta crisis sistémica, no lo es solo del tener, sino que lo es también, de una cierta forma de entender la identidad individual. El sistema de libre mercado está basado en la competitividad y ahora, al producirse una drástica reducción del consumo que es el que da sentido a dicho sistema, se está hablando de la necesidad de la solidaridad con los más desfavorecidos, pero dado que el número de personas que se están empobreciendo es cada vez más amplio, quizá se requiera dar un paso más allá. Si nos preguntamos quién tiene más responsabilidades sociales parece obvio responder que aquellos que más pueden aportar, no solo en lo material sino en cualquier ámbito del conocimiento. Quizá con el tiempo tengamos que cuestionarnos el modelo de propiedad individual, pero por lo pronto creo que habría que ir evolucionando hacia un uso distinto del derecho de propiedad.

No estoy proponiendo ir hacia lo comunitario de la manera en que lo planteaba la ideología comunista sino que, si hemos aprendido algo de lo que las ciencias sociales nos han enseñado en el último siglo, se trataría de ir flexibilizando nuestras estructuras mentales para provocar que surja, como ya está pasando en muchos colectivos, una sincronización de voluntades, una corriente de cooperación y un impulso de compartir lo que hemos sentido como propio. Aproximarnos cada vez más a modelos de autogestión no jerarquizados, aunque tampoco homogéneos, donde como en todo sistema complejo, algunos nodos -o elementos o personas- puedan estar más conectados que otros y jugar esporádicamente, un papel más preponderante (véase como ejemplo la intervención de un portavoz en una asamblea, o de alguien que es elegido por sus talentos para gestionar un proyecto). Consistiría en que cada cual pueda ofrecer no solo lo que tiene sino sobre todo lo que sabe, poniendo sus habilidades al servicio de la comunidad, cuidando fundamentalmente de las relaciones de proximidad, de “ese mundo pequeño”, de cercanía, de barrio, como subsistema fundamental dentro de un sistema global.

Necesitamos adaptarnos a un mundo que está cambiando a gran velocidad. Vivir en la incertidumbre y en la ambigüedad supone un enorme reto para nuestro aparato mental, nos obliga a salir de los caminos trillados, a generar ideas complejas para tiempos inciertos, favoreciendo así una ampliación de nuestra red neuronal, aproximándonos a una “realidad” más amplia donde el límite entre lo individual y lo colectivo tienda a desdibujarse.

El filósofo Eugenio Trias en su filosofía del límite, dice que el ser humano debe situarse en una identidad fronteriza, en un movimiento de alzado ético que llevaría al sujeto a convertirse en habitante de la frontera del mundo hasta hacer de ésta su patria: “El límite debe pensarse como espacio susceptible de ser habitado, es una franja estrecha y frágil, pero en ese margen hay espacio suficiente para implantar la existencia”.

[box]Maite Aragonés es Psicóloga, especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta.[/box]

15 comentarios

15 Respuestas a “¿NOS BENEFICIA EN ALGO LA INCERTIDUMBRE?”

  1. José María Bravo dice:

    Muy interesante articulo de Maite Aragones. Viene a decir que ante la dificultad del conocimiento, meramente racional, de la realidad en toda su amplitud, la percepción, la intuición, la creencia, etc., hacen también parte del conocimiento.

    El articulo se titula “Nos beneficia en algo la incertidumbre?”. Y yo interpreto que quizás si. Quizás si, en el sentido que se desdibuja nuestra “raigambre” racional. Que damos paso a nuestro “cuestionamiento existencial” A buscar el significado de la vida. No como un paso doloroso, pero si como un trabajo en el que las manos se llagan cuando labran y al final se fortalecen.

    Eso quiere decir que la enseñanza de esta crisis económica, o mejor dicho, que la pedagogía de nuestros gobernantes es que busquemos, por ejemplo el Arte como salida?. No, es exactamente lo contrario, quiere que seamos “como los militares”, según nuestro actual Presidente de Gobierno.

    En esta crisis estamos viendo la agonía de nuestros jóvenes. Estamos en frente del “suicidio generacional”. No podemos volver al desprecio de la expresión individual. No podemos volver al miedo a lo “raro de ser diferente”. Tenemos, como bien dice la Sra. Aragones, a sentir la proximidad colectiva, a fundirnos en un cálido abrazo constructivo. A diferencia de la colectividad “marchando” a un objetivo colectivo, a una colectividad enriqueciéndose con la “creatividad” individual.

  2. Manu Oquendo dice:

    Un artículo el de Maite Aragonés con interesantes observaciones que en algún caso me gustaría debatir.
    Concretamente, no comparto una de las observaciones. Lo que describe como “sistemas sin control” me parece una construcción un que en buena parte contradice la definición de sistema.

    Un sistema no es simplemente un conjunto de elementos con relaciones de cualquier tipo entre sí. Faltan elementos: su bi-univocidad, su finalidad, sus objetivos y la forma de alcanzarlos que siempre requiere controles explícitos o implícitos.

    Un conjunto de elementos sin reglas y sin objetivos (lo que es sólo aparente en redes más o menos caóticas) no debe considerarse un sistema complejo sin más. Que desconozcamos las reglas y los mecanismos de control (como sucede en conductas de apariencia caótica) no altera el hecho.
    Al eliminar el control se determina un tipo de entidad diferente. Es decir, elementos dispersos, con o sin relación, sin control a nivel superior a cada entidad y en manos de procesos exógenos conocidos o no. Es una etapa evolutiva, un transiente de más o menos duración pero no un sistema complejo.

    Hay ideologías que, fascinadas por el comportamiento del hormiguero, lo han mitificado y promueven esta perspectiva organizativa –aparentemente inconsciente y sin control– olvidando que las huellas neuronales del control central están ya en los automatismos de cada individuo. La realidad física de la huella ya se ha constatado hace doce o quince años y hay un Nobel otorgado al efecto. Lo mismo sucede a escala celular en sistemas biológicos.
    El grado de control que necesita un sistema para serlo es una función de grados de libertad de cada componente. Se conoce como la Ley de Ashby.

    Si la conducta de cada elemento dispone de libertad total el control es nulo y el sistema deja de serlo y muere pasando sus elementos a constituir otros sistemas.

    Si el sistema quiere tener funcionalidad temporal unitaria esto le exige dirección y control. Aspectos que se ejercen reduciendo grados de libertad y esta reducción puede establecerse desde el control central o implantarse en cada elemento.

    Este punto es especialmente importante en sociedades humanas.

    Nos organizamos en sistemas complejos superpuestos sometidos a controles (leyes, reglamentos y normas escritas o no) y de hecho el inmenso coste del estado moderno es también un reflejo de la ley de Ashby y que otro cibernético, Stafford Beer, predijo en los años 60. El límite al crecimiento de la complejidad por los costes de control.

    Es un tema muy interesante y que según muchos estudiosos de diferentes disciplinas está detrás del continuo colapso histórico de sociedades complejas.

    Vaya rollo. Lo siento, pero me pareció importante aclararlo no sea que nos metamos en lo de convertir al ser humano en hormiga dentro del hormiguero. Ya casi estamos ahí. ¿No?

    Felices fiestas

  3. Victoria dice:

    Me ha encantado, Maite.
    Espero y deseo que esa puesta a disposición tanto de ideas como de brazos, medios y, porqué no, de resultados, por parte de todos los seres humanos se haga efectivo auténticamente y a la mayor brevedad posible. Pero no podemos obviar que habrá mucha, mucha resistencia.
    Un abrazo,
    Victoria

  4. Maite Aragonés dice:

    Gracias a los tres por los comentarios.
    Respecto al comentario de Manu voy a tratar de responderle:
    No he hablado exactamente de “sistemas sin control”, sino sin control central, poniendo como ejemplo procesos que parece que se organizan a partir de la sincronicidad, sin líder pero con un orden intrínseco que supongo que es equivalente al control implícito al que te refieres, doy por hecho que todo orden persigue un fin es decir, que está inscrito en la noción de proyecto.
    Hablo de movimientos horizontales frente a la idea de verticalidad que impone la jerarquía.
    Por supuesto que algo se genera en la suma de las partes, un plus que tiende a la organización y que a mí me parece que encierra un cierto misterio.
    Es muy interesante lo que mencionas sobre la realidad física de la huella, un mero pensamiento deja su impronta y esto se transmite a la siguiente generación, por eso cada vez tenemos más claro como todos estamos influyendo en los que nos rodean y provocando que esa red se extienda mucho más allá de lo que imaginamos y, aquí si, sin control individual.
    Por lo que voy conociendo parece que la cuestión de como se incluye la idea de jerarquía dentro de las redes sociales aún no está clara, sí sabemos que los seres humanos no funcionamos como las hormigas en su hormiguero pero es una metáfora que nos puede ayudar a entender el valor y la enorme potencia de la inteligencia colectiva ¿o no?

    1. Manu Oquendo dice:

      Hola, Maite.

      Hay una cierta mitología interesada acerca de la inteligencia social –como opuesta a la individual.

      El mito resulta de interés para defender posturas políticas estatistas o colectivistas y está bastante bien resumido por la metáfora del hormiguero.

      Este ejemplo lo explica diciendo que la capacidad de resolución de problemas de una hormiga sola es muy inferior a la del hormiguero.

      Usan como prueba la construcción de “puentes” de cuerpos de hormigas –sobre los que pasa el resto con su carga– o incluso los sistemas de acondicionamiento de aire de los hormigueros para mantener la temperatura constante.

      Me parece que estos argumentos mezclan varias cosas.

      Una de ellas es el concepto de cooperación y otras la capacidad de aprendizaje y los procesos de selectividad natural.

      Lo que comprobamos cotidianamente nosotros es que la cooperación entre individuos para resolver un problema es en general positiva. Un acto inteligente.

      Incluso cuando cooperan un especialista y un lego resulta experimentalmente que su producto conjunto es mejor.

      Pero todo tiene límites y como se ve en las conductas colectivas no organizadas ni controladas (estampidas, elecciones, incendios, etc) estas siempre producen resultados manifiestamente mejorables. Además las masas humanas tienen reacciones mucho peores (menos inteligentes) que las de los animales. (Trotter, en su “Conducta de la manada en la guerra y en la paz” de 1916 es un clásico)

      Una nota: El Nobel de Kandel hace unos pocos años fue por observar en las neuronas de la aplysia las huellas sinápticas de nuevos caminos fruto de la experiencia.

      Como en casi todo, el óptimo suele estar lejos de los extremos. Ni solos ni mal acompañados.

      Saludos

  5. Sablo dice:

    Me parece que el problema en el que se sumergen la autora y Manu, tiene que ver con un malentendido léxico sobre los presupuestos del artículo.

    El control o el “sin control” de un sistema no es la clave de que este funcione, aunque sea un debate que suscita el interés para otro nuevo artículo.

    La autora sondea la idea de complejidad y de incertidumbre, ambos conceptos procedentes de la Física moderna, y hace un paralelismo inusitado del primero con la “red social”, que ni veo ni comparto, porque ni complejo es complicado, ni multidimensional es colectivo; y del segundo con la desaparición del poder o de las jerarquías, un tema básico y esencial del mundo en el que vivimos, que requeriría de un análisis en profundidad sobre el problema de la relación patológica actual entre las clases medias y la élites.

    1. Manu Oquendo dice:

      Hola, Sablo.

      Creo que no hemos dicho que la clave para que un sistema funcione sea el número y la ubicación o incluso la existencia de los controles.

      Los controles, entendidos como reglas relacionales y mecanismos de preservación del comportamiento, existen siempre y son necesarios para que un sistema perdure en el tiempo.

      Sin ellos el sistema muere y se subsume en los sistemas-contextuales en los que se inscribe.

      El artículo de Maite es extensísimo, toca muchos asuntos y por el espacio, lo hace con cierta imprecisión en algún punto.

      Mi comentario se dirigía sólo a aclarar uno de ellos que, efectivamente, como Maite apunta se está manifestando ante nuestros ojos.

      Se trata de la proporcionalidad inversa entre complejidad y libertad de los componentes de un sistema siempre que alguien pretenda mantener control sobre el mismo y optimizar su rendimiento.

      Es uno de los escasísimos axiomas de sistemas y se conoce como Ley de Ashby.
      Esta ley postula que la única forma de mantener el control es reduciendo ámbitos de libertad (reglamentando conductas, es decir, lo que hacemos desde la guardería).
      El control se puede ejercer desde un punto o programando al elemento. Es más barato el segundo método.

      Como dices este tema da para mucho y es importante. En este momento de globalización (creciente complejidad) mucho más.

      Un saludo

  6. Sablo dice:

    Hola Manu,

    Es verdad que el tema que toca Maite incluye otro conjunto de otros, y que ninguno de ellos es menor, y como consecuencia es difícil entrar a analizarlos de manera simple y generalizada.

    Pero mi gran preocupación reside, sobretodo, en la relación que establece la autora entre complejidad y redes sociales. A mi me parece que, en un cierto sentido, las redes sociales son más el reflejo de la tendencia hacia esta uniformidad reinante, al que acertadamente haces referencia, que la evidencia de una complejidad, que entiendo más como la interacción de elementos diversos y en distintos planos, que conjugan una realidad.

    De hecho véase como vamos hacia unos sistemas de control social en los que el poder ni reside, aparentemente, en una posición o puesto determinado, ni en una persona que lo lidere. Por el contrario, el sistema de control imperante es el de la “mayoría”, entendida como la suma de voluntades individuales que dirige al conjunto hacia unos objetivos determinados. Esta obviedad paradójicamente está siendo poco reflejada en las investigaciones sociológicas, presas del mismo mal que se pretende analizar.

    Me gustaría coincidir con que el fenómeno de la globalización es un síntoma inicial hacia “la creciente complejidad”, y no una reacción dirigida que pretende adueñarse de ella para manejarla conforme a los intereses del poder (dejémoslo en abstracto), a partir de la alianza establecida con la clase media y el paradigma de la sociedad de consumo.

    De hecho me pregunto en voz alta ¿hasta que punto hay elementos comunes entres la uniformidad y la complejidad?

    Supongo que puede ser visto de las dos maneras, y que esta doble vertiente forma parte de una manera compleja de observar los fenómenos.

    Cordiales saludos.

  7. Maite Aragonés dice:

    Hola Manu:
    Por sino lo expresé con claridad, no abogo por posturas políticas estatistas, sino por generar corrientes de solidaridad frente a esta situación tan crítica que estamos atravesando y que como toda situación crítica, nos puede llevar a un cambio de tendencia.
    Poco antes de editar el artículo, los medios de comunicación informaron sobre la iniciativa de algunas personas, de ceder su segunda vivienda a familias sin techo, éste podría ser un ejemplo de lo que he tratado de explicar.
    La primera parte del artículo no ha pretendido, por supuesto,ser exhaustiva ni hacer un análisis en profundidad,sino realizar una aproximación al concepto de redes complejas como fundamento de la propuesta que mantengo en la última parte.Una cosa es lo que ocurre en las redes biológicas y otra distinta lo que ocurre en las redes sociales, pero no olvidemos que en las estructuras sociales, se repiten muchos matices que se dan en las primeras,aunque como ya señalé, parece que el modo en como se incluye la jerarquía y el liderazgo en las redes sociales no está aún suficientemente investigado.
    La cuestión de los grados de libertad requeriría de un análisis aparte, aunque si parece que cuanto más aumenta el conocimiento, más crecen los grados de libertad y no hay que confundir cooperación espontánea con gregarismo.
    La inteligencia colectiva no creo que se oponga a la inteligencia individual, ni que sea más valiosa, simplemente creo que no debemos perderla de vista y que en un futuro nos va a dar muchas sorpresas.

    Sablo: sobre la relación entre complejidad y redes sociales -no solo las online-, te invito a entrar en el blog “redes complejas sin complejos” y a leer el artículo “Redes complejas en la dinámica social” (S. Miguel, Toral, Equilez), donde explican como de la red social emerge un comportamiento global de características distintas a los comportamientos individuales que la forman o, lo que es lo mismo, el comportamiento global de una sociedad no es reducible a la psicología individual de sus componentes.

    Feliz y en-redado 2013 para todos.

  8. Manu Oquendo dice:

    Maite pregunta si nos beneficia la incertidumbre en vez de preguntar si nos perjudica la seguridad. Depende.

    Las redes, en su popular modernidad, surgen por evolución de las estructuras de comunicación telefónica y telegráfica.
    Estas eran jerárquicas y deterministas. Había un camino de ida y vuelta que siempre funcionaba igual en condiciones iguales. El sistema era predecible.

    Pero tenía un problema: Si un nodo jerárquico fallaba todo lo que de él dependía se quedaba fuera del circuito.

    Esto era grave y mucho más en una guerra de bombardeo masivo o nuclear.

    Así surge la necesidad de encontrar formas de que, si un nodo jerárquico cae, el resto pueda redireccionar automáticamente sus comunicaciones por caminos alternativos.

    Este es el origen militar de las redes actuales (tienen 60 años) y que se desplaza a usos civiles a través del protocolo internet en los 80 y 90.

    El concepto de protocolo es relevante para nuestra discusión sobre controles y su ubicación.

    El “Protocolo” es código que se añade al mensaje y que incluye la información necesaria para que, viajando aleatoriamente, llegue a su destino.
    Esto significa que, al contrario de las redes jerárquicas, cada nodo de la red debe estar prepasrado para interpretar los códigos del protocolo.

    Es una especie de distribución de la capacidad de análisis y direccionamiento.

    Que a partir de estos conceptos los humanos hayamos otorgado una cierta mítica mística a las redes y a la movilidad (caso nórdico, por ejemplo) dice mucho de nuestra atracción por lo mágico.

    Esa pulsión vital que nos lleva a buscar el abismo de la incertidumbre para desde él alcanzar el cálido abrazo del Abba. Del padre-madre, fuente acogedora de toda certeza.

    Feliz año.

  9. Sablo dice:

    Disculpen que insista: alguien me podría explicar que es la inteligencia colectiva.

    Un saludo

  10. Maite Aragonés dice:

    Hola Sablo:
    El concepto de inteligencia colectiva es muy interesante y habría que estudiarlo a fondo porque tiene muchos matices.
    Al margen de la utilización que de él hace la biología, se aplica desde hace mucho a los vínculos entre personas.
    Al igual que Carl Jung habló del inconsciente colectivo y a causa de él de los fenómenos de sincronización, entre los siglos X y XII, una serie de teósofos persas y judíos como Al Farabi, Ibn Sina o Maimónides hablan de un intelecto común a toda la humanidad o consciente colectivo al que denominaron intelecto agente que contempla las ideas verdaderas y hace pasar al acto a las inteligencias humanas, une a los hombres con Dios que es concebido como una forma de conocimiento, una inteligencia pura.
    En la actualidad el filósofo Pierre Levy, dirige una cátedra sobre Inteligencia colectiva, que define entre otras cosas, como la capacidad que tiene un grupo de personas de colaborar dentro de un contexto de complejidad.
    Se parte del principio de que cada persona sabe sobre algo, por tanto nadie tiene el conocimiento absoluto de ello, resultando fundamental la inclusión y participación de los conocimientos y habilidades de todos.
    Hay que hacer la salvedad de que la sola interacción de individuos no es suficiente para lograr una I.C., a veces uno logra mayores avances pensando en solitario que haciéndolo acompañado. El trabajar en grupo de manera eficiente, depende de la dinámica de funcionamiento del grupo, de su sensibilidad social que está definida por la flexibilidad en la asignación de ocupaciones, la tendencia a cooperar, según un estudio realizado por científicos del MIT, está relacionada con el número de mujeres presentes en el grupo.
    Como ejemplos de I.C. estarían La Comunidad científica y la Comunidad de software abierto en internet que se conectan para resolver problemas.
    Un saludo

  11. José María Bravo dice:

    En el contexto de este jugoso articulo de Maite Aragonés y de las intervenciones de Manu Oquendo y otros. Me he interesado por introducir, timidamente debido a su complejidad, en el debate la Teoría de Juegos.

    Esta Teoría de Juegos que ha hecho merecedor a John Forbes Nash del Premio Nobel de Economía en 1994 y que, ahora, en 2012 , a Roth y a Shapley, ha sido una de las aportaciones importantes al valor de las estrategias individuales en las organizaciones colectivas.

    Insistiendo que apenas puedo esbozar algo sobre esto. El mismo Manu Oquendo fue el que menciono esta Teoría por primera vez en esta web.

    Esta Teoría, en la cuestión, política dice cosas tan relevantes como por ejemplo que la Democracia, basándose en el equilibrio de Nash, es una solución institucional que aceptan los ricos para evitar que los pobres hagan una revolución que acabe con la riqueza. Esto en el contexto de los paises desarrollados y en los países subdesarrollados, las Dictaduras populistas, para sujetar esa misma revolución.

    Por otro lado, también, al no tener incentivos de cambios que afecten la estabilidad del sistema, el bipartidismo termina presentando programas idénticos en las contiendas electorales.

    Bueno, en fin, apenas estoy introduciendo algo de lo que voy investigando pero creí oportuno comentar a raíz de este coloquio.

  12. Norberto dice:

    Bueno, a un nivel más práctico que los comentarios anteriores, me gustaría añadir que ya hay experiencia en el como el comportamiento de redes horizontales que comenta Maite nos ha sacado las castañas del fuego antes: tras el corralito en Argentina y el fracaso del modelo basado en liderazgo fueron las asambleas de vecinos las que crearon comedores en los barrios e incluso monedas locales para que la sociedad siguiera funcionando, y funcionó!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies