Cuando utilizamos la libertad como tapadera

Si tuviéramos que elegir un concepto estrechamente asociado a la democracia el primero que nos surgiría sería, probablemente, el de la libertad. Sin libertad de pensamiento, de opinión, de asociación y de tantos otros tipos no hablaríamos de democracia. Sin embargo, aunque es un concepto que parece fácil de interpretar a primera vista, cuando se desmenuza muestra otras lecturas claramente discutibles.

Hasta hace dos o tres siglos la vida de la inmensa mayoría de las personas estuvo férreamente dominada por lo que decidían reyes y nobles, por una parte, y papas y obispos, por otra. Cuando, en el siglo XVIII, se empezó a cuestionar en Europa que la falta de derechos y libertades del común de los mortales fuera un orden realmente avalado por Dios, se fue abriendo paso, poco a poco, un interesante debate sobre el por qué y para qué necesitaba el ser humano la libertad.

Se dijo que toda persona nacía con sus propios talentos y que, como en la famosa parábola narrada por los evangelios, era su propia responsabilidad desarrollarlos y hacerlos crecer. Pero, para poder ejercer esa responsabilidad, debía disponer de la libertad adecuada.

En todo caso esta concepción no quedaba completa si no se acompañaba de una responsabilidad hacia el resto de las personas: Dios no había dotado a cada uno con unos talentos para que solo se beneficiase él. Tan fuerte fue este debate que hubo mentes lúcidas que incluso llegaron a objetar la moralidad de la propiedad privada, por entender que alimentaría el egoísmo de cada uno al estimularle a trabajar en su propio beneficio reduciendo su dedicación al de los demás.

Los acontecimientos históricos tomaron un determinado curso y la competencia entre los individuos, unida a su derecho a la propiedad privada, sentó las bases del modelo capitalista y del espectacular crecimiento económico que trajo consigo. No obstante, para limitar sus excesos y forzar una cierta redistribución de los beneficios se vio necesaria la intervención del Estado.

Hay otras corrientes de fondo que transforman la sociedad en un sentido que pasa más desapercibido y que apenas suscita debate. Me estoy refiriendo, por supuesto, a otra forma de entender la libertad que está modificando a nuestras sociedades.

Desde entonces, mal que bien el mundo occidental se ha ido organizando política y socialmente en torno a los valores democráticos, siendo la libertad y, en concreto, las de pensamiento y de opinión, las que se consideran más representativas.   

Sin embargo, como sucede tantas veces los cambios más profundos y decisivos no son los que se aprecian a primera vista. Hay otras corrientes de fondo que transforman la sociedad en un sentido que pasa más desapercibido y que apenas suscita debate. Me estoy refiriendo, por supuesto, a otra forma de entender la libertad que está modificando a nuestras sociedades. Y, en mi opinión, no para bien.

En nuestro tipo de sociedad ha ido cuajando una forma de entender la libertad dirigida a ampliar y fortalecer el concepto de autonomía personal. ¿Qué se entiende por autonomía personal? Muy sencillo: poner a disposición de cada persona los derechos, legislados o no, que le permitan vivir su vida con el mínimo de ataduras; es decir, con la mayor “libertad” posible.

Lo que siempre se había entendido como responsabilidades familiares hacia los hijos en su infancia o hacia los padres cuando ya no eran capaces de valerse por sí mismos, ahora se identifican social y políticamente como “cargas” familiares.

Esto se ve muy claramente en el ámbito familiar. Lo que siempre se había entendido como responsabilidades familiares hacia los hijos en su infancia o hacia los padres cuando ya no eran capaces de valerse por sí mismos, ahora se tiende a identificar social y políticamente como “cargas” familiares.

El cambio de palabras no es en absoluto inocente. Al hablar de cargas se asume más fácilmente que uno quiera vivir sin ellas. Si siguiéramos hablando de responsabilidades familiares sería más difícil e incómodo, psicológicamente, desentenderse de ellas. Así pues, hablar de cargas familiares es una forma de blanquear lo que, en muchos casos, no es sino una evasión de las responsabilidades más inmediatas.

Al concebir las responsabilidades hacia los demás como cargas de las que es socialmente aceptable quererse liberar, la onda expansiva de este sustancial cambio de enfoque lleva por su propia lógica a cuestionar todo lo que pueda suponer ataduras o compromisos duraderos, desde las relaciones de pareja a los hijos.

Es más, la priorización política de esta forma de entender la libertad ha hecho que, por ejemplo, al legislar el aborto se haya puesto más énfasis en proteger el derecho de la madre a abortar que en proteger el derecho a seguir viviendo del ser que ya está en su vientre. Y la tendencia es a dar cada vez más facilidades a las madres.

Esta forma de entender la libertad no solo afecta al entorno más inmediato de cada persona. También afecta, y mucho, a la propia configuración de la sociedad.

A medida que los poderes públicos, el Estado, han ido aumentando la presión fiscal sobre los ciudadanos, detrayéndoles una porción creciente de sus ingresos, se ha ido justificando con el argumento de que así el Estado podía redistribuir la riqueza y ejercer la solidaridad hacia los más desfavorecidos de un modo más eficaz. De esta manera, se sobreentendía que a cambio de pagar nuestros impuestos el Estado asumía por nosotros la responsabilidad de ejercer la solidaridad económica hacia los demás y, en consecuencia, nos liberaba en gran medida de ella.

Cuando a esto se añade una forma de entender la libertad por cada ciudadano basada, en muchos casos, en reducir todo lo posible sus responsabilidades hacia las personas que configuran su círculo afectivo más inmediato, la consecuencia más evidente es que estamos construyendo una sociedad donde los individuos cada vez nos interesamos menos por los demás. Es decir, una sociedad más individualista, sí, pero en el sentido de más egoísta.    

Parece, pues, evidente que no todas las interpretaciones de la libertad son positivas para la sociedad. Y, por otra parte, también es evidente que habría que revalorizar y ampliar el compromiso con los demás, desde los más próximos a los más lejanos. Llámese solidaridad, amor o como se quiera. Pero un mundo más egoísta no es un mundo por el que merezca la pena luchar.

3 comentarios

3 Respuestas a “Cuando utilizamos la libertad como tapadera”

  1. O'farrill dice:

    Un buen artículo con una carga importante.
    Se atribuye a Lenin la frase «Libertad ¿para qué?» pero hay demasiados que se hacen la misma pregunta retórica en los últimos años. Y es que, en efecto, ser libres supone ser responsables, ser auténticos humanos y eso en estos tiempos parece que no se lleva mucho.
    Pero no es casual. Como ya hemos comentado en varias ocasiones hay un proyecto, un diseño social que pone a la sociedad, a las personas, al servicio de quienes sí asumen (al menos eso dicen, responsabilidades). El Estado que se constituye para garantizar las libertades, los derechos y las obligaciones comunes, es ahora un Leviatán al servicio de los ejecutivos «cesaristas» y «antidemocráticos» (Spengler) que han capturado desde las AA.PP (los gobiernos) al propio Estado del que dependen constitucionalmente.
    Eso ha ocurrido por la comodidad con que se ha pastoreado desde foros y organizaciones clientelares de la política a unos ciudadanos cada vez más inermes, más egoístas («, yo también he sufrido mucho…no me cuente usted su vida» se decía allá por los años 80), donde los valores, creencias, principios y sentimientos nobles, eran menospreciados y sustituidos por incentivos materiales exclusivamente.
    «Si no fuéramos libres, no seríamos seres humanos» dice en su libro «Dignidad humana» nuestro amigo y compañero Joaquín Mª Nebreda para a continuación señalar: «Sin libertad dejaría de ser un ser humano, pero con la libertad se adentra en la oscuridad , en el riesgo y en el sufrimiento…»
    «Nihil prius libertate» (nada antes que la libertad) es el lema de Tiempo Liberal, pero naturalmente condicionado a la responsabilidad que conlleva el ejercicio de la libertad. No se es responsable (incapacitaciones judiciales) cuando se mutila la libertad y su ejercicio.
    Y naturalmente existen esas libertades negativas que son síntoma de sociedades enfermas. Esas donde se ha cedido a la política, lo que es sólo voluntad individual para rehuir responsabilidades. Donde antes había cohesión social, afecto, ternura y solidaridad, se han instalado división y enfrentamientos artificiales hábilmente condimentados por los poderes de turno, los que quieren destruir sin aportar más que fantasías distópicas, teorías acientíficas y manipulación por medio de la propaganda.
    Ese es el abismo a que nos han conducido y en el que estamos en caída libre. Puede que nos lo merezcamos por preferir la oscuridad de la caverna a la luz de la verdad.
    Un saludo.

  2. Ágamo dice:

    Ah, la familia…. esa institución carente de opresión.

    Y esta sociedad actual, también muy sana, sí.

    Añádase amor, y todo solucionado. Hay que amar la opresión. Como siempre se hizo.

  3. R. Estévez dice:

    Describir la Genealogía del concepto de libertad no es fácil. Tampoco lo es definirla, defenderla, escribir su historia o valorarla filosófica o empíricamente en su justo término. No creo que sea posible hacerlo el espacio del oportuno artículo de Manuel Bautista. Ni en un libro.

    Hoy mismo circula por Youtube un video de J.R. Rallo, el economista, comentando las poco amistosas reacciones dela Casa Blanca y de La Comisión Europea tras el anuncio de Elon Musk de que iba a hacer de Twitter una plataforma más transparente y menos censora de lo que hasta ahora ha sido. Es evidente que Poder y Libertad –de lo que sea– están reñidos.

    Isaías Berlin populariza la idea de dividir la libertad en «Positiva», libertad del legislador para imponer, y en libertad «Negativa» o ausencia de restricciones a la voluntad individual. Hasta esta la elección de los adjetivos trata de imbuirnos cuál es la «buena» y cuál la «mala».

    Hay también un profundo debate científico-filosófico que parece empeñado en demostrar que la Libertad es Imposible en un universo determinista. A quienes esto piensan habría que recordarles el origen de la palabra «liberto» para designar al «esclavo» que había dejado de serlo. Uno de los grandes tratadistas universales Epicteto –esclavo buena parte de su vida– escribió «El arte de ser libre». Un gran pequeño librito del siglo II DC.

    En alguna ocasión, en este blog, hemos reflexionado sobre el hecho de que la frecuente asociación entre Libertad y Democracia es más que cuestionable ya que las sociedades llamadas democráticas suelen derivar hacia el despotismo (Tocqueville nos lo anunció en «Democracia en América» y dicho despotismo ya es perfectamente observable hoy día en toda Europa).
    También hemos reflexionado sobre la creciente ausencia de Representación en Europa. Su desaparición nace con la Revolución Francesa (Abate Siéyes, primera Asamblea Constituyente ) Hoy está prohibida en su forma más pura en numerosas Constituciones –artículo 67.2 de la nuestra–.

    El mero hecho de la Regulación –tan del agrado de la UE, por ejemplo,– termina derivando en graves restricciones de la libertad que, de modo determinista, no tardan en ser causa de pobreza creciente en las sociedades que caen en dicho vicio.

    Es decir el tema se las trae por su extensión y complejidad.

    Dos últimos apuntes.

    El Cristianismo, –no la jerarquía ni sus instituciones, sino la fe– es una religión que siempre ha defendido que la libertad es un requisito integral del ser humano. Jesús fue libre y, para más INRI, fue un rebelde. San Agustín y Santo Tomás de Aquino lo demuestran.

    Riccardo Baldone en su libro de 2018 «Farewell to Freedom» (Adiós a la Libertad) desarrolla una Genealogía del Concepto de Libertad propio de nuestra Civilización.
    Para ello arranca en la época anterior al Cristianismo, sigue con el Cristianismo hasta la edad Moderna y termina en la actualidad diciendo «Adiós a la libertad» Un resumen de 180 páginas con 19 de bibliografía.
    PDF libre en la red.

    Saludos y muchas gracias por el artículo.

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