Últimamente, me sentía preocupada, me decían que estaba abstraída y me sentía sola. Mi expresión, al mirarme al espejo, denotaba infelicidad y malestar. Inquieta, echaba de menos esa alegría que llegué a creer que era innata, y cuando me llamaban para salir a los fiestones de mis amigos, los largos fines de semana, no tenía ni un ápice de ganas de quedar con ellos.

Soy la sociedad, y he decidido ir al médico para contarle lo que me pasa, por si pudiera haber algún remedio, pero sobre todo para que me diga por qué estoy sintiendo todo esto:

“Doctor, me siento desconcertada. Hace ya tiempo que no encuentro satisfacción en lo que hago, y las cosas que antes me motivaban y estimulaban ahora no les saco ningún jugo. Pienso y pienso, sin entender porque ahora no me sucede lo mismo que antes, cuando todo iba bien. Tengo una sensación de seguir un guión preconcebido del que no me puedo apartar: ganar dinero, pasármelo divertido, tener muchos amigos, un trabajo cómodo, sin que todo eso que me proporcionaba mucho placer le encuentre ahora sentido alguno. ¿Eso es malo?”.

“Busco por sistema, y lo reconozco, un tanto a la desesperada estímulos externos, como planes, vacaciones, salidas, en la variada oferta de lo que se llama ocio y tiempo libre. No soy capaz de aguantar sin cambiar el escenario, despejarme la vista y recrearme con sensaciones distintas, sin poder dejar atrás lo que me molesta, lo que me angustia, y aquello que solo soporto cuando sé que podré cortar un poco con ello, aunque sea unos días”.

“Hace unos meses, me vi en la televisión en uno de esos incidentes que se suceden en los aeropuertos, en este caso, la cancelación de vuelos por una huelga no anunciada. Pero la causa daba igual que fuera esa, o que hubiera quebrado una compañía de un día para otro, o que los controladores para lograr sus reivindicaciones laborales se hubieran puesto de celo. Quité el volumen del aparato, y me quedé atónita viendo como me puse. Parecía que había perdido a uno de mis hijos en un accidente, o que un terremoto hubiera sacudido mi población, o que el banco hubiera venido a embargarme la casa. Cualquier cosa grave o mortal podría haber explicado el estado de furia, frustración, ira y rabia con la que me estaba expresando, y que, sin duda, sentía”.

“Con la alimentación me ha pasado de todo este tiempo atrás. Algunas veces sobrepeso y ansiedad al comer. Unas ganas locas de tragarme a bocados lo que llaman comida basura. A veces me pasaba semanas sin querer probar bocado, y sintiéndome tan mal cuando lo hacía que impulsivamente iba al baño a vomitarlo, otras me daba por atiborrarme de algún capricho hasta saciarme por completo”.

“Al dormir tengo también problemas. No siempre lo concilio con facilidad, a veces me despierto antes de tiempo o simplemente se interrumpe; en cualquier caso, casi no recuerdo esa sensación de descanso con la antes me despertaba”.

“El trabajo físico me espanta. Yo que era incansable e inagotable cuando me proponía algo, ahora solo de pensar en traer la compra, subir unas escaleras o hacer algún ejercicio un poco exigente, me he vuelto vaga y desidiosa, pidiéndole siempre a alguien si puede ayudarme con lo que tendría que saber resolver yo sola. Suelo dejar el trabajo duro para otras, que me lo hacen bien y sin quejas”.

“Todos seguramente lo hemos pasado mal en algunos momentos, pero yo era de las que mejor reaccionaba ante las dificultades, tesón y sacrificio me decía por dentro cuando las cosas se ponían mal. Pero ahora me invade el desánimo y la desesperanza, que esta crisis económica que estamos atravesando le ha puesto nombre y apellidos concretos, con la falta de ingresos, las deudas, el paro y todo lo demás. No entiendo porque me siento ahora derrotada de antemano. ¿Será que he puesto demasiado interés y énfasis en estas cosas y me he olvidado demasiado de otras?”.

“He dejado de confiar en mis posibilidades, doctor. Cuando pienso en mi, creo que con razón, no sirvo para casi nada ni valgo mucho. Anhelo un pasado mejor que, a veces, dudo de que haya existido, y respecto al futuro cuando veo lo que tengo que luchar me siento francamente incapaz. No confío en mí.

“Tampoco me siento capaz de tomar decisiones, y aunque siempre he dudado con las importantes, ahora también me pasa si tengo que decidir cosas tan simples como si cenar carne o pescado, o la marca del champú del pelo. Cuando intento concentrarme en algo mucho tiempo, me siento incapaz, y por eso ahora compro revistas y veo esos programas morbosos que cuentan las intimidades de los famosos”.

El doctor, que no había parado de escribir según le iba contando, tras unos breves momentos, suspiró y me dijo:

“DEPRESIÓN”

Síntomas:

– Desánimo.

– Irritabilidad.

– Pérdida o aumento del apetito.

– Insomnio o hipersomnia.

– Falta de energía o fatiga.

– Baja autoestima.

– Dificultades de concentración.

– Dificultades en la toma de decisiones.

– Sentimientos de desesperanza.

– Deterioro social o laboral u otro ámbito.

Fuente: Diagnostic and Statistical Manual DSM-IV-TR (American Psychiatric Association).

No sé por qué me pasa todo esto, solo me consuelo con que al menos ya sé como se llama.

5 comentarios

5 Respuestas a “ENFERMA”

  1. Inés dice:

    Ese es el diagnóstico.
    Inmediatamente después el doctor se pone a escribir, ¡probablemente cada día tenga que escuchar lo mismo tantas veces! probablemente a él también le pase lo mismo, y vaya a la consulta con el doble de la dosis.
    Para todos los deprimidos la misma solución: la pastillita de la felicidad unida a la otra, la del atontamiento.
    Y la sociedad se sumerge en una ilusión farmacológica muy peligrosa para el “cuerpo” pero inmensamente rentable para las grandes compañías curiosamente ubicadas en los mismos lugares de la Europa agonizante.
    Creo que ese es el principal problema, no que haya una depresión sino el empeño tenaz en cronificar la enfermedad (vale para todas) para que no muramos, para que no curemos, para que sigamos siendo dependientes.
    Desde mi particular visión, la depresión es uno de los mecanismos más claros de “lío de centros”.
    El trabajo sensitivo se confunde con el emocional, ésto repercute negativamente en los centros motores (de ahí que a los deprimidos, cada día les duela algo, las piernas, articulaciones, columna, sacro..)
    Es tal el desperdicio de energía inútil que muchos se sienten como si corrieran un maratón.
    Y el pensamiento, mucho más lento que los otros tres, simplemente se aturrulla, no sabe porqué ocurre.
    Aunque no hay patógeno, puede ser tan contagiosa como cualquier enfermedad infecciosa, con la diferencia fundamental que no hay microbio que matar.
    El tratamiento médico no cura, porque la única solución es morir, matar la vida que provocó ese estado, que solo está en nosotros mismos. Minuciosamente sentarse a constatarse sin intervenir, a verse dentro desde fuera.
    Si dices que nuestra sociedad es la que está enferma de este mal, entonces no le queda otro remedio que morir.
    Siento ser tan rotunda, pero así lo creo.

  2. Cuando un@ se siente acosad@, acorralad@, amenazad@ en su integridad física- psíquica, cuando el día a día se hace poco menos que insufrible, cuando las oportunidades incluso de sentirse un@ mínimamente tranquil@ por los motivos o razones que sean,no se dan; cuando se va viendo, cómo los países-estados se empobrecen (son saqueados impunemente desde la mentira usurera-bancario-dineraria), cuando el avance de las guerras nos deja claro quienes son los fuertes y los que van a dirigir cada paso que demos..en un futuro próximo,cómo si las personas no tuvierámos en nuestras manos nuestro propio destino;cómo no deprimirse?, el avance de la depresión será imparable, opino, puesto que las personas no somos de hierro o acero, ojála quizás..esta sociedad y sus seguidores al primer centro que DAN es al ánimo,( o alma, diría yo), ese ánimo natural de querer vivir simplemente por el hecho de haber nacido- de ser existente en este mundo, de conocer a otras personas…que….oh! vaya!!..también andan depres; si es necesario ir al médico, habrá que ir, si es necesario darle al fármaco habrá que hacerlo-por el menor tiempo posible, si es necesario darle a la reflexión, se hará..aunque opino, que esta sociedad tal y cómo está establecida acorrala- acosa- empobrece- envilece y nos roba..a cada momento alguna pequeña alegría que quisiéramos tener; aún así, hay que poner empeño, voluntad en esto del vivir..en algún momento alguna puerta estará abierta por la que podamos pasar tranquil@s, alegres, sencill@s..y con el ánimo suficiente para pensar: aunque todo esté horripilante..ahy que tirar pa´lante.

  3. Inés dice:

    Voy a intentar explicar un poco más a fondo lo que expuse anteriormente,siempre desde mi punto de vista personal, simplemente porque siento que debo.
    Los antidepresivos farmacológicos en su amplia mayoría son inhibidores de la recaptación de serotonina, es decir que supuestamente lo que hacen es que la serotonina que fabricamos esté más tiempo en circulación.
    Pero el problema es que el médico la receta sin haber previamente analizado si lo que tenemos es una bajada en los niveles de esa sustancia. El problema es mayor si se aumentan las dosis fisiológicas de la serotonina cuando no hacen falta. Sentir una euforia que no nos es propia y que tiene efectos secundarios en nuestros centros «simpáticos» por lo que puede ocasionar más mal que bien.
    Entonces el médico lo compensa con ansiolíticos, tipo diazepán y sus análogos, que inducen un sueño artificial.
    Si ya estábamos dormidos y al intentar despertar nos horroriza el mundo que ven nuestros ojos, pues le damos a la pastillita para seguir durmiendo.
    Mi alternativa, la que os propongo, es sentir ése dolor, el dolor del mundo porque en él estamos y porque el dolor mental supera con creces al físico deberíamos plantearnos que somos poderosos, que la mente es una tirana capaz de llevar al límite una emoción mal dirigida. Pero así mismo, si somos capaces de controlar esa maquinita, de hacernos con el programa, nosotros mismos podremos restaurarlo.
    Os propongo que los que estén en el proceso se miren, sin culpabilizarse. Por supuesto que hay un desequilibrio químico muy importante, pero el desequilibrio es la consecuencia, no la causa, la causa es nuestro mirar. Hay un mundo terrible ahí fuera pero también hay un mundo maravilloso y no sólo para los que no tienen problemas económicos, el mundo es maravilloso para todos los que así quieran verlo.
    Las cosas más placenteras de la vida, las más gloriosas, son gratis.
    Mi reflexión es una invitación a que corráis a por las cosas que no cuestan dinero. Y si hay que llorar se llora mucho, pero después nos ponemos un poco de aloe vera frío bajo los párpados, un par o tres de profundas respiraciones, un abrazo de los buenos amigos y a la calle, al campo, al cielo, al trabajo-que siempre hay alguno si se quiere- y al yo puedo. Y si hoy puedo X mañana X+1 porque no me pasa nada, sólo me pasa que intento volver a recordarme.

  4. Manu Oquendo dice:

    Había pasado superficialmente por el artículo y los comentarios. Esta mañana he vuelto a leerlo por dos o tres cosas.

    1. Conozco un número desporoporcionado de personas, varios médicos entre ellas, prejubilados por depresión.

    2. El porcentaje de la población medicadas por distintos síntomas de esta naturaleza es diabólico. Hace años leí que estábamos en torno al 22% y no hace mucho la sanidad vasca, Osakidetza, ofreció datos confirmando lo anterior así como segmentos de población (por ejemplo señoras de más de 40 años o parados) en porcentajes superiores al 45%.

    Es evidente que nuestras calles, plazas y carreteras contienen cantidades epidémicas de gente que no está bien.

    Si alguno de los editores o comentaristas es profesional de esta especialidad médica agradecería detalles adicionales porque cuando esto adquiere tal dimensión estamos frente a algo grave que nos incapacita para casi cualquier cosa.

    Por último, he visto algún comentario doliente. Lo siento, hay que luchar y plantar cara. Es lo único que da sentido a nuestras vidas. Afrontar las dificultades inteligentemente.

    Hay una psiquiatra, Marie France Hirigoyen, que al estudiar las relaciones de psicópatas dominantes con sus víctimas encuentra en éstas una predisposición instintiva a dejarse seducir inicialmente por la personalidad del psicópata. Una especie de atracción fatal perversa.
    Hay que detectar este síntoma en nosotros mismos porque «nos lo huelen» como los mastines el miedo.

    Buenos días

  5. Carlos Peiró Ripoll dice:

    Efectivamente Manu, la situación de salud mental y psicológica de la población es claramente negativa. Y este dato contrasta con una opinión generalizada que, al contrario, piensa que estamos bastante bien.

    Los datos hablan por si mismos, y en algún otro artículo se han mencionado aquellos más relevantes. Para obtener información al respecto no hay que ser ni experto ni especialista, y están al alcance de todos. Recomiendo los informes de la Agencia Europea de la Salud, los de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los de la Asociación Médica Americana (AMA), por ser los más conocidos. También la OCDE suele publicar estudios epidemiológicos.

    Hace poco se publicaba un informe demoledor en la revista European Journal of Neurology «The economic cost of brain disorders in Europe 2010», que fue presentado en el Parlamento Europeo, y que indica que ya el coste de las enfermedades mentales y neurológicas supera a la esclerosis múltiple, los tumores cerebrales y la epilepsia.

    Nos cuesta creérnoslo, pero estamos ante un auténtica epidemia.

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