Los hemos llamado derechos cuando en su vertiente individual en realidad son deseos. Los hemos cubierto de un barniz de legalidad, y lo que en realidad esconden son el ánimo de satisfacción. Los hemos colocado en el centro de nuestras vidas y nuestros discursos, y lo que hemos logrado con ello es simplemente que sean la tarjeta de presentación de los anhelos personales y de la forma de posicionarme en relación con el mundo en el que vivo. Esto multiplicado por “n” es un colectivo que pide y desea mucho, sin que se sepa que hace…
Reconocer a la familia el papel que juega en nuestra sociedad, es una de esas obviedades que sonrojan solo de plantearlo. Los cambios que se van produciendo en ella son también reflejo de los derroteros por los que transcurre nuestro colectivo social. Lo familiar no solo está circunscrito al hecho de su existencia, o a su presencia en nuestras vidas, sino que además puede incluir aspectos como su valoración social e individual, su peso en las decisiones que se toman, la forma de tener a la familia en cuenta en los proyectos vitales, o el carácter que adquieren los ritos…
Como la tendencia que se ha instalado es la de pedir al Estado, a la administración y a los poderes públicos, y que no falte, hemos aprendido la lección y hemos ampliado la cuestión a todos los ámbitos posibles de las actividades que realizamos. El estilo “derechos humanos” ha calado con mucha fuerza en nuestro tejido social y en la manera en que las mentes occidentales organizan su realidad. Y este estilo, que es una exposición de los valores que se conjugan en nuestra sociedad, es también el modo de contemplar el hecho de vivir en una sociedad avanzada. Lo que más…
Cuenta la historia, según el legado de Plutarco, que la mujer de Julio César fue reprobada por su marido, por las habladurías que aseguraban que un joven patricio romano, que estaba profundamente enamorado de ella, intentó seducirla en la fiesta sagrada anual con la que se conmemoraba la bondad de la Diosa, haciéndose pasar por uno de los músicos (saliens de lidio) que amenizaban las ofrendas. Aunque nunca se pudo probar que la mujer hubiera cometido falta alguna, ni que hubiera dado pie a semejantes aspiraciones del fogoso patricio, a Don Julio no le gustó ni una pizca este…
LA RESPIRACIÓN AGÓNICA Y SUBJETIVA A LA SOMBRA DE LA CAMPANA DE GAUSS

Cuando los jóvenes europeos y americanos se rebelaban el siglo pasado contra las decisiones que sobre sus vidas tomaban sus mayores, surgió un discurso cuyo mensaje central era “Déjale hacer lo que él quiera”. Esta forma de oposición consiguió que aspectos esenciales en todo proyecto de vida, como con quién te casas o qué profesión […]

Cuando se trabaja en psiquiatría llama poderosamente la atención las enormes dificultades que tienen los enfermos para aceptar su propia enfermedad. Lo que resulta obvio, evidente y palmario para los demás en cuanto a las anomalías de su comportamiento, su pensamiento y el funcionamiento de sus sentidos, para ellos es lo más normal del mundo. Incluso el enorme sufrimiento que arrastran en su interior, o las gravísimas dificultades para adaptarse a un mundo que no entienden, son tomadas como «normalidad», como hábito o como circunstancias. De hecho uno de los índices más comunes y usados para calibrar el estado terapéutico…
Hay que entenderlo, la tolerancia a la frustración es esencial para la adaptación al mundo en que vivimos. Una correcta, adecuada y bien instaurada tolerancia a los reveses y desengaños favorece, sin duda, llevar los sin sabores de este mundo con buen talante y mejor resignación. Evita crearse expectativas desmesuradas, facilita un saludable principio de realidad, te previene de los deterioros derivados de los fracasos y te ajusta a lo viable o, como mucho, a lo posible. Suele entenderse la insolencia del infante como consecuencia de dificultades en tolerar la frustración, así como los comportamientos asociados, tales como…
De pequeña, si comía con más niños y había patatas fritas, en vez de comérmelas con placer, me las reservaba para el final. Quería tener mis patatas intactas para cuando los demás ya se hubieran comido las suyas. Buscaba el poder, el clásico “poder de las patatas”. Buscaba conservar lo mejor hasta el último momento, y cuando me disponía a comérmelas, mis patatas ya estaban frías y arrugadas. Pero yo era pequeña y estaba en plena fase de supervivencia; una etapa lógica de la infancia. El problema llega cuando nos hacemos mayores y seguimos dejando las patatas para el…