INTELIGENCIA EMOCIONAL

Prácticamente al tiempo que aparecía en las librerías, a mediados de los años 90, el exitoso libro de consejos titulado “Inteligencia emocional” del ya afamado psicólogo americano Daniel Goleman, otro americano, en este caso filósofo, Lou Marinoff sacaba a la luz otro manual de orientaciones al que puso por título “Más Platón y menos Prozac”. A la postre un psicólogo y un filósofo se adentraban con propósitos y estilos muy distintos en el maremágnum que supone el alma y la mente humana, y quienes hayan leído ambas obras deberían entender con claridad las diferencias.

Ha sido tema de las religiones el dar una respuesta a los interrogantes del hombre sobre lo tangible y lo intangible a lo largo de tiempos; hasta que, durante el periodo de la Ilustración, fue desplazada de esa función por otras instancias, dando lugar a diferentes corrientes de desarrollo que ahora conocemos como ciencias. Fue un logro conseguir desempolvar el aura de dogmatismo que hasta entonces envolvía a la ortodoxia religiosa, que hasta entonces había impedido dar voz y expandir el desarrollo de muchos núcleos libres de pensamiento que se habían ido gestando como resultado del Renacimiento y las catedrales (cátedras).

Fruto de la fuerte oposición que hicieron las diferentes iglesias como poder, hubo que segregar el conocimiento entre lo científico, entendido como la constancia de los fenómenos observables y empíricos, y el resto de cuerpos de estudio que entraron bajo el ambiguo catálogo de “letras” o humanidades, y de esta escisión el pensador francés Descartes fue su principal valedor, aquejado por el miedo que le supusieron las amenazas eclesiásticas con sus habituales y terribles acusaciones de herejía.

Esta diferenciación ni es fortuita ni es irrelevante, pues parte en dos una realidad humana proclive a las disociaciones, poniendo en una parte los aspectos racionales y analíticos, y en otra los irracionales y emocionales. No fue hasta dos siglos después, muy avanzado el XIX, en que un grupo de médicos centroeuropeos se adentraron definitivamente en un territorio, a medio camino entre la ciencia y los comportamientos anómalos del ser humano, con la intención de entender los fenómenos propios de la conducta.

Parece que los actuales avances en el estudio científico del cerebro, tanto desde la perspectiva estructural de la neurología como del funcional de la neuropsicología, pueden suponer una amplia y vigorosa línea de desarrollo hacia ese gran misterio que sigue siendo la mente humana, tan poco apreciada y tan temida desde los agentes sociales y políticos.

Una de las divisiones más relevantes de las funciones cognitivas y mentales de los hombres es la relativa al binomio racionalidad-irracionalidad. No hay mucho que decir de las cuestiones racionales pues son generalmente bien conocidas en nuestro mundo: análisis, abstracción, conceptualización, lógica, causalidad, metalenguaje, etc. En cambio, de los aspectos irracionales el desconocimiento es amplio, y las disquisiciones inacabables, centrándose en general en las cuestiones afectivo-emocionales como su eje principal. Y este aspecto irracional, pese a las evidencias permanentes de su presencia en cualquier fenómeno humano a nivel general, ha sido casi siempre desechado y despreciado como un aspecto menor del ser humano.

A las emociones se las ha solido relacionar peyorativamente también con los impulsos, especialmente con aquellos que son peor vistos en el medio social como la agresividad, cuando es científicamente imposible que ningún acto humano esté desprovisto de su naturaleza emocional, y su aprobación o rechazo por parte del medio es un juego tan simple como lo que sucede con los estándares de los vestidos, la imagen o los protocolos de cortesía.

Las relaciones entre patriarcado y racionalidad ya han sido evidenciadas en muchos estudios, aunque falte una obra definitiva que lo acabe por fijar. Y puesto que en las ciencias del conocimiento la asignatura pendiente son las claves de la relación entre los diferentes planos cerebrales de los que está compuesto el individuo, han surgido diferentes líneas de trabajo que postulan sus tesis con mayor o menor profusión, y el de la inteligencia emocional es uno de los que copa actualmente los puestos de honor.

Está de moda y se habla de ella en foros muy diferentes. En el mundo de la empresa, cuando se mencionan las relaciones laborales, los grupos de trabajo, el liderazgo empresarial o las formas de incrementar la producción. En el de la enseñanza, si se apela a las relaciones entre profesor y alumnado, al aprendizaje de técnicas y estrategias valorables, a la crianza y el desarrollo evolutivo de los menores o a los criterios de adaptación e inserción social. En el de la familia, para establecer beneficiosas vías de relación conyugal y de pareja, para generar empatía en el entorno vital, para incluirlo en la lista de funciones parentales y completar la formación de sus vástagos. Y así podríamos continuar con un largo etcétera.

En esta búsqueda que el hombre moderno ha establecido en pos del conocimiento y de “su” conocimiento, en lo que a lo psicológico se refiere, las emociones juegan un papel central, y en especial desde la óptica de lo femenino, cuya singular proximidad a este terreno hace de esa sensibilidad una fuente para adentrarse en ellas y por ellas.

El planteamiento de base de la inteligencia emocional consiste en utilizar las emociones inteligentemente. Parafraseando una sentencia de este autor de vanguardia, reside en dominar las corrientes irracionales mediante el uso del orden racional. Algo así como que la parte más sublime del hombre, su inteligencia, debe doblegar con su fuerza racional a esa otra, asociada a la animalidad humana, que es el componente irracional. Y en esto la inteligencia juega la baza de ser usada para que las emociones ayuden y no estorben a conseguir el fin que uno se propone; es decir, un recurso para lograr tus intereses, el recurso más importante.

Las emociones son todavía, en gran medida, un misterio para la ciencia. Desconocemos por que se inician, cual es su naturaleza, como interactúan con el resto de funciones psíquicas y el porqué en cada uno se producen de una forma tan propia y particular. En cambio, su fuerza y su presencia nos presentan una vida inasumible sin ellas, y es tan consustancial a la vivencia misma que se antoja esencial para el hombre tanto como el propio aire que respiramos.

Como fuente, como impulso, como energía y como directriz, las emociones, que son parte esencial del cerebro humano y componente subjetivo participe de la vida, ¿no nos estarán diciendo algo importante?, ¿no estarán transmitiendo unos mensajes sobre nuestra naturaleza que deberíamos escuchar?, ¿no tendrán un sentido en si mismas que nos relaciona con nuestro pasado y nuestro futuro? ¿no estarán siendo guías en la búsqueda de lo que llamamos felicidad? Y lo más que logramos es pasar de su primigenia abolición, y su posterior represión, a la actual dominación y sometimiento por la razón.

Y la importancia de la emoción en el terreno de lo fenomenológico en el que todos nos movemos, estriba en la complejidad poliédrica con la que siempre se manifiesta, desde la cual pueden verse desde ella constantes cambios, modificaciones y dinamismos que obligan a un permanente cuestionamiento de lo que entendemos por realidad.

Si realmente hablar del amor fuera posible, habría que decir que es la realidad humana más irracional que existe, por poderosa, por irremisible e indeleble y por subyugadora. Y si algo es el amor es pura emoción. No hay nada en ella que no sea irracional, y cuando se formula racionalmente de manera directa se la está privando de su esencia para convertirla en algo diferente. ¿Por qué amar? ¿Para qué amar? ¿Qué sentido tiene amar? ¿Qué servicio presta el amor? ¿Qué utilidad se le encuentra? Preguntas a las que es casi imposible contestar, porque es algo tan importante que no sirve para nada, no se pone al servicio de uno mismo, y cuando se la quiere utilizar estás firmando la sentencia que condena tu vida a la insatisfacción.

Entonces, ¿Cómo es que la inteligencia emocional consiste en racionalizar el amor? ¿Cómo hubiera pintado Botticelli a Afrodita o Michelangelo esculpido a David desde la inteligencia emocional? ¿Cómo nos hubiera Nabókov presentado a Lolita? ¿Cómo habría descrito Shakespeare la relación de Romeo y Julieta y su fatal destino?

En esta crisis postmoderna permanentemente fascinada por los juegos elucubrativos de la mente y su endogámico disfrute existencialista, el arte ha olvidado la fuente mitológica como raíz emocional, al considerarla consecuencia de una mente antigua e infantil, precisamente ahora que la ciencia descubre que todos los niños son genios. El arte actual ha dejado de sumergirse en el agua para mostrarnos las esferas aéreas, y no emocionan sus obsesivas espirales horizontales en esa aburrida danza autorreferencial del ingenio y la ocurrencia.

Hace dos milenios y medio Platón estableció el camino a seguir tendiendo puentes entre lo irracional y lo racional, pero ahora una pléyade de pseudopsicólogos postpatriarcales nos quieren hacer ver que al amor hay que dominarlo racionalmente a través de sus expresiones visibles que son las emociones.

Y hoy, en el mundo en el que vivimos, y puesto que todo lo humano es susceptible de disfunción, ¿qué es lo que más necesitaríamos enmendar: la distorsión como consecuencia del error emocional o la disociación como consecuencia del error racional? ¿Qué nos hace más falta gritos o teorías?

¿Inteligencia emocional? Mejor, emocionar a la inteligencia.

9 comentarios

9 Respuestas a “INTELIGENCIA EMOCIONAL”

  1. Micaela Casero dice:

    Inteligencia emocional/emocionar la inteligencia:
    ejemplos de la primera, muchos: solo tenemos que escuchar los discursos políticos de los últimos tiempos, que apelan a las emociones clichés, transformándolas en conceptos mensurables. De la segunda, hay también ejemplos peligrosos, personas que juegan con las palabras y las convierten en impulsos de acciones absurdas, heroicas o sublimes pero siempre ajenas al sujeto, movilizan la masa pero no despegan al individuo de la tierra.

    Uno de los fenómenos más increibles del uso de esa combinación fantástica e inflamable es «la palabra escrita», hermanastra de «la hablada».

    Una experiencia por todos conocida, cuando vivimos una emoción tan fuerte como es el amor, intentamos atraparla en palabras, manifestación palpable de mi ser inteligente, craso error, pero mil veces repetido.

    Recuerdo la voz de muchos poetas que «emocionaron mi inteligencia» al describir mis sentires, a través de los suyos. Hay palabras risa, palabras llanto, palabras vacías y llenas, palabras que adormecen, que exaltan, que te llevan a soñar, que te acunan, que odias … La palabra, el lenguaje escrito, y muchas veces el oral (aunque a éste el viento se lo lleva más fácilmente), es la manifestación de una inteligencia «humana» que puede llegar a convertirse en emoción. Pero, lo que realmente me fascina de este instrumento de la inteligencia, es su incapacidad para reducir, constreñir en límites, castrar, aprisionar la emoción, porque ésta vuela a pesar de la funda donde pretenden meterla.

    No me gusta llamar a alguien inteligente, porque sé que estoy diciendo una mentira, porque creo que la inteligencia, del tipo que sea, se ha visto reducida a elementos racionales, que son patéticos. Se le llama inteligencia a cualquier cosa, incluso a algunas terribles, como el conseguir manipular a las personas, hacer creer en sueños vacios, en soluciones rápidas, en utopías falsas.

    Me gusta mucho cuando alguien expresa a través de cualquier medio, la emoción de creer en algo o en alguien, y su emoción me contagia, provocando llanto, risa, desespero o esperanza, esto ocurre, cuando hay un elemento vital que aparece, acompañando a la palabra, esa persona se cree lo que dice. Pero, hemos de andar con cuidado de nuevo, porque lo que dice puede ser una estupidez supina.

    Volvamos al principio, emoción es la capacidad de sentir; inteligencia es esa capacidad revelada a tí mismo, haciéndote crecer, despegar. Si luego, «la hablas», entonces conseguirás compartirla, si además la escribes, incluso tus nietos podrán llegar a emocionarse al sentirte entre las líneas de aquel diario vital, y seguir creciendo.
    Si esto lo trasladas de la esfera de lo privado a la esfera de lo social, la tierra sería un lugar mucho más «inteligente».

  2. Gema dice:

    Dicen: «el corazón tiene razones que la razón no entiende»;
    Para mí amar tiene que ver con el Dar- dar desinteresadamente, dar sin esperar nada a cambio, qué irracional? ,qué sublime?…Dicen también : sí únicamente piensas en tus problemas, llevas la muerte (espiritual) contigo y aquello que tocas, te rodea,muera también…algo así..
    Creo que la «esencia humana «es en el dar-dar y amar van de la mano…y aquello de lo irracional esté cómo por encima de la razón o aprendizaje circunstancial ….
    Son pareceres de una ciudadana corriente y moliente que al hilo del que Escribe, se le ocurre decir así.
    Amar es Vivir.

  3. Inés dice:

    Ay (forma suspiral): Al traducir la emoción, la emoción se desvanece y no es más emoción.
    ¿Porqué pasa esto? Tan simple como enigmático: Las emociones no se pueden traducir. El lenguaje de la emoción es distinto a cualquier otro tipo de lenguaje. La emoción sólo se siente, no se puede hablar de ella.
    Al hablar de emociones por lo tanto, debo hacerlo “desemocionada”, no es posible describirlas. Se sienten y se intentan traducir porque son un ritmo, un movimiento.- lo único que sí está incluído en la misma palabra-.
    Son por tanto reacciones automáticas e inconscientes que experimentamos todos los seres vivos y que tienen un único objetivo: Dirigir nuestro tránsito vital. Por eso las compartimos con los demás vivos y llevan con nostros desde que somos células. Con todos, los que se mueven y los que “pareciera que vegetan” y esto sólo porque los tiempos y los espacios en los que nos movemos, los seres unicelulares y los organismos complejos, no coinciden en velocidad.
    A pesar de no saber concretar su naturaleza, los humanos, definitivamente, empezamos a conocer su principal función: la de llevarnos a nuestra verdadera naturaleza como seres, es decir, hacer al cerebro consciente de su naturaleza integradora porque sólo a través de las emociones es posible el reconocimiento de la consciencia.
    La emoción es siempre un estado que rompe la homeostasis para generar “homeodinámica”, para revelar a la mente dónde intuimos que daremos el próximo movimiento; Porqué y dónde estamos ubicados y lo más importante de todo: sólo a partir de la emoción es posible predecir, elegir y planificar ( y por tanto dibujar de antemano) el próximo movimiento de nuestros pasos. Si queréis, el futuro.
    Cualquier traducción neuronal de esa emoción en los centros superiores, desde la amígdala hasta el cortex, es ya una respuesta mucho más lenta, que incluye la biosíntesis de neurotransmisores, donde el sistema dopaminérgico pareciera que tiene la mayor responsabilidad –pero no toda-. Es allí donde la “emoción pura” (como tú la llamas, que me encanta) se transforma en una imagen inventada( por adecuación) que incorpora la experiencia previa,- la memoria- y genera un sentimiento, que muchas de las veces nada tiene que ver con la emoción de partida.
    Es por eso por lo que tendríamos que ser conscientes de que son las emociones las que están ahí para conducir nuestra inteligencia hacia la consecución de la felicidad. Esto supone la sabiduría de conocer y analizar cómo podemos evitar el sufrimiento. Cualquier intento por parte del pensamiento social, comunitario o individual en conducir a la emoción primaria (risa, miedo, defensa, duda, amor, desconfianza, temblor, grito, éxtasis) en cualquier tipo de adecuación a unos estándares, modelos, etc, que uno no siente como propios, es forzada e inútil. Genera una represión que nos encierra en un modelo dual de “blancos- o-negros- o cierro-los-ojos”.
    Por eso, Carlos, admiro tu valentía y al mismo tiempo me sorprende que no haya muchas más voces que expresen en alto, lo que esperan de su propia emoción, si la escuchan, si la sienten cuando otros la expresan en su propio lenguaje, la poesía y el arte. Las dos únicas formas puras de comunicarla. Y lo que es más importante, algo que es innato en los niños, porqué no se enseña en la escuela? porqué no se enseña a «entender cómo funciona la emoción» qué es lo que a cada uno deficinitivamente le emociona. Eso, lo que te emociona, debería ser a lo que te dedicaras y si se aumentan las emociones se aumentaría el rendimiento, el disfrute en el trabajo y todo eso se irradiaría hacia el agua de la que estamos hechos y en la que todos deberíamos flotar.
    ¿Y es política la emoción? Claro que lo es, porque emocionarse es sentirse propios y exclusivos, paso previo para converger responsables: como pequeñas partes de un todo que siempre debe ser común por el bien del total, que es el propio bien.

  4. Gema. dice:

    Me echaron la bronca una vez por puntuar….pero lo hago de nuevo, un 10…para lo escrito por encima de mí…como una manera de decir, me encanta cómo se describe- se relata- se dice…lo que el articulista ya escribió..y por una razón, lo entiendo mejor..y da qué pensar y mucho, y no sólo por una- sino por otr@s, porqué estamos en la que estamos?, qué es lo que nos pasa?, hacia dónde queremos ir?, qué necesitamos, qué nos conviene hacer en un momento dado?…el porqué otr@s obran así- asá…
    valoro en puntos cómo una manera de decir…
    me encanta lo escrito por inés…le da alas a mi pensamiento..aunque me emocione lo escrito lo normal..oye lo normal…

    1. Inés dice:

      Gema, aunque ahora intentemos entender los mecanismos por los que viajan las emociones, desde siempre , los que hablan de emociones y a los que mejor entiendo- probablemente tirando cuerdas entre varios puentes, o simplemente escuchando con ese corazón del que hablas ( que tiene sus neuronas) es a los músicos y a los poetas y a los que cantan y bailan su poesía, por eso recuerdo un «pequeño poema chino recogido en el «Shi-Jing»
      que borda ( y traducido no es lo mismo, por el sonido de las palabras..)
      cualquier definición de emoción que haya leído hasta ahora:

      “Las emociones se remueven y adoptan la forma de palabras.
      Si las palabras no bastan, hablamos en suspiros.
      Si los suspiros no bastan, las cantamos.
      Si el canto no basta, inconscientemente
      bailan nuestras manos y marcan el compás nuestros pies”.

      ( ShiJin -Libro de las canciones, poesías o de las Odas, Recopilaciones en los periodos de Primavera y Otoño, allá por los años 700-400 A.C recogidos durante la época Zhou)
      Y es tanta pena que los chinos estén perdiendo el aprendizaje de su escritura y con ello una gran parte de su sabiduría, sus plantas, su «alma»?)
      ( ahora reconocerás que no es ningún merito, espero. Si te vale, perfecto)

  5. Una Mujer dice:

    Hola
    ¿Me podéis decir si este test sirve para algo?
    http://cosasdemujer.com/inteligencia-emocional-modelo-de-test/
    Muchas gracias

  6. Gema. dice:

    Hola Inés, llego algo tarde..pero llego…
    «las manos»…cuantísimas emociones que se pueden transmitir con las manos..muchísimas..manos que acarician, manos que tocan…instrumentos musicales..p.e., manos-brazos que abrazan juntando corazones…etc…

    A veces leo por las redes frases-fragmentos que me llaman la atención y hace poco leí esto y complementando ese pequeño fragmento chino, se le pudiera aderezar con este otro fragmento sacado de textos de la Sabiduría ancestral «cherokee», dice así:

    **Los presagios señalan que el Gran Misterio nos ofrece una pista;
    si prestamos atención podemos contar con nuestro golpe
    glorioso de avance;

    Si dejamos de lado nuestros sentimientos, sabiendo que vienen
    de dentro, no seguiremos esta sabiduría; Hay una magia profunda
    dentro de nosotros, y eso viene de un Corazón Abierto;

    Si captamos el mensaje, y si lo hacemos nosotros mismos,
    las puertas del misterio se abren y dan la bienvenida a cada buscador
    de Su Hogar.

    Si no estamos emocionalmente sanos, y ya es difícil en la sociedad en la que estamos,
    tendremos una mala vida, o una vida mediocre..

    Bailar, sería como volar sin tocar el suelo con los pies..y emocionalmente lo más!!,
    jamás volaremos hacia donde realmente queremos, si lo único que nos mueve en cada acción, son los temores o el miedo.

    Hasta otra Inés.

  7. Sara dice:

    Buenas tardes. Interesante artículo acerca del funcionamiento humano que pareciera anclado en el binomio razón-emociones, aunque no estoy deacuerdo en la confrontación planteada. Creo desde luego que la razón, la mayoría de las veces, nos mantiene secuestrados pero también creo que las emociones son sus aliadas; incluso cuando entre ellos dos se plantea una contradicción, que en realidad no es tal. Cuando rebajamos lo suficiente la actividad racional y dejamos que gobiernen las emociones, podemos comprobar cómo funcionan atendiendo desde luego a sus intereses…….. frustración, como poco si no se ven cumplidos nuestros deseos, envidia si otros los obtienen, defensa a ultranza de nuestros derechos….. en fin «emociones tiranas», tanto que la mayoría del tiempo ni somos conscientes de que estamos funcionando a su servicio. Además no creo que estén realmente separadas de la razón, más bien encuentro que forman un dúo ni contigo ni sin ti, que asegura la inmutabilidad de una y otras….. me recuerdan al pp y al psoe, siempre repartiéndose el cotarro…… Menos mal que existe, aunque no lo podamos percibir ni con la razón ni con las emociones, ese otro tercer no sé qué, algunos le llaman inconsciente, no sé ni creo pueda saber mediante los 5 sentidos, que parece nos acerque un poco más a la libertad…

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