Artículos del autor | Bárbara Alpuente

SÉ TÚ MISMA

2 octubre, 2013 /Bárbara Alpuente

He estado leyendo bastantes revistas femeninas últimamente para aprender a ser yo misma, porque por lo visto esto es muy importante y existen hordas de especialistas que saben cómo conseguirlo. Es curioso, pero para ser una misma hay que gastar mucho dinero, quién lo habría dicho. Y la conclusión que extraigo de los reportajes de […]

LIBERTAD

25 agosto, 2013 /Bárbara Alpuente
«El peligro del pasado fue que hizo esclavos a los hombres. El peligro del futuro es que lleguen a ser robots» (Fromm) “Libertad” es la palabra más vapuleada del diccionario. Y no debe de ser casual que los líderes políticos la utilicen recurrentemente para convencer a la sociedad de que ya la hemos alcanzado. Resulta sospechoso que se insista en lo libres que somos, descartando así cualquier posible intento de ampliar esa hipotética libertad y neutralizando el impulso de descubrir, al menos, en qué consiste. Nos hemos acostumbrado a ese mensaje condescendiente que parece decir: “no sois esclavos, ¿qué más…

EL FRACASO

7 agosto, 2013 /Bárbara Alpuente
De pequeña, si comía con más niños y había patatas fritas, en vez de comérmelas con placer, me las reservaba para el final. Quería tener mis patatas intactas para cuando los demás ya se hubieran comido las suyas. Buscaba el poder, el clásico “poder de las patatas”. Buscaba conservar lo mejor hasta el último momento, y cuando me disponía a comérmelas, mis patatas ya estaban frías y arrugadas. Pero yo era pequeña y estaba en plena fase de supervivencia; una etapa lógica de la infancia. El problema llega cuando nos hacemos mayores y seguimos dejando las patatas para el…

CULPABLE

21 julio, 2013 /Bárbara Alpuente
¿Cuánto tiempo podemos aguantar sin emitir un juicio? ¿Y cuánto sin posicionarnos? ¿Cuánto tiempo puede pasar una persona sin saber qué opina? Hay pocas cosas que nos generen más desasosiego que no saber. Por eso emitimos juicios pasando por encima de este insignificante detalle que es el conocimiento, pero al dictar nuestra sentencia ya nos creemos que sabemos algo. “Al menos sé que estoy en contra, y esto me deja mucho más tranquila”. Es como si carecer de opinión, de alguna manera, estuviera debilitando nuestra identidad, y ESO SÍ QUE NO. ¿Cuánto tiempo disfrutó Bretón de la presunción de inocencia frente a…

AMÉN

30 junio, 2013 /Bárbara Alpuente
Tenía seis años cuando una niña me obligó a arrodillarme delante de toda la clase y a pedirle perdón a Dios por algo, por lo visto, muy grave: pegar un chicle en el pupitre. No sé si Dios llegó a perdonarme porque perdimos el contacto durante un tiempo, pero imagino que tendría cosas más graves que juzgar. La tía había impuesto este castigo cada vez que alguien cometía una infracción y nos tenía sometidos a todos. ¿Por qué? Porque ella sola había decidido que tenía el poder y nosotros nos lo habíamos creído. Y en la clase respirábamos con resignación,…

POLICÍAS

5 junio, 2013 /Bárbara Alpuente
Realizo el siguiente experimento para escribir este artículo porque soy súper profesional: Me desplazo hasta una estación de tren y, una vez dentro, me sitúo en una zona apartada de asientos vacíos. Estoy completamente sola y aprovecho para sacar un cigarrillo electrónico. Al cabo de unos segundos, observo cómo una señora se toma la molestia de atravesar toda la sala para reprenderme. Me dice que está prohibido fumar en los espacios públicos (porque ya hablamos en estos términos) y le contesto que, precisamente por eso, mi cigarrillo es ELECTRÓNICO. Ella, visiblemente decepcionada, se aleja con gesto de perdonarme la vida….
Si la vida formara parte de un argumento de Aldous Huxley, nuestros movimientos estarían programados por una élite erigida para controlarnos a través de un ordenador central. La población no podría gobernarse a sí misma porque sus instintos inconscientes son violentos y egoístas, así que éstos deben permanecer ocultos e incluso desaparecer para adaptarse al sistema. El sistema está pensado para proteger a la población de sí misma. ¿Y quién nos protege a nosotros del sistema? Nuestra capacidad de discernir, nuestra inquietud política y social y nuestra formación. Pero si esto fuera una novela de ciencia ficción, existiría una estrategia mediática…
Atención, pregunta: ¿Devolveríamos un billete de 50 euros encontrado en la calle? Ante esta pregunta casi todos respondemos que sí, dando por hecho que tienes localizado al dueño del billete y, por lo tanto, puedes devolvérselo. Pero, ¿y si no sabes quién ha perdido el billete? ¿Qué harías entonces? Probablemente quedártelo con el argumento de que si no lo coges tú lo hará otro. Un otro abstracto, sin rostro y sin nombre. Pero ¿y si el otro tuviera identidad? ¿Y si supiéramos que el que viene detrás necesita ese dinero más que nosotros? Quiero pensar que muchos pasarían de largo, confiando…

EL CHISTE

27 febrero, 2013 /Bárbara Alpuente
Un amigo me envía el siguiente chiste por correo: Pitágoras no paraba mucho en su casa, y Enusa, su esposa, aprovechaba tal
 situación para copular con 4 campesinos analfabetos que cuidaban sus
  tierras. Un día que Pitágoras volvió temprano a casa, los sorprendió, y matando a 
los cinco de un solo viaje, decidió enterrarlos en el jardín. En consideración a su esposa dividió el terreno por la mitad y en un lado 
la enterró a ella.
 El otro lado lo dividió en cuatro partes y enterró a cada uno en un 
cuadrado igual; de esa forma los cuatro ocuparon un espacio idéntico…
Ver a un anciano cruzando la calle cuando el semáforo anuncia que su tregua finaliza, es una metáfora del mundo en que vivimos. Los coches comienzan a avanzar cuando el anciano todavía no ha llegado a la otra orilla. Algunos tocan el claxon segundos después de que el semáforo pase a verde y el hombre debe mantener la calma arriesgándose a que la impaciencia urbana lo arrolle en cualquier momento. Un ser humano solo, acechado por otros muchos seres humanos, que tienen como principal objetivo continuar su rumbo sin que nadie se interponga. Esta es la sociedad que…
Me contaba mi madre que en los años setenta asistió a algunas tertulias literarias en emblemáticos cafés de Madrid. Su entusiasmo inicial se iba desvaneciendo a medida que comprobaba que los contertulios, supuestamente intelectuales, opinaban sobre libros de los que solo habían leído la contraportada. Tiene su gracia si imaginas a jóvenes disfrazados de escritores, fumando en pipa alrededor de una mesa de mármol, junto a grandes ventanales, emulando torpemente a los protagonistas del siglo de oro en España. Tiene menos gracia cuando compruebo que la situación se repite ahora en cualquier esquina con los temas de actualidad, pero…

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